Uno de los objetivos de ASS (Amor, Sexo y Serología) es construir un mosaico de historias de personas que viven su seropositividad desde distintos lugares del mundo, distintos sistemas de salud, identidades, sexualidad, clase social, profesión o edad. David es un hombre joven que se ha prestado a participar de este mosaico. Es médico y seropositivo, así que conoce la pandemia de VIH desde ambas caras del diagnóstico.

  

¿Cómo fue tu diagnóstico?

Me infecté en junio de 2012. Estaba ya en los últimos días de la carrera, con todos los exámenes finales hechos. Me puse malo con una faringitis y vieron que tenía las plaquetas muy bajas. Me derivaron a infecciosas. La primera prueba de VIH dio negativa, pero me la repitieron porque las sospechas eran altas. Fue una amiga que ya trabajaba en el hospital la que estuvo conmigo en este proceso y la que finalmente me dio la noticia del positivo. Me vine abajo. Yo aún vivía con mis padres, pero en un primer momento no lo dije en casa. Estuve todo un día sin comer, sin beber y sin hablar. Finalmente me junté con mis dos mejores amigos y me abrí con ellos, me derrumbé. A día de hoy, nueve años después, ya sí lo he hablado con mi familia, y sólo lo saben ellos y estos dos amigos íntimos. No me he atrevido a decírselo a nadie más. No he tenido pareja estable estos años, y tampoco sé cómo se lo podría decir, si la tuviera. Pero sí me siento que he superado el trauma primero del diagnóstico gracias a mi gente más cercana.

 

¿Cómo lo abordaste desde ese doble lugar, médico y paciente?

Pues justo después del diagnóstico tenía que meterme a estudiar nueve meses para sacarme el examen del MIR. Fue duro, porque no estaba en el mejor momento anímico, ni mucho menos. También me aterraba el estigma. Me surgieron muchas dudas sobre si era compatible ser médico y ser VIH positivo. Para el MIR te hacen un chequeo completo porque es una profesión de riesgo, en la que nos podemos contagiar de cualquier cosa y necesitamos saber nuestras patologías previas. Dudaba sobre qué especialidad podía coger, qué podría ser y qué no podría ser con un diagnóstico de VIH. La médico de infecciosas me orientó, me dijo que podía elegir cualquier especialidad, que no soy en absoluto el único médico con VIH. Al final elegí anestesia. Yo soy anestesiólogo en estos momentos, con una experiencia de cuatro años como médico residente, más otros cuatro ya ejerciendo como tal.

En quirófano hay que tener precaución con cualquier paciente, pero siempre hay especial riesgo con el VIH. Además, los compañeros a veces dicen con mucha ligereza, medio en broma, eso de “a ver si vas a pillarte el sida”. Y yo pienso que si los sanitarios obvian en el lenguaje coloquial la diferencia entre tener VIH y tener sida, ¿qué puedo esperar del resto de la sociedad?

Además, nunca se considera que algunos de nosotros podemos ser seropositivos. La anestesia es una especialidad invasiva, tenemos mucho contacto con la sangre, pues pinchamos a los pacientes por vías centrales. Una vez, al poco de empezar el MIR, me raspé yo con una aguja que tenía que usar luego con un paciente. Y todo el mundo en quirófano dijo “no, da igual”, y yo, “pero, ¿cómo va a dar igual? Dame otra aguja.” Incluso entre sanitarios damos por hecho que estamos todos sanos, y eso no debería ser una premisa.

Mi miedo es siempre infectar a alguien, aunque obviamente es un miedo bastante irracional, porque tenemos todos los medios para que no ocurra. Como médico te puedo decir que es prácticamente imposible. Pero cuando tienes VIH siempre te queda la incertidumbre, no sólo en el trabajo, sino también cuando has tenido sexo con alguien. Sabes que no puedes transmitir, pero ¿cómo aplacas ese miedo inconsciente? Además, a mí tampoco me quedó muy claro cómo me infecté yo.

 

¿No tienes un relato de tu propia seroconversión?

No. Yo no soy de tener sexo sin protección. No tengo una explicación, un acto, un día, un momento, algo que contarme a mí mismo en plan “pues es verdad, se me fue la cabeza, hice esto o hice aquello”. No lo tengo. Había personas con quien tenía sexo regularmente y pensé que podría haber sido ahí. Como mi primoinfección fue sintomática, me hicieron la serología, que mide los anticuerpos, y me dio negativa. Pero como había sospechas, pues me hicieron la PCR, que detecta el virus directamente. La PCR no se hace en un principio, puede que porque es más cara, o por otras razones. En el período ventana no tienes anticuerpos y por eso la prueba serológica me dio negativo. Pero la PCR sí me dio positiva, porque, aunque estuviera en el período ventana, el virus ya es detectable. Claro, como mi primoinfeccción fue sintomática, yo podía calcular más o menos en qué tiempo fue mi infección. Pero la persona que yo pensaba que podría haber sido se hizo las pruebas y dio negativo. Así que me quedé con la duda. Quería saber cómo me infecté, no por culpar a nadie, sino simplemente por tener una explicación. Es importante para el proceso de aceptación.

