Seguro que has oído hablar de homofobia pero, ¿has oído hablar de serofobia? La serofobia es la actitud de rechazo, miedo o aversión hacia las personas que tienen VIH. Normalmente se debe a una falta de información sobre las características de esta infección, pero a veces también esconde un componente ideológico mucho más fuerte y contribuye a estigmatizar severamente a las personas seropositivas. No en vano, como sucede con otras actitudes similares, la serofobia implica prejuicios tales como que las personas con VIH son “promiscuas”, que todas las personas con VIH son homosexuales o que las personas con VIH pertenecen a un estrato socioeconómico bajo. El estigma que genera la serofobia puede tener, por tanto, graves consecuencias, entre las que destacarían aislamiento social, baja autoestima y depresión, entre otros. 

En España se están consiguiendo muchos avances al respecto, por ejemplo en el acceso al trabajo, pues hace unos años las personas seropositivas no podían ser ni taxistas o policías. Tampoco podían iniciar un proceso de adopción. Sin embargo, aún queda mucho por mejorar, ya que, sin ir más lejos, hoy en día las personas mayores con VIH siguen encontrando dificultades para acceder a residencias o centros de día. La situación es otros países es peor todavía, encontrándose importantes restricciones en cuanto a sus derechos y libertades. 

Estos son algunos ejemplos muy notorios de serofobia, sobre todo de tipo institucional (es decir, presente explícitamente en las leyes y reglamentos). No obstante, la serofobia suele darse de una manera más sutil en nuestras relaciones interpersonales cotidianas. Presta atención a estas emociones, conductas y pensamientos:

  • Cuando te da aprensión besar o abrazar a una persona que tiene VIH.
  • Cuando piensas que alguien ha adquirido el VIH porque no ha hecho “lo que debía”, es decir, porque se lo ha buscado por “follar a lo loco”.
  • Cuando no contratas a alguien porque tiene VIH.
  • Cuando piensas que adquirir VIH hoy en día es de tontos porque existen medios para evitarlo, como la PrEP o los preservativos.
  • Cuando te incomoda compartir piso u oficina con una persona que tiene VIH.
  • Cuando regañas a alguien que te dice que tiene VIH cuando ya habéis tenido sexo en lugar de decírtelo antes.
  • Cuando piensas que tú no eres una persona con VIH como las demás por que lo tuyo fue solo un accidente.

¿Te identificas con alguno de estos ejemplos?

Son pensamientos, emociones y conductas serofóbicas que mucha gente tiene y que puede que tú también hayas tenido alguna vez. Lo hecho, hecho está, ahora lo importante es que identifiques que todos los ejemplos que te hemos puesto anteriormente son situaciones injustificadas, es decir, situaciones en las que quien pensó o actuó así no tiene la razón. Recuerda también que mirar hacia otro lado cuando se habla de VIH o no ocuparte de entender qué implicaciones tiene y cómo prevenirlo te hace más vulnerable a una posible infección: dar la espalda al VIH es una clara práctica de riesgo.

Te aconsejamos que localices tu propia serofobia y que aprendas a identificar la de los demás. A veces es tan sutil que pasa desapercibida, pero está ahí. Contra el miedo, contra el rechazo mal gestionado y contra los ataques, ya sabes: asertividad, buena educación y las cosas claras, ya que la serofobia sí que perjudica seriamente la salud pública.

José Manuel Fernández, trabajador social

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