Categories: ASS

by Miguel Caballero

Share

Categories: ASS

by Miguel Caballero

Share

El gran Enrique Toribio nos invitió a participar en esta hermosa sesión de fotos. El resultado tan bello es consecuencia de la delicadeza y amor con que nos trató. Aquí su web: http://www.etoribio.com

(Bajo el título “Treatment as Punishment”, presenté una versión en inglés de este ensayo en la conferencia de la Asociación Psicoanalítica Estadounidense que se celebró en Austin, Texas, en junio de 2017. Se trata de un foro de psiquiatras, psicólogos y trabajadores sociales con interés en el psicoanálisis, en las relaciones médico-paciente, y en asuntos de ética en la medicina.)

— Me encanta el aceite de oliva del sur de España —contaba el médico mientras me hurgaba en el ano—. Siempre que viajo por Europa se lo digo a mi mujer, “Lisa, deberíamos bajar a Sevilla a comprar aceite de oliva”.

Los estadounidenses detestan el silencio incluso cuando no te están mirando a la cara, sino al culo. Yo le ayudaba a rellenarlo cómplicemente (el silencio, no el culo), y asentía con supuesta autocomplacencia, “yes, it’s wonderful, we have great olive oil”, como una máquina expendedora de palabras sin procesar, porque en realidad mi mente no estaba para pensar en olivos, sino en lo que el señor de bata blanca me estaba haciendo en las entrañas.

Él seguía con su historia, y yo concentraba la presión en los codos hincados sobre una camilla con las esquinas gastadas y reparadas con cinta adhesiva, el cuerpo a cuatro patas y desnudo de cintura para abajo, las nalgas abiertas de par en par a la altura de los ojos del médico. Él, sentado en un sillín mientras me exploraba. Yo, mirando al horizonte de aquella desangelada consulta, escudriñando cada uno de los pocos objetos que la amueblaban. Cajas de guantes powder free. Bote de desechos con el símbolo de biodegradable. Una espantosa cortina verde de estampados noventeros. La papelera. El ventilador. Un tensiómetro colgado en la pared a la altura de mi oreja.

— Me encanta el aceite de oliva del sur de España —y proseguía detallándome sus visitas a Granada y Córdoba— There’s great food and there’s so much history down there.

Hasta que el tono de su voz cambió abruptamente, volviéndose turbio. De repente, los olivos, las mezquitas y las siestas de verano desaparecieron como detrás de un nubarrón. “Mmm, muy probablemente tienes el papiloma malo, el que produce cáncer”.

Era la primera vez que veía a este médico. Hacía apenas unos meses que yo había recibido un diagnóstico de VIH que aún no entendía ni asimilaba, y todo parecía indicar que ahora me enfrentaría a un nuevo diagnóstico, el de un virus que conocía aún menos que el VIH, y el de un potencial cáncer de ano. La segunda parte de la pesadilla estaba por empezar. El nubarrón comenzó a descargar los primeros truenos.

— Es que no lo puedo entender. Estoy muy decepcionado, estoy tan decepcionado con la comunidad gay y la forma en la que tenéis sexo. Por eso ocurren estas cosas. Es siempre lo mismo.

Sin entender muy bien por qué, yo me acababa de convertir en algo así como el epítome de una extraña entidad que él llamaba “la comunidad gay”. (Imaginen que yo hago lo propio: Oigan, Trump es heterosexual. Me tienen muy decepcionados ustedes los heterosexuales, siempre tan narcisistas y mentirosos). Él ya había apartado su mirada de mí y yo había comenzado a vestirme. Los truenos rompieron en un chaparrón que no vi venir, y así fue como recibí el sermón más cruel que me hayan dedicado en la vida.

— Yo no sé en que estáis pensando, no entiendo por qué me siguen llegando casos así. You need to be responsable. You need to take responsability of yourself. Para acabar con esta epidemia tiene que haber un compromiso de todos, porque todos son responsables de esto. Orgías, tríos, drogas… people lose their minds and do not practice safe sex. This needs to stop. This needs to stop now, otherwise this is going to be a mess.

Él no sabía nada de mí. Supongo que sentía que no necesitaba preguntarlo, que el test ya le había revelado por qué yo me encontraba en esa situación. No sabía si tenía o no pareja, ni si practicaba o no sexo en grupo, ni si usaba o no preservativo. Cuando el test habla, la persona calla. No hay nada que decir, pues los resultados parecen decirlo todo. Supongo que el hecho de ser seropositivo le hacía creer que ya me conocía. Yo, a golpe de consulta, también había aprendido que no valía de nada contradecirle, porque, a la vista de un médico, un diagnóstico seropositivo supone la pérdida de credibilidad del diagnosticado.

 

* * * * *

C. fue el primer hombre en clavar su rabo en mi ano. Bueno, no sé ni si decir hombre, creo que aún no habíamos cumplido los 18. No era mi primera vez, ya que follaba copiosamente desde los catorce, aunque sin penetración. Mi ano marica fue lanzado al mundo sin referencias. Había recibido poca educación sexual general, nula educación sexual específica para gays. También el porno escaseaba. Era una época —la del cambio de milenio— en la que, al menos donde yo vivía, para acceder al porno online había que ir a un cibercafé, y no estaba bonito tener anos dilatados en la pantalla del ordenador delante de otros adolescentes del pueblo que se agolpaban en el local para jugar a juegos en línea o chatear con novias virtuales.

