Cuando desde Imagina nos encontramos en la actualidad con continuos casos de violencia en el colectivo de mujeres trans y las desigualdades y limitaciones que continua acarreando en cuanto a términos legales se refiere la violencia, no dejamos de ver una realidad que deja mucho que desear… Una realidad que se resume en transfobia social e institucional en la que podemos observar la punta de un iceberg que esconde un gran agujero negro.

Este artículo surge como una necesidad de dar visibilidad a una realidad latente, que una vez más y por desgracia, continúa sufriendo este colectivo.

Actualmente, cuando  una mujer sufre violencia de género, con todo lo que conlleva dar el paso de poner la denuncia y la situación de vulnerabilidad ante la que cualquier persona de por sí se encuentra ante una situación de estas características ya es considerable. Pero ¿Qué pasa si hablamos de una mujer trans? En el caso de una mujer trans, lleva añadido un desafío  superior, una carga que unida a que está sufriendo el  impacto emocional del  hecho en sí, tenga que estar sometida, «estar viendo por dónde la cogen» y ver si el juez o la jueza entiende que es un caso de violencia en pareja…

Por lo que podemos observar grandes limitaciones y dificultades que vamos a valorar:

En primer lugar, las vivencias trans son tan dispares como las personas que las viven: algunas personas sienten que habitan en un cuerpo que no les corresponde. Otras, sin embargo, no describen esa disociación, sino una evolución en su identidad, por lo que resulta más que evidente y es una cuestión de Derechos Humanos, que ante una situación de violencia no es justificable que se cuestione la identidad de género de la víctima, y mucho menos que se valore como requisito indispensable para su refutación, el hecho de  encontrarse en un proceso de transición y rectificación registral. ¡Esto es grave!

No podemos olvidar que cada persona es libre y tiene pleno derecho a entender su identidad de género desde el momento de su nacimiento. No es la única manera, pero en el hipotético caso de que así fuera, es la única válida, por lo que esto denota una vez más la falta de respeto y discriminación hacia el colectivo trans.

La disyuntiva de que si no se encuentra en el registro civil como mujer o si no se le ha diagnosticado previamente Disforia de Género por parte de un psicólogo, con la gran dificultad añadida, que por otro lado y dando lugar a otro debate en torno al diagnóstico resulta tan complicado como real. Por lo que entendemos que no es justo que no se les permita ejercer su derecho, tal y como marca la ONU de presentar una denuncia de violencia de género.

Y llegados a este punto podemos ver que de forma implícita e inherente nos encontramos ante la gran problemática que venimos arrastrando desde el modelo científico desarrollado en Occidente en relación a la sexualidad, el cuerpo y el género, nos referimos a la patologización, que consideramos por todo lo previamente mencionado, continua teniendo un impacto negativo en la diversidad sexual y de género de muchas culturas.

Desde Imagina consideramos que reivindicar la despatologización de la transexualidad es reivindicar un cambio de paradigma, en el que la transexualidad no sea una patología, ni tampoco un problema, sino una serie de variables vitales posibles, heterogéneas, cambiantes y fluidas. En las que los profesionales de la salud debemos estar implicados como una figura necesaria, pare realizar un acompañamiento eficaz y eficiente, no tanto en la evaluación de género de las personas trans, sino de apoyo y acompañamiento en las decisiones que quieran tomar con la finalidad de apostar por un proyecto  que busca reducir el impacto de la cultura y las presiones de género en la construcción del propio cuerpo y de la propia identidad.

Finalmente consideramos que tal y como señala Judith Butler (2010), para iniciar este cambio de paradigma es imprescindible el rol activo de los profesionales de la salud, su implicación y su propia transformación, además de crear alternativas, generar puentes y trabajar por un mundo en el que los límites entre lo masculino y lo femenino sean más flexibles, más moldeables, más habitables; promover referentes positivos en la cuestión trans en los que las personas no sean victimas sino que se hayan empoderado de su identidad.

Paula Saiz, psicóloga de Imagina MÁS