Llevo varias semanas lanzando al universo una serie de cuestionamientos que me hago sobre la cada vez más extendida costumbre de incluir el seroestatus (sobre todo negativo) en el perfil de Grindr, junto a la fecha del último análisis que lo corrobora.

He llegado a la conclusión de que, aunque tengo bastante claro por qué yo no sigo esa costumbre y creo entender las razones que llevan a otros a hacerlo, las preguntas al respecto no dejan de salirme por las orejas.

Así que voy a dejar aquí todavía unos cuantos interrogantes más… sin respuesta. Te animo a que tú mismo pruebes a contestarlos, aunque sea intuitivamente:

¿Quiero acostarme solo con positivos como yo, solo con negativos como yo, con positivos que juren por lo más sagrado que son indetectables, con negativos que tengan todavía en las encías el rastro de su prueba OralQuick, con quien sea que me asegure que su estatus serológico no me infectará ni reinfectará?

Cuanto más profundizo en el tema se me hace más patente que tengo más preguntas que certezas en cuanto a este asunto. A veces pienso que todas mis preguntas son, en realidad, la misma.

De hecho, creo que, si uno quiere hacer consigo mismo una reflexión madura sobre su vida sexual, la pregunta de fondo es: ¿qué estatus serológico ajeno es compatible conmigo o, mejor dicho, con mi salud, con mis miedos y mis prejuicios?

Cuando omito el dato en mi perfil de Grindr quizá hay una parte de mí a la que le da miedo mirarse en el espejo y ver a alguien que clasifica a sus candidatos a polvo en función de si son negativos o positivos. ¿Soy de esas personas que solo se acuesta con quien le jura no ser un peligro para su sistema inmune? Algunos seropositivos prefieren acostarse solo con otros seropositivos, ¿soy yo uno de ellos?

Toda mi vida sexual ha tenido lugar sin hacer esta criba blandiendo el dato en la mano, es decir, sin incluir entre mis estrategias de prevención del VIH la información sobre su estatus serológico que me da un desconocido. Por eso me incomoda la idea de empezar a hacerlo ahora y contribuir así a esa compartimentación de la gente con la que flirteo o tengo algo más que un flirteo.

Quizá soy muy inmaduro, lo admito, pero prefiero decirme a mí mismo que prefiero no saber, porque la realidad me dice que no me hace falta saberlo. También prefiero tener claro que informar en el perfil de Grindr sobre seroestatus y último análisis no es una estrategia seria para prevenir esta infección y es irresponsable considerarla como tal.

Por otro lado, aunque llevo varias páginas poniendo a parir el hecho de contestar en Grindr a la casilla de estatus serológico y último análisis, creo que hay una gran diferencia entre hacerlo diciendo que eres negativo y hacerlo diciendo que eres positivo. Casi no los he visto, pero alguno he encontrado dando su cara: estatus serológico, positivo. Zas. Creo que estas personas lo hacen por dos motivos: uno, para llamar la atención de otros positivos y tener sexo entre sí sin necesidad de aguantar preguntas inútiles ni brotes inesperados de terror. Dos, por militancia, por provocación, por experimento, para ver qué pasa, para probar las reacciones de la gente, ver quién les escribe/contesta y quién no, y con qué tono lo hacen. O porque les da la gana, sin más.

Todas estas opciones me parecen ejercicios muy sanos, incluso interesantes. Sin embargo, creo que los hombres que contestan a la casilla diciéndole al mundo que son negativos y que lo acaban de comprobar –sin que el mundo les haya preguntado al respecto- lo hacen para darle al dóberman de su miedo una galletita con la que entretenerse mientras ellos echan un polvo. Y por llamar la atención de otros negativos diciéndoles que el sexo con ellos es más recomendable que con los que se callan el seroestatus o lo tienen positivo.

Así que sí, quizá soy muy inmaduro, quizá no soy tan militante o quizá no llevo encima esas galletas para entretener a mis monstruos por un ratito. Quizá prefiero no saber lo que por el momento no tengo por qué saber antes que mirarme al espejo y ver a alguien que, al poner en Grindr que es positivo, está haciendo un heroico acto de autoafirmación o bien convocando a su cama solo a cierto grupo de personas. Tampoco me gusta ver en el espejo a un seronegativo que está diciéndole a los demás: soy mejor mercancía que el que no lo pone o que el que pone que es positivo, yo todavía me he salvado, sálvate tú conmigo aunque sea solo durante este trozo de vida.

Rafael San Román, psicólogo de Imagina MÁS