Esta falta de información provocó un retraso en la capacidad de acomodamiento de pollas ajenas en mis entrañas. Ok, miento. La verdad es que no fui solo una víctima de las machistas circunstancias. También ocurrió que las pollas que conocí entre los 14 y los 17 eran del tamaño de un trabuco, yo era muy chico para comprar lubricante en la farmacia del pueblo, y muy dado a apretar el esfínter ante cualquier roce insinuador en mis nalgas

C. fue el primero, tras cinco meses de relación. Follamos la noche antes de que él pusiera fin a lo nuestro. Me penetró amargamente, en el último polvo que echamos, medio borrachos, unas horas antes de que me dejara por otro. Supongo que el alcohol me relajó el esfínter. Supongo que su plan de dejarme le hizo lanzarse a la desesperada. Lo cierto es que, en realidad, no me dejaba por otro, sino por el mismo de siempre. De hecho, el otro había sido yo. C. se despidió follándome borracho para volver con el novio que nunca había dejado, y con el que había compatibilizado relación conmigo.

Ya ven, no recibimos ninguna educación sexual ni sentimental específica para maricas, y aun así nos las arreglamos para montarnos tremendos dramas clandestinos nosotros solitos, bajo la mirada sospechosa de todo el pueblo, y antes de cumplir la mayoría de edad.

C. abrió una etapa en mi vida sexual —la de pasivo—y cerró otra en mi vida sentimental —fue el primer hombre al que llamé “novio”, aunque la mayor parte de nuestros encuentros fueran furtivos.

Todo esto tuvo lugar en la provincia de Sevilla unos doce o trece años antes de que el virus del papiloma humano significara algo para mí en una fría consulta del Village, en Nueva York.

El sermón se prolongó unos cinco minutos. (Jamás un médico había dedicado tanto tiempo a hablar conmigo). Sermoneaba como una locomotora mientras fijaba la vista obsesivamente en la pantalla de su ordenador. Anotaba con furia los resultados preliminares de mis pruebas en una plantilla. No volvió a mirarme a los ojos en todo lo que restó de consulta, ni en todas las consultas que se sucedieron después, durante algo más de un año.

 

* * * * *

Llegué a manos de este doctor especialista en el papiloma porque el médico que me lleva el VIH me hizo un test anal que había dado potencialmente positivo a este otro virus (resultado “anormal”, te dicen).

El papiloma es un virus escurridizo, con multitud de cepas diferentes —unas cancerígenas, otras no—, que se transmite con extrema facilidad. Es un virus de enorme libertad. Inmensamente extendido, que se pasa al contacto, y que ni el condón lo previene del todo. El papiloma ha habitado o habita en prácticamente todos los cuerpos que alguna vez han entrado en contacto sexual con otros cuerpos, independientemente de con quién se acuesten. En el tuyo, en el de tu pareja, en el de tu padre, en el de tu jefa, en el de tu abuela. Sean homo, hetero, bi, o pan. Este médico —especialista en VPH— sabía perfectamente todo esto, pero decidió obviarlo.

Prosiguió su sermón con una conferencia personalizada sobre la peligrosidad del cáncer anal. Se iba a comer la pantalla con los ojos mientras hablaba, al mismo tiempo que yo me iba escurriendo más y más en la silla. Me pintaba una sucesión de imágenes de anos destrozados, esfínteres maltrechos, sexualidades derruidas, y excreciones imposibles.

Me mareé, me sentía dentro de un caleidoscopio, como si aquella consulta se rompiera en mil fragmentos, y yo flotara en ella entre guantes, agujas, bisturís y vaselina. Yo asentía a todo lo que el médico decía, como un reo que acepta declararse culpable aunque se sabe inocente, porque no encuentra forma de defender su inocencia y su única opción posible es reducir condena.

Yo quería reducir condena. Deseaba desesperadamente que ese hombre se callara. Pero las circunstancias de mi diagnóstico de VIH unos meses antes habían desactivado mi capacidad de respuesta. Había perdido la voz. Me habían castrado el juicio, y en cierta forma la dignidad.

Cuando él consideró oportuno, cesó. Me dijo que en una semana volviera por los resultados definitivos.

Me fui a casa pensando que tenía cáncer de ano y que era culpable de ello.

En este post me gustaría contarles que aquel maltrato médico fue una experiencia aislada, un caso excepcional en estos dos años y medio de tratamiento. Pero no puedo decirles eso porque no es verdad. El maltrato ha sido despiadado, respaldado por protocolos internacionales de salud pública, humillante y sistemático desde el mismo día en que fui diagnosticado.

He contado en numerosas ocasiones en qué circunstancias me hicieron iniciar el tratamiento antirretroviral. No obstante, me da tanto miedo olvidarme de aquella tortura, que necesito volver a recordármelo insistentemente. No olvidarlo es mi venganza, la rabia de recordarlo me da fuerzas para seguir luchando. Este blog está escrito desde esa rabia.

De VIH me diagnosticaron dos semanas antes de mudarme a Cuba, donde iba a pasar cuatro meses por trabajo. Me dijeron que tenía que empezar tratamiento ya, a pesar de tener los CD4 en 700, esto es, tenía las defensas de cualquier persona sana. El seguro no me quería cubrir los cuatro meses de tratamiento, sólo me iban a facilitar las pastillas mes a mes. Si quería más por adelantado, tenía que pagarlas yo a 3000 dólares el bote. Me empujaron a iniciar el tratamiento haciéndome creer que era una decisión de vida o muerte, y al mismo tiempo me mandaron cuatro meses a La Habana con medicamentos para tan sólo dos meses, prácticamente obligándome a interrumpirlo. También me informaron de que interrumpir el tratamiento podría suponer que el virus se hiciera resistente al mismo, y se acabaran para mí las opciones de una vida sana.

