Buceando por la red encontré un blog con información reveladora sobre el sufrimiento que muchas personas padecen por la falta de comunicación con su pareja. Esto me motivó a adaptar el interesante artículo de Lisa Haisha para el editorial que detallo a continuación.

Existe un término en Sociología que define aquella tendencia a analizar el mundo, entendiendo éste como nuestro entorno más próximo, o parte del mismo de acuerdo con los parámetros de la cultura propia. Me refiero al etnocentrismo, unas gafas cuyos cristales sesgan de algún modo nuestra percepción.

En la cultura occidental el matrimonio se entiende como resultado del enamoramiento de dos personas que deciden pasar el resto de sus vidas juntos en monogamia. Si nos quitamos esas gafas que desvirtúan la capacidad de entender las relaciones amorosas comprobamos como este concepto de matrimonio no siempre ha sido así. De hecho la versión moderna de matrimonio surgió tan solo hace un par de siglos en Europa.

El matrimonio antes y ahora

Antiguamente el matrimonio rara vez incluía relaciones afectivas o amorosas. Gran parte de los mismos eran pactados con fines puramente especulativos y estratégicos. Por otro lado en muchas sociedades eran permitidos matrimonio plurales, ya sea con varias esposas o maridos.

Como podemos comprobar, el concepto de matrimonio ha evolucionado -hasta hace poco tiempo en España era impensable que parejas homosexuales pudieran contraer matrimonio entre sí-.

Prestando atención a las cifras de divorcio en España, en 2012 se produjeron más de 100.000 divorcios, junto con la prevalencia de adulterio en muchas de las relaciones de pareja. Según algunas fuentes como Ashley Madison -portal virtual donde personas casadas buscan relaciones extra matrimoniales con otras personas casadas- los españoles estamos a la cabeza de Europa en infidelidad.

El adulterio o las infidelidades, a pesar de ser una realidad, continúan siendo un tema tabú. No se puede negar que cuando se hace algo a espaldas de otra persona se está obrando mal, al menos éticamente. Se está rompiendo un acuerdo, un pacto quebrantado con otra persona quien ha depositado su confianza y esto, sin duda, es hiriente.

En España, en el año 2010, según un informe elaborado por el Instituto IPSOS, el 21% de los hombres encuestados admitieron haber engañado a sus cónyuges una (8%) o más veces (12%). Respecto a las mujeres, admitieron haber sido infieles en una ocasión (14%) o sucesivas veces (5%).

Un dato curioso de esta encuesta reside en que una de cada cinco mujeres que no habían sido infieles cree que podría serlo algún día. Una conclusión cierra el informe afirmando que casi la mitad de los españoles (48%) cree que es posible amar a su pareja mientras se le es infiel.

Una institución que no es igual en todos lados

En otras sociedades como la japonesa, el matrimonio no sólo está basado en vínculos afectivos sino más bien es entendido como algo vital para mantener un estatus dentro de su entramado social. Por esta razón cuenta con una industria en auge sobre relaciones extra matrimoniales.

De nuevo la web Ashely Madison afirma que fue Japón el primer lugar del mundo donde consiguieron llegar al millón de usuarios. Respecto a la proporción de sexos por usuarios hay dos mujeres por cada hombre registrado en el portal. Es evidente que en la cultura japonesa, el concepto de matrimonio es visto de manera muy diferente de las creencias ampliamente sostenidas en Occidente, lo que demuestra que el matrimonio no puede ser un concepto universal válido para todos.

Por ello, tal vez haya llegado el momento de que el concepto de matrimonio siga evolucionando. Esto me plantea algunas cuestiones tales como «¿Puede una sola persona colmar a otra durante toda la vida?» o «¿Existen maneras alternativas de entender y vivir el matrimonio que garanticen su existo?«.

Hay variables que influyen en estos aspectos. La primera y puede que más relevante sea la esperanza de vida. Si una pareja se casaba con veinte años -relativamente tarde para determinadas culturas- su esperanza de vida se estimaba en diez ó quince años. En la actualidad contrayendo matrimonio con la misma edad se estima que se pueden superar los sesenta años. ¿Es realista pensar que dos personas puedan ser emocional, mental, física y sexualmente compatibles durante tanto tiempo?.

Rompiendo mitos culturales tomamos consciencia de que en el transcurso de una relación de largo recorrido se presentan diversas realidades sobre las necesidades humanas. Algunas serán experimentadas por tu cuenta, o por medio de experiencias con otras relaciones platónicas o románticas.

¿En qué deberíamos trabajar?

Tal vez ha llegado el momento de mantener una conversación contigo mismo y con tu pareja. El inicio de una conversación que permita comunicar de manera conjunta vuestras necesidades, estableciendo parámetros razonables y prácticos de lo que está y no está permitido en vuestro matrimonio.

Es un proceso creativo donde invito a quitarse las gafas que fuerzan a tener un concepto universal de lo que es la pareja socialmente perfecta para iniciar un viaje único paradiseñar vuestro propio modelo de pareja, única, honesta, real.

Dado que el matrimonio ha evolucionado tanto a lo largo de los siglos y que cada cultura tiene un concepto sobre él diferenciado incluso hoy en día, puede que esta institución milenaria deba continuar evolucionando. Tal vez la base del éxito en el matrimonio no debería ser si la pareja se mantiene monógama durante décadas, sino más bien si la pareja se comunica abiertamente sobre lo que es su matrimonio, lo que se considera aceptable y lo que no.

Hay muchas parejas que tras años de relación tienen claro que todavía se aman, se valoran entre sí como un sistema de apoyo y como amigos íntimos, pero no sienten atracción sexual entre sí. Otras sin embargo no sólo se apoyan y desean sino que además sienten atracción sexual hacía terceras ó cuartas personas.

También encontramos parejas que quieren repetir patrones hateropatriarcales esperando, de este modo, ser aceptados por los demás. En cualquiera de estos casos, todos pueden llegar a sentirse frustrados por las limitaciones impuestas sobre ellos por las expectativas tradicionales del matrimonio.

Tener ese tipo de apertura para mirar la relación es clave para la felicidad, la reducción de la vergüenza de ocultar tus deseos y necesidades ante tu compañero/a de vida. Si el matrimonio es una unión sagrada, se lo debemos a nuestro/a socio/a para ser honesto con ellos/as, por complicado que resulte el mero hecho de plantearlo.

Imagina cuántos divorcios y desamores podríamos evitar si nuestra cultura aprobara este tipo de comunicación abierta, dando la oportunidad al concepto de matrimonio a evolucionar en algo nuevo donde ambas partes puedan estar de acuerdo, aunque puede que no sea entendido ni aprobado por el conjunto de la sociedad.

Salud y sexo,

Por Iván Zaro