Hoy quiero dedicar este post a un término de gran auge en la actualidad, un término que considero de gran importancia debido a su correlación directa en la mejora del bienestar psicológico y por tanto en la mejora de la salud integral de los individuos, me refiero a la resiliencia, que se refiere a la capacidad de superación y fortalecimiento psicológico tras experimentar determinadas situaciones adversas a lo largo de la vida.

Cuando hablo de situaciones traumáticas, no me refiero a un golpe que sea de gran escala como un accidente o terremoto, que también puede darse, si no más bien a las situaciones cotidianas, continuas (discriminación en el entorno laboral, bullying, rechazo intrafamiliar, pérdida de algún ser querido, etc.)  recurrentes que impactan sobre nuestra trayectoria vital, y que repercuten en nuestro auto-concepto y creencias de valores, acerca de cómo somos y de cómo de confiables son nuestras relaciones interpersonales.

Cuando hablamos de personas resilientes, nos referimos a la combinación que se genera entre el sujeto y el ambiente o situación en el que se encuentra sumergido, por lo tanto, es un proceso dinámico, no es tanto el sujeto que es resiliente sino su trayectoria en el desarrollo vital.

Se puede afirmar que todos los seres humanos a lo largo de nuestra línea de vida experimentamos ciertas vivencias negativas, en mayor o menor escala que nos afectan emocionalmente y por lo tanto disparan nuestros mecanismos de defensa en un intento de asimilación y de poder encuadrarlo con el menor impacto posible, este tipo de respuesta es automática e inconsciente.

Sin embargo, no siempre el resultado es favorable o no todo lo favorable que nos gustaría que fuera, ya que en ocasiones, ese dolor y sufrimiento no termina de quedar en el pasado, y por tanto, interfiere en nuestro presente, aun habiendo pasado un largo periodo de tiempo, pensamos que todo va bien y que aquello que sucedió ya está superado, pero de repente aparece algún hecho que “reabre la herida” y nos llega a  limitar en nuestras acciones diarias, que además, en la mayoría de los casos no entendemos, ni ubicamos el por qué se nos dispara el cuerpo o  por qué reaccionamos con un nivel elevado de ansiedad, estrés, miedo e incluso pánico. Pero ahí estamos nostrxs manteniéndonos al pie del cañón, intentando tirar para adelante, pero sin saber ni cómo hacerlo.

Pero ¿Cómo logramos continuar para adelante? Gracias a este maravilloso constructo, la resiliencia, porque nuestro cerebro siempre va a intentar sanar. Y para esto el ser humano está capacitado con diversos mecanismos, tales como, modificar la forma de ver la situación, justificar y racionalizar, incluso la amnesia disociativa, nos permite mejorar ese malestar generado por los momentos negativos experimentados y poder ir aceptando y gestionando lo sucedido.

En todo este proceso también interfiere de forma directa el entorno o contexto donde nos encontramos sumergidos, es importante destacar una red de apoyo social adecuada o entidades y asociaciones como Imagina Más que mediante las diferentes atenciones y acompañamientos favorezcan fomentar la resiliencia o capacidad para reponerse sanamente, en el caso de que la persona por sí misma no se vea preparada y empoderada en un primer momento de cerrar totalmente la vivencia traumática.

¿Cómo trabajamos la resiliencia durante las sesiones terapéuticas?

Contamos con diferentes herramientas y estrategias eficaces que permiten re-procesar de forma personalizada las diferentes situaciones pasadas y que deje de forma definitiva de interferir en nuestro presente.

Por otro lado, hacemos mucho hincapié en potenciar y fortalecer habilidades de una personalidad resiliente mediante refuerzos positivos. Además, con la herramienta de “Gimnasia Emocional”, trabajamos estas habilidades:

  • Introspección: realizar un chequeo individual acerca de cómo somos y cómo nos sentimos, de cara a dar respuestas claras y honestas, ser congruentes con lo que pensamos y cómo actuamos.
  • Autonomía personal: Tiene que ver con la capacidad de saber poner distancia, tanto física como emocional, con respecto a los problemas y sin caer en el aislamiento. Potenciar una independencia saludable.
  • Interacción: capacidad para establecer relaciones interpersonales con otras personas, fortaleciendo la empatía y asertividad y sabiendo poner límites.
  • Iniciativa y disposición: Capacidad para hacerse cargo de las dificultades y problemas y controlar las riendas de tu vida.
  • Creatividad: Capacidad para conseguir metas y objetivos, transformar los problemas en desafíos.
  • Autoimagen: potenciar el yo con-migo, y deconstruir el yo contra-mí.

Mediante el trabajo terapéutico de estas habilidades favorecemos potenciar los rasgos de una personalidad resiliente y empoderada, ser más optimista, afrontar los retos, criticarse menos a sí mismas, estar más satisfechas con las relaciones, estar menos predispuestas a la depresión y ansiedad y por lo tanto mejoras un bienestar psicosocial de lxs usuarixs.

Desde mi experiencia clínica no deja de sorprenderme la capacidad que tienen lxs usuarixs de superación y de fortaleza después de haber transitado por un sin fin de experiencias traumáticas a lo largo del desarrollo de su ciclo vital.

Paula Saiz, psicóloga

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