Yo no entendía nada.

El médico que me diagnosticó de VIH y me extendió la receta —cubano-americano, por cierto, quizás se vengó de la Revolución a través de mí, quién sabe— nunca mencionó la posibilidad de posponer el tratamiento a mi vuelta de Cuba (hay personas que, con mis números, lo posponen hasta diez años. Yo podría haberlo pospuesto perfectamente). El seguro sugirió que alguien me enviara las pastillas por correo o viajara a la isla para hacérmelas llegar. Parece que nunca habían oído hablar de un conocido embargo sobre Cuba que lleva décadas en vigor, y hace que el servicio postal no funcione desde los 60, la misma fecha desde la que los estadounidenses tienen prohibido viajar por turismo a la isla.

Me insistieron en que iniciara tratamiento inmediatamente, me ocultaron la posibilidad de posponerlo y prácticamente me obligaban a interrumpirlo. Yo estaba recién diagnosticado, falto de información y muerto de miedo. Aquello no tuvo que ver con mi salud. Fue un castigo. Me impusieron el tratamiento como un castigo.

La prescripción automática de un tratamiento médico según protocolos internacionales es la barrera de seguridad que muchos médicos utilizan para no tener que someterse a la posibilidad de desarrollar un mínimo de empatía por sus pacientes. Se ahorran comprender que del otro lado de la mesa se sienta un ser humano, que quizás no entiende, que está asustado, que carga en sus espaldas la monstruosa historia de una epidemia, que teme que no lo amen, que quizás pierda el trabajo, y que desea, ante todo, que aquella consulta sea un refugio desde el que poder reconstruir los pedazos de sí mismo que ha dejado esparcidos por el suelo un diagnóstico brutal.

Pero la consulta médica para mí nunca fue un refugio, sino una cámara de tortura, una trampa.

 

* * * * *

 

Anti-vacunas, loco, irresponsable, desagradecido, descerebrado, anti-ciencia, despreocupado, peligro público, conspiranoico y otros calificativos de tal alcurnia me llaman gente sin corazón —a veces activistas, a veces seropositivos—cada vez que cuestiono el 90-90-90 (protocolo de las Naciones Unidas que implica que cada persona diagnosticada debe comenzar tratamiento inmediatamente).

Pues, queridos, a mí el 90-90-90 casi me mata. De angustia. Y de dolor de darme cuenta que me obligaban a iniciar tratamiento y al mismo tiempo a interrumpirlo. De desinformación y anudamiento de mi capacidad de decidir sobre mi cuerpo. De conciencia de lo poco que valía mi salud y mi dignidad para el sistema. Si mi problema como seropositivo es de defensas, ¿cómo afectó a mi sistema inmunitario hacerme creer que debía tomar esas pastillas si quería vivir y al mismo tiempo ver que me enviaban a un lugar aislado con medicación insuficiente y sin capacidad de conseguirlas?

En Cuba no había el tratamiento que yo tomaba, y por supuesto yo no podía acceder a su sistema de salud público, ni comprar antirretrovirales por la libre.

A los que se me tiran a la yugular por cuestionar el 90-90-90 les digo que mi argumento es infinitamente más riguroso que el suyo. Parte de dos premisas científicas fundamentales que la medicina actual, tan intoxicada de intereses creados, parece haber olvidado: la premisa de humildad hacia lo que desconoce (ningún médico jamás quiso escucharme), y la premisa de no hacer daño a los pacientes (la herida que aquel castigo infligió sobre mí sigue abierta y supurando).

El 90-90-90 convirtió mis primeros meses post-diagnóstico en un infierno tropical. Darme cuenta de lo que me habían hecho inició mi tremenda desconfianza hacia la medicina. ¿Cómo seguir creyendo y confiando en quien dañó mi salud de esa forma? ¿Cómo reconstruir la confianza en los médicos?

 

* * * * *

 

La semana siguiente de aquel sermón del cáncer anal volví a la consulta para someterme a una anoscopia: la toma de muestras de distintas partes de la piel de mi ano. Me hicieron firmar un papel en el que me informaban de que esta sencilla operación no era demasiado invasiva, pero que podían desatarse problemas durante la intervención. Así te informan, con un papel que firmas, y que sustituye a la conversación que deberías tener con ellos, pero que nunca tienes. “If you have a question, let me know”, te dice la enfermera con un tono que te quita todas las ganas de hacer cualquier pregunta.

Firmé, entró el médico, y puse el culo.

En esta ocasión no hubo aceites ni viajes por Andalucía. No hubo vaselinas, ni miradas empáticas —no hubo miradas. Sólo la invitación a ofrecerles mi culo sobre el potro para extraer varias muestras de mis entrañas. Cuatro pequeños desgarros de la piel de mi ano que el doctor envió a analizar en un laboratorio ajeno a la clínica. En la misma consulta, mientras te desgarran, hay un cartel que te informa sobre la factura que te va a llegar. Igual que cuando lees sentado en el WC la etiqueta del champú, en la consulta lees un folleto que está ante tus narices cuando te colocas a cuatro patas sobre la camilla para que te tomen muestras del ano.

