Desde el año 2003 se ha reconocido el 17 de diciembre como el día para la eliminación de la violencia contra las trabajadoras sexuales, donde también se incluirían los trabajadores sexuales o las personas que ejercen prostitución en general. Las organizaciones y movimientos pro derechos junto con, por supuesto, las trabajadoras sexuales han promovido el reconocimiento de este día para señalar la violencia específica a la que se enfrentan. Una fecha que se inició como un día conmemorativo en memoria de las víctimas, pero que se transformó para también dar voz a las violencias a las que se enfrentan no sólo por parte de clientes, que es de lo que comúnmente se habla, sino también a la violencia social, cultural e institucional que se ejerce por el hecho de ser trabajadoras del sexo.

La especificidad de esta violencia no se manifiesta de una manera específica y al igual que todas las violencias, se manifiesta de múltiples maneras. Se señalan, entre otras violencias el no acceso a los derechos laborales fundamentales que existen a día de hoy en muchos países o la discriminación y la estigmatización, es decir, la putofobia por el hecho de ejercer prostitución. Se podrían enumerar muchas más violencias como por ejemplo el racismo o la xenofobia, ya que, la situación administrativa irregular es una realidad en la prostitución e incluso especificar en mayor medida otras violencias como la prohibición al derecho a tener un sindicato. Sin embargo, además de las múltiples violencias ya señaladas, se enfatizan tres puntos muy básicos, si bien, no los únicos, que promueven el desarrollo de los procesos estigmatizantes.

En primer lugar, y quizá el más repetido, el considerar que la prostitución es trata. En este punto, para empezar, se da por hecho que las personas que ejercen prostitución tienen 0 capacidad de decisión que ya hablaré más adelante sobre esto, pero, además, esta generalización afecta a las verdaderas víctimas de trata ya que se diluyen las especificidades de la explotación sexual dentro del amplio y diverso mundo del trabajo sexual.

En segundo lugar, y muy unido al anterior, es considerar también que toda la prostitución, en el caso de las mujeres, es violencia de género. Al igual que con la trata, esta afirmación tan generalista puede llevar a que las verdaderas situaciones que vivan de violencia de género por parte de parejas, clientes etc. se vuelvan a diluir porque total ya se encuentran en “un contexto de prostitución” que ya es violencia de género.

El tercero, son los términos de “mujeres prostituidas” o en “contexto de prostitución”, esto es incompatible con el mensaje de empoderamiento que lleva promoviéndose con mucha fuerza los últimos años. Se sitúa a las personas que ejercen prostitución como personas sin capacidad de tomar decisiones e incluso sin capacidad de poder responsabilizarse de las decisiones que toman porque están en un contexto donde son sujetos pasivos. Obviamente, no todas las personas tenemos los mismos márgenes de decisión, pero es diferente hablar de tener menos márgenes a considerar una nula capacidad en personas adultas. Así, se señala desde fuera qué está bien y qué está mal marcando el camino de, por ejemplo, cómo tenemos que ser las mujeres y si no lo cumplimos, podemos ser aliadas del patriarcado o unas “pobres” mujeres que no podemos decidir por nosotras mismas y sin ningún tipo de voluntad. Para estos últimos casos, como no existe la capacidad de tomar decisiones, entonces tienen que ir a salvarlas reproduciendo otra vez el cuento de la princesa Disney con el beso del príncipe.

Desde muchos sectores se ha olvidado, se ha estigmatizado y  se ha discriminado totalmente a les trabajadores sexuales, pero justo desde un movimiento como el feminismo que ahora tiene más voz que nunca y que podría estar luchando, colectivamente, para la eliminación de estas violencias, se encuentra dividido, con posturas excluyentes entre sí y posiblemente posturas identitarias a raíz de las cuales se desarrolla el discurso y no viceversa, es decir, a raíz del discurso acercarte a una postura, al final parece que la teoría se ha comido a las personas. Ya se verá a largo plazo qué sucede, pero desde luego que a corto plazo hay personas y, muchas de ellas mujeres, sin derechos y reestigmatizadas porque se les vuelve a ver como “pobres mujeres”.  Al final, el debate se centra en el abandono de la prostitución, pero desde el trabajo sexual y desde diferentes movimientos sociales, se promueve el favorecer el acceso a sus derechos, lo que por cierto ampliaría sus márgenes de decisión, el conocimiento de la realidad del trabajo sexual, y también, aún más en un día como hoy, la identificación y la eliminación de la violencia contra las personas trabajadoras sexuales que se manifiesta de múltiples formas sobre la base del estigma de puta.

Miren Zuazua, psicóloga