Al igual que se decía en su día de los ex presidentes del Gobierno, a veces las exparejas se convierten en jarrones chinos que nadie sabe dónde colocar. Se supone que una vez -en algún momento de nuestra ruptura que ya ni recordamos- quedamos como amigos pero, sospechosamente, cada dos por tres tenemos que hacer malabares para encontrar a esa persona un acomodo que no incomode a nadie.

Otras veces los ex son “quejumbrosos fantasmas del pasado”, como en La edad de la inocencia, y se nos aparecen con su peor cara: cadáveres en el armario, destrozos de nuestra biografía, capítulos de la historia que no queremos releer ni, por supuesto, que otros relean. Uno siempre se deja aconsejar por sus ángeles pero reniega de sus fantasmas, sobre todo de los que todavía hacen ruido con sus cadenas. Pensar en ellos es pensar en lo maravilloso que sería todo si nunca los hubiéramos conocido.

Quitando, por último, esas ocasiones en las que desaparecen en el agujero negro de la historia para no regresar jamás, sin ruido, sin pena y sin gloria, quedan esos casos fabulosos en que los/las ex pasan a engrosar con honores las filas de nuestra red social, incluso de la red social de nuestras parejas actuales: vienen a nuestros cumpleaños, tomamos cañas, nos ayudamos mutuamente en nuestros problemas y recados, nos vamos todos de vacaciones, se quedan a dormir en casa siempre que lo necesitan. Y nuestra actual pareja está delante.

A algunas personas les pone los pelos de punta imaginarse, como si tal cosa, de paseo o de copas con el ex de su actual pareja, todos en comandita, no digamos ya si en vez de un ex lo que hay son dos o tres, o más. Somos progres, pero no nos pasemos. Evidentemente, si no hay más remedio, todos podemos ser educados durante un rato y simpáticos con aquellas personas que son simpáticas con nosotros y, sobre todo, demuestran saber cuál es su sitio ahora. Si nuestra relación de pareja se basa en la confianza y en la complicidad, aceptamos compartir un ratito con los ex de nuestras parejas actuales… pero sin abusar.

Otras parejas, sin embargo, gestionan esto con total apertura más allá de la mera cortesía: si el ex de mi pareja ahora es su amigo/a, entonces con quien estoy compartiendo mi tiempo es con un amigo de mi pareja, no tanto con su ex. Si para ellos no es un problema y nosotros no tenemos ningún problema entre nosotros, ¿por qué es un problema para mí que quedemos con uno, dos o doscientos ex de mi pareja para compartir nuestro tiempo? Al fin y al cabo, que nuestra relación de pareja se base en la confianza y la complicidad consiste precisamente en esto, al menos para nosotros.

¿De qué tengo miedo entonces, qué es lo que me incomoda? ¿Qué es lo que está de fondo, un problema en la relación de mi pareja con su ex o un problema en mi relación con mi pareja? Visto así, cambia la cosa.

Como decimos siempre en estos editoriales, no hay una única manera buena de vivir estos asuntos. Por eso, no nos cansamos de repetirlo: mientras no os hagáis daño mutuamente, está bien lo que esté bien para vosotros/as.

Piensa que no puedes borrar el pasado de tu pareja actual, igual que ella debe contar con que tú no naciste el día que os conocisteis. Los ex de tu actual pareja no tienen que ser tus amigos, pero están ahí y casi se gasta más energía intentando eliminarlos con agua caliente que dejando que tengan su espacio, sea el que sea, siempre que eso no menoscabe ni tu tranquilidad ni tu estatus.

Por otro lado, ante la duda, la asertividad y la empatía os ayudarán cuando tengáis que empezar a manejar estas ocasiones. Nadie puede decirte con quién (no) puedes quedar pero tampoco des por hecho que porque tú estás tan tranquilo con ese ex a tu pareja le da absolutamente igual que habléis y quedéis. Quizá es una buena idea que lo comentéis abiertamente, para que nadie vea dragones donde solo hay adorables chihuahuas. Imponer a tu pareja compartir tiempo o coincidir con las personas que, en una vida anterior, compartieron tu tiempo, tu cama y tu corazón no es la manera más bonita de hacer que todo fluya, por mucho derecho que tú tengas a mantener en tu vida a esas maravillosas personas que ahora, al margen de ser tus ex, son sobre todo colegas o buenos amigos. No os cortéis las alas, las necesitaréis para seguir volando, sea juntos, separados o revueltos. Tampoco os empujéis avión abajo sin saber usar bien el paracaídas.

Hablad, no impongáis, no deis por hechas las cosas importantes. No deis por hecho que a la otra persona le tiene que encajar estupendamente todo lo que te encaja a ti. Lo que para uno es natural como la vida misma para la otra parte puede ser como escalar el Everest siendo él/ella más bien de sofá y mando a distancia. Y esto vale para los dos.

Relajaos y recordad que la libertad os puede incomodar un rato, pero la imposición os va a tensar siempre.

Rafael San Román, psicólogo

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