“Los especímenes extraídos del cuerpo de los pacientes se analizan en laboratorios ajenos al centro de salud y son facturados aparte”, dice el cartel. Tú te imaginas aquellos trozos de tu ano saliendo de la clínica y recorriendo mundo. Efectivamente, unas semanas después me llegaron las facturas de lo que me tocaba pagar a mí por la intervención médica (por un lado) y el análisis de mi carne (por otro), tras el pago que ya había hecho el seguro. Esta intervención hizo sumar 700 dólares a las deudas médicas que ya acumulaba.

Tras la anoscopia, me llevé varios días sangrando por el culo.

 

* * * * *

 

No sangré la primera vez que C. me folló, ni ninguna de las veces que follé con T., mi siguiente pareja. T. jamás conoció mi ano. Quizás inconscientemente relacionaba poner el culo con el fin de la relación, quizás es que continuaba sin recibir ninguna educación sexual al respecto, quizás el porno al que ya sí tenía más acceso me vendía una imagen de la penetración fácil, limpia y espontánea que yo nunca experimenté como tal hasta ese momento.

La cuestión es que mi culo permaneció sellado durante unos años, hasta que llegó a mi vida R., quien tenía más que decidido que el hábitat natural de su rabo sería mi ano, y que ahí quería instalarse varias veces por día. La misma noche que me conoció, me colocó a cuatro patas no sin cierta resistencia por mi parte, y para cuando le fui a explicar que tenía poca experiencia como pasivo y que probablemente tendría que practicar durante varias sesiones, ya notaba la punta de su polla a la altura de mi esófago. Fue la primera de cientos, miles de penetraciones, a veces con un poco de sangre, a veces un poco sucia, a veces gloriosamente suave e inmaculada.

 

* * * * *

 

Yo era un harapo en la consulta del médico del papiloma, un muñeco de trapo desgarbado sobre la silla, que asentiría a todo, y que ya sólo quería saber qué tenía que hacer para afrontar lo que este cáncer me deparaba. Información práctica, aséptica, sin atisbo sentimental o empático. Eso es lo que pedía en ese momento. Denme la receta, o las instrucciones, y déjenme salir de aquí. Había entregado mi cuerpo, perdido la fe en poder controlarlo yo mismo, ni contra los virus, ni contra los agresivos tratamientos, ni contra los sermones y la frialdad de los médicos. Me habían dejado vacío.

Pero la anoscopia dio negativo.

Una semana después, el médico me comunicó muy burocráticamente —y sin despejar la mirada de la pantalla—que mis tests del “VPH malo” habían resultado negativos. Que no había nada de cáncer, ni de potencial cáncer, que nunca lo hubo, a pesar de lo que parecía en las pruebas preliminares, y de lo que dio por hecho en sus sermones.

Por supuesto, no consideró que tuviera nada de qué disculparse.

Eso sí, no dejó que me fuera del todo. Me dijo que aunque no había papiloma malo, sí había el que puede presentar granos aunque no causa cáncer (el papiloma bueno, supongo), y que debía ir cada cuatro meses a quemar con hidrógeno los diminutos granos de papiloma bueno que efectivamente parecían estar en el interior de mi ano. Imaginen qué bien sonaba aquello de quemarme el culo con hidrógeno pronunciado por los labios de un médico tan agradable a alguien recientemente anoscopiado que aún sangraba un poco por el culo.

Así hizo en cuatro ocasiones, con descanso de apenas tres meses entre ellas. Quemarme con hidrógeno granos diminutos e imperceptibles a mi tacto —es que son tiny, me decía, but we have to make sure. Las facturas siempre llegaban unas semanas más tarde. Estados Unidos es el país de la eficiencia, menos a la hora de enviar facturas dentro de unos plazos cabales. Las mandan estratégicamente con semanas o meses de atraso para que te hayas olvidado ya de cuál fue tu consumición. De hecho, ¡mejor aún!, consumes sin saber por cuánto te va a salir. Yo consumí miedo en aquella consulta, y siempre me decían que el departamento de billing me mandaría la factura en unos días, pero que no podían decirme a priori cuál sería el coste, que dependía del seguro, que si no estaba de acuerdo, pues que no me sometiera al tratamiento. O sea, las opciones son: intervenirte sin saber el coste o no intervenirte. Ambos van con su correspondiente dosis de miedo estimulado.

El sistema sanitario estadounidense es capitalismo de amiguetes a costa de mi ano.

Hoy sé que mi gran error fue seguir confiando en alguien que me había humillado. ¿Por qué hacemos tal estupidez? ¿Qué nos lleva a entregarnos a quien nos daña? ¿En qué momento me desactivaron la capacidad de respuesta? ¿Cómo es posible que un tratamiento se convierta en una experiencia destructiva de este calibre?

Quemándome el ano sin cuestionar nada, quemé también el respeto por mí mismo. Mi dignidad crepitaba al ofrecer mi cuerpo, mi bienestar y salud a quien no había sabido respetarme, me trataba de forma prejuiciosa, insensible e inhumana, y se lucraba de mi miedo.

Por aquel entonces este blog ya estaba en funcionamiento, y yo prefería hablar de otras florituras que dieran una cara alegre a las personas con VIH. En realidad, lo hacía para poder obviar la tortura a la que sistemáticamente era sometido en las consultas. He llegado a querer vomitar cada vez que se acerca la fecha de mi consulta médica. A sentir pánico. Hoy lo sé, lo veo claro. En este blog quería mostrarme fuerte, poderoso, autosuficiente. Pero era mentira. Era valiente de puertas para afuera mientras me moría de miedo de puertas de la consulta para adentro.