 

¿Y cómo fue estudiar el VIH en tu formación médica?

En ese momento yo aún no era seropositivo. Pero sí es un tema que suele salir en exámenes y es bastante rentable estudiárselo a la perfección. Lo examinamos a fondo: desde la morfología del virus, cómo penetra, cómo afecta a la célula, el mecanismo de acción, la inmunidad, los fármacos, los efectos secundarios, las enfermedades crónicas asociadas, la definición de sida… Cuando me diagnosticaron, fui a revisar toda esa información, y es duro, porque sabes que todo eso que has estudiado te puede pasar a ti. Le di muchas vueltas. La ignorancia puede ser muy bonita, digamos. Pero claro, en mi caso el problema era diferente: el exceso de información. Y luego está el día a día en el hospital. Yo soy homosexual y mis compañeros lo saben. Pero el VIH es un tema aparte. Siempre está en el ambiente de alguna forma, cuando hay algún paciente que lo tiene, o cuando alguien se pincha accidentalmente. Yo creo que a mí me daría igual decirlo en algunos ámbitos de mi vida, como en Grindr. Pero en el hospital no lo puedo decir abiertamente. No sé qué consecuencias legales tendría, si me podrían quitar la licencia. Creo que no, pero no lo sé.

 

¿Cómo haces, entonces, para recoger la medicación, por ejemplo?

Yo no puedo ir personalmente a recogerla a la farmacia del hospital porque me conocen. Si no es uno, es otro, colegas o gente que simplemente me conoce de vista. Y no voy a bajar vestido de uniforme a recogerla. Tiene que ir mi familia. Y claro, eso implica darle más ocultismo del que ya de por sí tiene. A veces me dan ganas de mandarlo todo a tomar por culo y decir basta ya, tengo que vivir con esto y la gente tiene que aceptar que yo vivo con esto. Creo que si no fuera sanitario, lo viviría de otra forma, pero tampoco lo sé. Gracias a que soy sanitario yo lo entiendo de verdad como una enfermedad crónica más, que, si te controlas bien, no tiene mayor trascendencia. De hecho, médicamente, una hepatitis o una diabetes pueden dar más complicaciones. Mi doctora es diabética y me lo decía así.

 

Y más allá del ámbito profesional, ¿cómo lo has vivido?

Pues mira, yo no sé si tienes hipoteca. Te obligan a tener un seguro de vida, y tienes que mentir. Porque si dices que tienes VIH, no te dan el seguro y por tanto no te dan el préstamo. Ha habido proyectos de ley para acabar con estas cláusulas serófobas, pero el PP siempre las ha echado para atrás. Se buscaba que el VIH figurara como una enfermedad crónica más, como otras que no impiden tener un seguro de vida. Cuando compré la casa, hace tres años, sí que di con una aseguradora que te cubrían a pesar de tener VIH. Pero fíjate qué curioso, este seguro te exigía una nueva serología, conteo de CD4 y, atención, un documento de mi médica atestiguando que  no me infecté por uso de drogas. ¿Hola? ¿Cómo se demuestra eso? ¡Qué humillante! Pero bueno, se lo dije a mi doctora, y por supuesto me hizo el papel que la aseguradora pedía. Lo que pasa es que al final yo decidí no hacerme el seguro con ellos, y simplemente mentir al seguro del banco. No sé si has tratado este tema en tu blog antes, pero desde luego da para mucho, es muy importante. Es una forma en que a las personas de VIH se les usurpa el derecho pleno de acceso a una vivienda.

 

Por otro lado, ¿qué opinas de los nuevos medicamentos? ¿La PrEP?

Yo creo que la gente debe de ser consciente de que es un fármaco, y que sólo protege del VIH. Yo mismo tomo antirretrovirales porque no me queda otra, pero si uno lo va a tomar siendo seronegativo, al menos no creo que deba ser una decisión que se tome a la ligera. Obviamente todo el mundo prefiere follar sin condón, y también es verdad que hay gente a la que el condón no le funciona. Pero hay que ser consciente de la realidad: el condón es el método más fiable, el que protege de más posibles infecciones. Por supuesto no es 100% seguro, pero sí el más seguro. La PrEP podría ser una herramienta útil para alguna gente, concretamente para casos tipo pareja serodiscordante estable, y siempre sabiendo lo que es, sin banalizarla. El uso de PrEP sin condón con parejas ocasionales aumenta el riesgo de contraer otras enfermedades, y, por ejemplo, la co-infección de VIH y Hepatitis B puede ser mortal.

 

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