Estamos bombardeados/as de imposiciones, tallas, medidas, proporciones, que nos indican si »encajamos» en los parámetros de belleza de la sociedad o no; y curiosamente, cuando se trata de los demás, nos quejamos, actuamos, decimos basta, y pedimos respeto y aceptación sobre el cuerpo del otro.

Pero, y en la intimidad de nuestros pensamientos, ¿qué hacemos con nosotros/as? ¿Qué decimos sobre nuestro cuerpo?. Seamos realistas, el silencio y espejo no suelen ser un cóctel perfecto para subir la autoestima.

Ante los demás nos gusta decir que nos aceptamos, que sí, que cambiaríamos alguna »cosilla» pero que nos respetamos, que somos libres y pasamos de los estereotipos marcados por nuestro entorno, ¿pero cuánto de eso es verdad?

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Somos mucho más exigentes con nosotros/as mismo/as que con los demás, porque nadie nos oye, porque es políticamente correcto admirar a una persona sin complejos, y decir que hace lo que siente y quiere, y aunque tu con su cuerpo jamás harás o jamás te pondrías eso, el o ella que estupendo/a va, porque son libres y fuertes y no aceptan los cánones de belleza. Pero claro, eso es para los demás.

A ti lo que te toca es la autocrítica limitadora. Ellos si pueden, pero tú, con esa nariz, con ese culo o con esa estatura, ¿a donde vas?, eso siempre sólo frente al espejo de tu casa o el agobiante diminuto y asfixiante probador o en cualquier reflejo que puedas mirarte por la calle en la soledad de tus pensamientos críticos.

¿Sabes qué estas pasando por alto?

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  • Olvidas que tu verdadero valor es integral. Eres más que unos pies »muy grandes». Eres un conjunto de emociones, acciones, sentimientos, pensamientos y sí, también de carne, pero no es la carne la que marcará tu huella en el mundo.
  • Olvidas también que la belleza tiene que ver con patrones aprendidos y con el entorno en el que te desarrollas en un tiempo , espacio y cultura determinados. Por eso, la belleza de aquí carece de sentido en la otra punta del planeta.
  • Olvidas que los caracteres físicos que tienes al nacer y que te acompañaran durante el resto de tu vida, evolucionando y transformándose, tienen que ver con tu misión.
  • Los ojos grandes o pequeños, los labios gruesos o finos, alto/a o bajo/a, la complexión gruesa o fina,  el color de la piel, la voz, absolutamente todo lo que eres tiene un propósito único. Porque eres único/a y olvidas disfrutar de ello cada día.
  • Olvidas que la perfección es relativa, no es absoluta y sobre todo es muy aburrida cuando hablamos de nosotros/as mismos/as. La ausencia total de defectos es correcta para un trabajo, para un examen, etc., pero no para vivir una vida plena.

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Además de la suma de nuestros aciertos y virtudes, somos nuestros errores y defectos, que funcionan como puntos de aprendizaje y evolución. En muchas ocasiones lo que supuestamente no nos gusta de nosotros/as, nos ha hecho crecer y ser más fuertes.

Por eso, no olvides nunca que tu cuerpo es el único que tienes y tendrás para sentir que estás vivo/a; para oler la flor que más que gusta, que tu boca en la única que tiene para saborear tu comida preferida, que tus piernas son las únicas que te llevarán a donde quieras ir, que tus caderas son las únicas que tienes para bailar esa canción que te vuelve loco/a, que tus manos son las únicas que tienes para acariciar a las personas que quieres.

Búscale a cada parte de tu cuerpo un sentido para quererlo y respetarlo.

Por Bárbara Maineri Educadora