Hasta que un día, como les contaré la semana próxima en la segunda parte de este post, mandé a la mierda al médico…

 

Me interesa qué piensas sobre este tema. Puedes escribirme abajo en los comentarios, en Facebook, o en amorsexoserologia@gmail.com

Éste es un post de ASS- escrito por Miguel Caballero para Imagina Más

 

 

STAY IN THE LOOP

Subscribe to our free newsletter.

  Llegando a 50 metros                        12.24am En tu portal                                         12.25am Me esperaba justo del otro lado de la puerta, cortándome el paso. Los ojos verdes, el pelo color ceniza, muy rizado, barba lampiña, la sonrisa amable y seductora de un desconocido. En la cara tenía una sombra, como de quien se ha limpiado mil veces el maquillaje al bajar del escenario. Era acróbata en el circo y poeta. Nacimos en dos extremos opuestos del universo, pero él también hablaba español. Bajamos Lenox y paramos un taxi a la altura de la 135, que nos llevó a su casa. Una tórrida noche del verano neoyorkino. En mi teléfono hay un hiato de once horas. Lo que viene ahora me lo dijo muchos días antes. Hola, antes que nada                         1.14am quería decirte que me parece muy valiente tu sinceridad acerca del VIH   De hecho, creo que leí un                    1.14am artículo en internet sobre ti hace ya algún tiempo   ¿Puede ser?                                          1.15am   Y leo casi todo lo que tiene                  1.17am que ver con ello  

Hola                                                1.38am

Sí, igual sería en mi blog:

ASS- Amor, Sexo

y Serología

De Imagina Más                             1.39am

Vaya autopromo que me                1.41am

estoy haciendo

  No era mi plan quedar esa noche, sino el sábado. Pero el sábado era mi última noche en Nueva York, así que le propuse adelantarlo, más por miedo que por ansia. Miedo a que pasara algo fuerte mi última noche en Nueva York. Siempre he odiado las despedidas por la mañana, más cuando son el prefacio a varios miles de kilómetros de distancia. Nos vimos unos días antes, sobre las dos de la tarde, en uno de esos bares hipsters de la 116, de los que han echado abajo las paredes y han puesto en su lugar un par de tablas a modo de mesas para que los clientes se tomen la copa mirando la calle y de espaldas al bar. Nos vimos tras discutir por teléfono de mala manera. Queríamos contarnos nuestras respectivas historias, esta vez frente a frente. Para relativizar la mierda que nos habíamos echado por teléfono. En realidad, lo que hicimos fue mirarnos la cara y los labios con ojos de te voy a comer. Es muy guapo. Es bellísimo. Le invité a un gin tonic. Aunque a mí me interesa                   1.43am el punto de vista de la disidencia   (que supongo que                               1.43am conoces)  

¿Disidencia farmacológica?            1.51am

¿Sexual?

La disidencia del sida                           1.52am  

No sé a qué te refieres                   1.52am

  La postura que defiende que               1.52am el VIH no es la causa del sida  

Oh ya                                                1.52am

¿Tienes foto de cara?                        1.53am

Uno de los momentos más emocionantes de mi vida fue ver a Pina Bausch en El Escorial, me contó. Su única visita a España. Era 2008. Vollmond. Imagina, una luna en medio de ese palacio sepulcral, una orgía en el palacio más triste del rey más triste que dio España. Un meteorito como un elefante en medio del salón, que nadie ve, pero que todos sienten. ¿Qué hacer con un meteorito que no se ve? Pues bailar. Un meteorito y mucha agua, a veces los bailarines se escondían detrás del meteorito, a veces salían por encima de él, y lanzaban al aire botellas de agua vacías, como meteoritos. Las lanzaban como si estuvieran llenas, pero en realidad estaban vacías. Ojalá fuéramos como botellas de agua vacías lanzadas al espacio como meteoritos. Sin fluidos, puro plástico. Un meteorito en medio del salón y un montón de cuerpos frágiles que, en lugar de increpar al meteorito, se increpaban entre ellos, se escupían agua, se tiraban piedras, se besaban compulsivamente. El meteorito, inmóvil, observaba como todos se retorcían delante de él, inmóvil, se reía de ellos. El meteorito es el único que hablaba en Vollmond, los demás sólo se retorcían o se tiraban agua, que a veces eran estacas, o gemían como imbéciles en torno al meteorito. Pina Baush murió pocos meses después, era una de sus últimas representaciones. Aunque nuestra noche no empezó con su historia de Vollmond. Pero sí bajo el agua, en la ducha. Como un pacto entre amantes higiénicos, decidimos lavarnos mutuamente antes de revolver las sábanas. Nos desnudamos juntos en el baño, uno frente al otro, entre miradas de reojo y sonrisas, dijo que me lavaría con unos jabones que me dejarían las manos como la seda, y mientras lo hacía, vi cómo poco a poco iba creciendo su polla del tamaño de un antebrazo.  

Yo nunca me vi con                         1.54am

conocimientos/herramientas

para cuestionar la relación

VIH/sida. Pero en el fondo

siempre hay un acto de fe

Fe en los médicos, fe en los            1.54am

disidentes

Totalmente                                        1.55am   Y no debería ser así                          1.55am  

Yo experimento en lo social         1.55am

y sexual, en lo médico no

tengo el valor

Ni el conocimiento                        1.55am

  Para mí, no es cuestión             1.55am de fe  

Para ti es una cuestión de…            1.56am

  Yo no soy médico                        1.56am   (Por eso no hago                         1.56am diagnósticos)

La medicina es un arte, no            1.56am

una ciencia. Eso sí lo he

aprendido este tiempo.

