Un poquito más de la mitad de las personas que viven con VIH en el mundo son mujeres. En concreto, un 51%. Y también a nivel global y en general, estudios concluyen que las mujeres tienen que enfrentarse a retos específicos con respecto al VIH, como:

  • mayor predisposición biólogica a adquirir VIH
  • dificultades para escoger cuando realizar sexo con protección
  • mayor susceptibilidad a la violencia
  • dificultades para acceder a la terapia y permanecer luego con ella. 

El tratamiento antirretroviral, los medicamentos que toma una persona con VIH para mantener el VIH a raya, ha reducido la mortalidad y ha mejorado la calidad de vida de la población VIH. Esto es un gran avance, no hay duda, que ha llevado a la típica frase que oyes cuando acabas de recibir un diagnóstico positivo: “hoy en día el VIH es una enfermedad crónica, es prácticamente como tener diabetes. Si confías en los profesionales sanitarios y tomas correctamente tu medicación llevarás una vida igual de saludable y vivirás los mismos años que una persona sero-negativa”. Y es cierto. Pero veamos si, ya que la medicación es un punto clave de vivir con VIH para olvidarse de que se vive con VIH, si los tratamientos farmacológicos afectan de diferente modo a las mujeres. 

Por culpa de la pandemia del coronavirus, estamos muy al día de muchos términos que se usan en la industria farmacéutica y nos suena que antes de sacar un medicamento, vacuna o similar hay que hacer los llamados ensayos clínicos. Para el VIH igual. Pues el problema que venía habiendo era que en los ensayos clínicos para probar los tratamientos antirretrovirales las mujeres no estaban suficientemente representadas. O sea, había muchos hombres pero pocas mujeres probando la eficacia y seguridad de los medicamentos nuevos. Y no pasaría nada sino fuera porque, desde el punto de vista de la farmacocinética, las diferencias de sexo biológico son importantes, porque pueden influenciar en los efectos adversos o en la propia eficacia de la medicina. Además, debería tomarse en cuenta aspectos clave que diferencian hombres y mujeres, como interacciones con hormonas, salud reproductiva, menopausia o embarazo.

Por suerte, esto está empezando a cambiar, y los últimos ensayos clínicos de una nueva terapia antirretroviral que será inyectable por cierto, han incluido un mayor porcentaje de mujeres. Las personas al cargo de esos ensayos han admitido que les ha resultado muy difícil encontrar más mujeres dispuestas a participar en los ensayos clínicos. ¿Porqué será esto? Lo importante es que nos empiecen a tomar en cuenta y hacer esfuerzos para reducir las diferencias y así lograr terapias más efectivas para toda la variedad de personas que vivimos con VIH. 

De cualquier modo, a día de hoy todos los tratamientos contra el VIH son igual de efectivos para hombres y para mujeres, podemos confiar completamente en ellos y en los profesionales sanitarios. Pero eso sí, tenemos que animarnos a hablar de ciertos temas con los profesionales, por ejemplo si estamos teniendo síntomas de menopausia, si tenemos menstruaciones irregulares, o demasiado abundantes, o inexistentes. O si estamos pensando en quedarnos embarazadas, ¿que pasaría? ¿podré dar pecho? ¿le darán medicamentos al bebé? Tenemos que darle importancia a síntomas y efectos que puedan ayudar a los sanitarios a mejorar o cambiar el tratamiento. Y si por ejemplo nos sienta mal la pastilla, o no dormimos bien y pensamos que es por culpa de eso, los farmacéuticos de hospital, los que administran los tratamientos, saben mucho de eso. A lo mejor te pueden aconsejar que cambies la hora de toma, que lo tomes con alimento, etc. ¡Y recordar que puede haber interacciones! Si vas a empezar a tomar hormonas, o contraceptivos, háblalo. Sin miedo. cuanto más sepan de nosotras, más cuidadiñas estaremos. 

Xiana Albor

Bibliografía

Gilleece, Y. & Krankowska, D., 2021 – ART in pregnant women living with HIV

Andani, N. & Walmsley, S., 2016 – What’s new for antiretroviral treatment in women with HIV