Aunque normalmente no se dice, en realidad la asertividad es mucho más que la capacidad para decir que no. De hecho, a menudo puede ser la capacidad para decir que sí. También en la cama.

A mí siempre me gusta decir que la asertividad, consecuencia maravillosa de una buena autoestima, es un seguro de vida, a veces en un sentido bastante literal. Con asertividad somos capaces de poner límites a los demás y evitar cosas que nos perjudiquen. También es una fuerza que nos impulsa a pedir y conseguir aquello que nos hace bien, que nos enriquece, que nos hace disfrutar. Y no olvides nunca que el disfrute es buenísimo para la salud.

Por ejemplo, la asertividad es una herramienta (un estilo de comunicación, decimos los psicólogos) que te permite decirle a alguien a quien acabas de conocer que no te apetece mantener relaciones sexuales sin preservativo a pesar de que te insista con buenas o malas artes. Gracias a ella también puedes expresarle a tu ligue de las últimas semanas que esta vez te apetece más quedar para ir al cine y luego ya se verá, en lugar de quedar directamente para tener sexo. Además, es lo que te permite decirle educadamente al polvo improvisado de hoy que se vista y se vaya porque -después de un par de avisos- sigue hablándote de una manera que tú no consientes en tu cama. La asertividad también es un recurso muy útil para decirle a alguien qué cosas disfrutas más en la cama o proponerle –no exigirle- a tu pareja habitual algo que te genera curiosidad y hace tiempo que tienes ganas de probar con él o ella.

Sin la asertividad suficiente, nada de esto sucede y eso puede tener consecuencias. En el primer caso, te expones a contraer una de las ITS sin tener en el momento de tomar la decisión la madurez suficiente para asumir sus consecuencias. En el segundo, probablemente acabarás renunciando a algo que te apetece y haciendo algo que te apetecía menos, solo por no haberte atrevido a proponer un plan alternativo… y todos sabemos que si esto se va acumulando se genera mucha rabia y frustración. Si te pasa lo que decíamos en el tercer ejemplo, lo más probable es que continúes ese encuentro sexual sintiéndote muy mal contigo y con la otra persona solo por miedo a hacerte respetar. En los últimos dos casos la consecuencia de la falta de asertividad es que no innovas, no tomas la iniciativa, no te abres y no dejas espacio suficiente para lo que te gusta a ti.

Pero cuidado, la asertividad no es solo decir lo que tú quieres o conseguir que prevalezcan tus necesidades, deseos u opiniones. ¿Te has fijado en algunas palabras clave que hemos utilizado en los ejemplos expuestos? “Decir educadamente”, “proponer”, “no exigir”… No están ahí por casualidad. Ten en cuenta que asertividad no quiere decir que nos salimos con la nuestra, diciendo que sí o diciendo que no y punto, sino que lo hacemos sin dañar a la otra parte, sin machacarla, escuchando lo que tiene que decir. En definitiva, cuidándola lo mejor que podemos, la conozcamos desde hace años o desde hace cinco minutos… De esta manera nuestra relación con esa persona, sea la que sea, queda preservada.

¿Sientes que flojeas un poco –o bastante- en este área? ¿Te sucede a menudo que tienes que imponerte a voces o bien que no consigues “imponerte” nunca? Entonces es que no andas muy boyante de asertividad -por lo menos en lo que se refiere al sexo- y eso significa por lo menos dos cosas: una, que tu autoestima tampoco está en su mejor momento y dos, que o te pones las pilas o vas a ir de escenita en escenita o bien de riesgo en riesgo, sin necesidad ninguna. Sugerencia: tira de honestidad y contrata este seguro de vida. Si no sabes cómo se hace el trámite para eso estamos los y las profesionales de la psicología, que valemos para todo.

Rafael San Román, psicólogo

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