Ni legislador (por eso no            1.56am hago leyes que prohíban los tests o los ARVs)   Pero eso no quiere decir            1.57am que no pueda observar los hechos y sacar mis conclusiones  

Bueno, pero ¿basado en?                 1.57am

Porque son conclusiones de             1.58am

un hecho biológico

Médico                                               1.58am

Siempre había creído que el            1.58am VIH/sida era algo muy real, pero sobre todo muy absoluto   Y hace unos años conocí la            1.58am disidencia por casualidad   Y vi que aquello que siempre            1.59am me habían contado y que nunca sentí la necesidad de cuestionar (porque “era lo que todo el mundo sabía y había escuchado”)   No encajaba con muchos             2.00am hechos  

¿Qué no encaja?                        2.00am

  ¿Sabes cómo funcionan los            2.00am tests de VIH?  

Más o menos                                    2.00am

  Dime lo que sepas                        2.01am  

Nada, cuéntamelo                        2.01am

Me lavó todo el cuerpo, desde los dedos de las manos hasta la punta de los pies, mientras me miraba sin pestañear y su polla crecía tanto, y tan dura, que yo ya no sabía si era indiscreción dejar de mirarle a los ojos y comenzarle a mirar sin reparo la polla. ¡Qué coño indiscreción, si hemos quedado para follar! Pero había como un pacto tácito, el de ducharnos juntos y el de mirarnos a los ojos casi sin pestañear y obviando que en los márgenes de nuestras retinas veíamos nuestras pollas inmensas crecer mientras me lavaba. También había un meteorito en esa ducha. Y nosotros nos acariciábamos en torno a él, y nos echábamos agua y piedras, y nos besábamos obsesivamente, porque el enfado del día anterior por teléfono parecía de lo más ridículo. Nos enfadamos como desconocidos igual que en ese momento nos mirábamos como desconocidos, me lavaba desde los dedos de las manos hasta la punta de los pies, desconocidos que se desean, y una polla del tamaño de un antebrazo se hinchaba delante de mí sin que pudiera siquiera mirarla.   (No me creo poseedor de            2.02am ninguna verdad, ni quiero imponer mis ideas, quiero dejarlo claro, sólo intercambiar puntos de vista diferentes)   ¿Sabías que una misma              2.02am muestra de suero sanguíneo puede arrojar resultados diferentes (positivo, negativo o indeterminado), dependiendo del país donde te realices el test?   Incluso puede variar                         2.03am dependiendo del laboratorio dentro del mismo país   (Pregúntale a tu médico, te            2.04am lo confirmará)   ¿Sabías que los mismos                 2.05am fabricantes de los tests advierten en el prospecto de que dichos tests no son capaces de detectar la presencia ni la ausencia de VIH en sangre humana?   Sabías también que lo que               2.06am se supone que detectan son ‘anticuerpos’ del VIH, ¿verdad?   Pues resulta que dichos                   2.08am anticuerpos no son específicos del VIH y pueden estar presentes en el organismo por más de 70 situaciones diferentes descritas en la literatura científica, como por ejemplo: infección vírica pasada o reciente, estar embarazada, vacunación, resfriado común, etc. ¿Me sigues más o menos?               2.08am  

Sí                                                2.09am

  Genial                                                2.09am  

Es muy interesante,                          2.10am

pero estoy agotado hoy

¿Podemos seguir mañana?            2.10am

  Claro                                                 2.10am  

Genial                                                2.10am

  Gracias por tu atención            2.10am   Normalmente encuentro             2.10am silencio  

Yo estoy abierto a escuchar             2.10am

todo

  Me alegro                                     2.10am   //Foto de cuerpo, en slip,             2.10am sin cabeza//   Te la debía                                    2.11am  

Qué bueno estás                              2.11am

//Foto de cuerpo, desnudo,             2.11am

tapando la polla con la mano,

sin cabeza//

  Yo ya no tengo fotos                        2.12am intermedias  

Pues manda las finales,                    2.12am

entonces

  Pasaríamos a “explicit                        2.12am nudity”  

It’s all fine, I’ll correspond                 2.12am

  //Desnudo frontal//                        2.12am  

Sexy                                                  2.12am

Te invito a una siesta uno                  2.13am

de estos días

Y me cuentas el resto                       2.13am

Genial                                                2.13am  

//Desnudo frontal//                            2.13am

  Me encanta                                                2.13am   //Desnudo lateral, artístico//            2.13am  

//Desnudo trasero//                          2.13am

//Polla//                                             2.13am

  //Polla//                                    2.13am   Estás muy bueno                        2.13am  

Va a ser una siesta                       2.14am

interesante

//Rostro//                                    2.14am

//Polla//                                        2.14am   //Culo//                                         2.14am   //Torso//                                        2.14am   //Polla//                                          2.14am   //Torso, con rostro//                        2.14am   Eso parece                                      2.14am  

Qué bueno estás                               2.14am

Hablamos mañana                             2.15am

  fullsizerender-4 Pasamos a la habitación, casi en penumbra, con una de esas luces anaranjadas en un rincón, dejamos caer las toallas y nos tumbamos. Yo siempre he tenido sueños muy vívidos, siempre comienzo a soñar antes de dormirme. Hay unos segundos en los que no estoy completamente dormido, pero el sueño ya ha comenzado. Es como meter los pies en el agua para tantear la temperatura antes de zambullirse de lleno. La noche trascurrió como esos minutos aún de vigila, con los pies mojados, en que uno ya comienza a soñar.   ¿Qué tal tu día de trabajo?            1.13pm  

Bien                                                1.14pm

Aquí asándome de calor                1.14pm

en casa

Escribiendo, trabajando,                 1.14pm

yendo al gym y comiendo

como un cerdo

¡Qué buen plan!                             1.14pm   Yo en el hospital                             1.14pm   Esperando para ver a una             1.15pm amiga ingresada con VIH   Que se niega a tomar ARVs            1.15pm  

Ooops                                                1.15pm

  Pero ya está mucho mejor            1.15pm   Y resiste el chantaje                         1.15pm emocional de los médicos  

¿Cómo tiene las defensas?            1.15pm

  No lo sé                                             1.16pm   Ahora entraré                                    1.16pm  

¿Y por qué crees que se                  1.16pm

puso enferma?

  No lo sé                                            1.16pm   En realidad sólo la conozco             1.16pm de un grupo de whatsapp  

¿Y por qué crees que lo de            1.17pm

los médicos es un chantaje?

  Luego te cuento                               1.31pm   Ya me han dejado pasar                   1.31pm  

Ok                                                    1.36pm

  Mi amiga está genial                          3.12pm   Es una mujer fuerte                            3.12pm   Ha estado ingresada por una            3.15pm neumonía por hongos jirovecii (o lo que antes llamaban neumonía por neumocistis carini, una enfermedad definitoria de sida, pero que también se da en seronegativos)  

¿Tú crees que es casualidad            3.17pm

su diagnóstico de VIH y esta

neumonía?

Que no están relacionados,             3.18pm

quiero decir

  Creo que tiene que ver con               3.19pm otras causas   Lleva un tiempo muy                          3.20pm deprimida  

¿Tú tienes alguna formación            3.20pm

médica? Lo pregunto por

curiosidad

No más que tú                                    3.20pm   Jejeje                                                   3.20pm   (Por suerte)                                         3.20pm   No soy médico                                   3.21pm   Ni nada parecido                                 3.21pm  

Y la depresión, ¿con qué la            3.21pm

relaciona ella?

  No me ha contado mucho                    3.22pm   Pero tuvo otro ingreso hace                   3.22pm un año   Y lo pasó muy mal                                  3.22pm   Es seropositivo desde 1990                    3.22pm   Su primera pareja murió                         3.22pm (ella cree que de AZT)   Cuando ella tenía 22 años                    3.23pm   Una historia dura                                 3.23pm   Ahora está bien                                   3.23pm   Y pronto le darán el alta                       3.23pm  

¿Está bien? ¿Con depresión             3.22pm

y neumonía? Ok.

  Me refiero en comparación                    3.24pm con cómo entró en el hospital   Está muy bien de ánimos                       3.24pm  

Entonces parece que no la            3.25pm

han cuidado tan mal en el

hospital

Sí                                                             3.25pm   Gracias a que ella se ha                          3.26pm negado a tomar ARVs en combinación con antibióticos   Le han estado presionando                     3.26pm y tratando como a una niña para que lo hiciera desde que entró   ¿Sabes que hay gente con un                  3.26pm diagnóstico de más de 25 años que nunca ha tomado ningún tipo de terapia antirretroviral y están sanos y vivos?  

Por supuesto. Tengo un amigo         3.28pm

así

Se llaman supercontroladores           3.28pm

  Ya…                                                3.28pm  

Algunos estudios para la                  3.28pm

vacuna parten de investigar

cómo funcionan sus organismos

Pero ¿sabes otra cosa que              3.28pm

tienen en común?

  Dime                                                3.28pm  

Que ellos, como tu amiga,              3.22pm

sobrevivieron, pero vieron

morir a decenas de personas

a su alrededor

El amante disidente dejó encendida sólo la tenue luz anaranjada. En el armario guardaba cincuenta botellas de vino, que sus amigos le traían de todos los lugares que visitaban. Una bodega en el armario. Cerró la puerta, dejó caer la toalla, y me preguntó qué música me gustaba. Le pedí el Pequeño Vals Vienés de Lorca, cantado por Silvia Pérez Cruz. Fuera, un patio de vecinos inmenso dormía apuntando con sus ventanas negras a nuestra ventana anaranjada, completamente abierta. Éramos una llama en la noche tórrida, y ahora lluviosa, de Nueva York. Yo estaba tumbado en la cama, desnudo, y él sobre mí, sonreía desde su mirada oscura, En Viena hay diez muchachas, y me dijo bajito que le encantaba la atmósfera que creaba esa música, y un hombro donde solloza la muerte, yo le dije hacía poco había asistido a un homenaje gitano a Lorca, y un bosque de palomas disecadas, me miraba desde arriba mientras yo apretaba su cintura desnuda contra la mía, en el museo de la escarcha, le besaba el pecho cubierto con una fina capa de vello, hay un salón con mil ventanas, él me chupaba cada milímetro de mi piel blanca contra su piel levemente bronceada, ¡ay, ay, ay, ay!,

ahí dejamos de hablar: toma este vals con la boca cerrada.

 Este vals, este vals, este vals, este vals, me besaba el cuello, de sí, de muerte y de coñac, mis manos eran dos lijas, que moja su cola en el mar, y me chupaba los dedos, como para decirme que no importaba, donde juegan tu boca y los besos, bajaba hacia mi vientre y me olía el pene, los testículos, las piernas, hay una muerte para piano, apenas rozando mi piel con sus labios, y yo respirando profundamente, que pinta de azul a los muchachos, yo exigiéndole respuestas a todas mis preguntas, hay mendigos por los tejados, cuando yo no tengo respuestas a las suyas, hay frescas guirnaldas de llanto, me levanta las piernas, ¡ay, ay, ay, ay!,

y me acaricia el culo con la punta de su polla descomunal: toma este vals que se muere en mis brazos.

Y así seguimos toda la noche, jugueteando. Yo ese día había leído sobre el teatro foro, en el que los espectadores pueden interrumpir la representación en cualquier momento, levantarse, alzar la mano, parar la escena, y cuestionar las decisiones de los personajes. Él fue el espectador rebelde de mi teatro foro. Yo tenía toda mi obra montada, bien estructurada y ensayada, mi blog, mis artículos, mi historia coherente, mis charlas. Hasta que él levantó la mano, se puso en pie, no abruptamente, sino como seduce un macarra, te mira con ojos tiernos mientras tú sabes que te está hurgando en la llaga. Y lo dejas. Aquella noche él tenía muchas preguntas, yo tenía muchas preguntas, y ninguno sabíamos en qué podía consistir la verdad. Sólo nos quedaba improvisar.

Pero, tú ¿quién coño eres?            3.41pm

Tú, como seronegativo, ¿cuál            3.41pm

es tu ética? ¿Cómo te

atreves a hablar de la no

existencia de la relación entre

un virus y unos síntomas que

tú no padeces?

 

Dicho de otra forma:                        3.41pm defendiendo esta postura,

tú en realidad no te juegas

nada. Pero nosotros nos

jugamos mucho.

  …   Estamos en el mismo                        4.16pm barco, Miguel  

¿Qué quieres decir?                        4.16pm

¿Tú también vives con VIH?            4.16pm

  No                                                4.17pm   Yo vivo con un diagnóstico            4.17pm de VIH        

Me interesa qué piensas sobre este tema. Puedes escribirme abajo en los comentarios, en Facebook, o en amorsexoserologia@gmail.com

Éste es un post de ASS- escrito por Miguel Caballero para Imagina Más

                                 

Related Posts

View all

    Si se tiene en cuenta que en PubMed, algo así como la Wikipedia de las publicaciones médicas, hay alrededor de 800 artículos que relacionan «mujer VIH y salud mental», puede ser que haya alguna relación. Voy a resumir, libremente y por mi cuenta, un estudio recién publicado por varias mujeres, entre ellas Alice Welbourn. A Alice la conozco personalmente, y verla a ella es verle la cara a la primera generación que se infectó con VIH cuando, esto es otro tópico que se usa mucho, el VIH era una sentencia de muerte. Tan tópico como cierto, lamentablemente.

    A ver, para empezar, en inglés se llama «mental health» a la salud mental, pero me parece que no tiene el mismo matiz que aquí, pues se usa de una manera más generalizada, como, digamos, a good mental health sería como tener tu mente en forma. Pues a través de un estudio

    Si se tiene en cuenta que en PubMed, algo así como la Wikipedia de las publicaciones médicas, hay alrededor de 800 artículos que relacionan «mujer VIH y salud mental», puede ser que haya alguna relación. Voy a resumir, libremente y por mi cuenta, un estudio recién publicado por varias mujeres, entre ellas Alice Welbourn. A Alice la conozco personalmente, y verla a ella es verle la cara a la primera generación que se infectó con VIH cuando, esto es otro tópico que se usa mucho, el VIH era una sentencia de muerte. Tan tópico como cierto, lamentablemente.

    A ver, para empezar, en inglés se llama «mental health» a la salud mental, pero me parece que no tiene el mismo matiz que aquí, pues se usa de una manera más generalizada, como, digamos, a good mental health sería como tener tu mente en forma. Pues a través de un estudio

    Si se tiene en cuenta que en PubMed, algo así como la Wikipedia de las publicaciones médicas, hay alrededor de 800 artículos que relacionan «mujer VIH y salud mental», puede ser que haya alguna relación. Voy a resumir, libremente y por mi cuenta, un estudio recién publicado por varias mujeres, entre ellas Alice Welbourn. A Alice la conozco personalmente, y verla a ella es verle la cara a la primera generación que se infectó con VIH cuando, esto es otro tópico que se usa mucho, el VIH era una sentencia de muerte. Tan tópico como cierto, lamentablemente.

    A ver, para empezar, en inglés se llama «mental health» a la salud mental, pero me parece que no tiene el mismo matiz que aquí, pues se usa de una manera más generalizada, como, digamos, a good mental health sería como tener tu mente en forma. Pues a través de un estudio

    Si se tiene en cuenta que en PubMed, algo así como la Wikipedia de las publicaciones médicas, hay alrededor de 800 artículos que relacionan «mujer VIH y salud mental», puede ser que haya alguna relación. Voy a resumir, libremente y por mi cuenta, un estudio recién publicado por varias mujeres, entre ellas Alice Welbourn. A Alice la conozco personalmente, y verla a ella es verle la cara a la primera generación que se infectó con VIH cuando, esto es otro tópico que se usa mucho, el VIH era una sentencia de muerte. Tan tópico como cierto, lamentablemente.

    A ver, para empezar, en inglés se llama «mental health» a la salud mental, pero me parece que no tiene el mismo matiz que aquí, pues se usa de una manera más generalizada, como, digamos, a good mental health sería como tener tu mente en forma. Pues a través de un estudio