En la misma sangre que hospedo el virus del VIH, cargo (además de muchos sueños) el sentido de la integridad y la convicción de que la gran cura del sida es el combate al prejuicio.” Así comenzaba Ramon Nunes Mello una columna que hace casi tres meses publicaba la revista semanal Carta Capital, con motivo del 1 de diciembre, día mundial del sida. Llevaba por título “El sentido de la urgencia: la necesidad de conversar sobre el VIH.” La columna era un préstamo, pues normalmente la firma Jean Wyllys, el único diputado abiertamente gay en Brasil en estos momentos. Para el 1 de diciembre, Wyllys le cedió este espacio a Ramon.

Aquella publicación fue el trampolín que necesitaba para vivir su serología de forma política. “Decidí compartir públicamente mi diagnóstico porque tengo conciencia de que la visibilidad puede cambiar el imaginario social del VIH/sida. Necesitamos hablar más, sin tabúes, romper con la representación de que el VIH es igual a muerte, reforzar aún más los derechos ciudadanos de quien vive con el VIH. Es parte de mi naturaleza, hoy más que nunca, vivir de forma política. El silencio sería otra sombra, una forma de morir sin luchar.”

Ramon nació hace 32 años en la ciudad de Araruama. Hoy vive en Copacabana y cursa el máster en literatura brasileña de la Universidad Federal de Río de Janeiro, donde estudia a la poeta Adalgisa Nery. El diagnóstico le llegó en 2012. Cuenta que desde el principio sintió la necesidad de hablar públicamente del VIH, aunque necesitó un tiempo largo de intimidad y conversaciones con amigos y familia para ganar en confianza. El impulso definitivo le llegó leyendo al sociólogo y escritor brasileño Herbert de Souza, o Betinho, cuando dijo: “Tengo la convicción de que el sida, como todo en la vida, es un asunto político, y que la política del sida tiene que ser construida a partir de la esperanza y el coraje.” Con su visibilidad y exposición pública, Ramon se unía a la estela de otrxs activistas seropositivxs de Brasil, como Valéria Piassa Polizzi, Salvador Correa, Bruno Cattoni, Cazu Barroz, Mara Moreira, Rafael Bolacha, João Geraldo Neto y Diego Callisto.

unnamed-1

Esta idea de vivir la seropositividad de forma política genera algunas preguntas importantes. Hoy día, estando las cosas como están, el acto de hacerse visible es, sin duda, político. Parece que hemos firmado un pacto tácito: ‘El VIH está omnipresente, pero lxs seropositivos deben permanecer en silencio’. Darle la vuelta a esto es una posición radical, con consecuencias.

Ramon es poeta. Ha escrito Vinis mofados (2009), Poemas tirados de noticias de jornal (2011) y Há um mar no fundo de cada sonho (inédito, 2016), además de poemas sueltos en numerosas antologías. La poesía ha sido una aliada imprescindible para canalizar todo el maremoto de sensaciones que cualquiera experimenta tras el diagnóstico. “Enterarme de mi serología positiva hizo que me volcase aún más en la necesidad de entender mi subjetividad, y esto a través de la literatura y la espiritualidad. Toda palabra es un comienzo. Yo no creo que tenga que izar la bandera del combate al VIH en mi poesía. Pero sí puedo tratar el asunto de forma natural en mis escritos, sin tabúes.”

Ramon me concedió el privilegio de traducir uno de sus poemas:

 

 diálogo com William S. Burroughs

ser

extraplanetário

eu sou o outro você

in lak’ech ala k’in

transformo

objeto em sujeito

a linguagem

o verdadeiro

virus

diálogo com William S. Burroughs

ser

extraplanetario

yo soy otro tú

in lak’ech ala k’in

transformo

objeto en sujeto

el lenguaje

el verdadero

virus

 El lenguaje, el verdadero virus. Sea en la poesía o escribiendo un blog, o simplemente invitando a conversar sobre el tema, somos muchxs lxs que pensamos que el VIH se combate con la palabra. Imaginad un mundo donde nadie condenara moralmente el preservativo; donde cualquier seropositivx recibiera el apoyo de su entorno y no sintiera vergüenza de medicarse; donde lxs políticxs no hubieran perdido años y millones en fondos para la investigación por considerar que el VIH es un virus que contrae quien lo merece y no necesita tanta atención. Todo esto es cuestión de lenguaje. Por desgracia, aunque la investigación sigue avanzando, la conversación social en torno al VIH corre peligro de fosilizarse en muchos lugares, y en otros está a años luz de equipararse al ritmo que van los avances médicos. Conversar es urgente, como decía Ramon en su columna.

unnamed-2

Cuando yo mismo salí del armario del VIH para mis más cercanxs, alguien me preguntó: ¿Y vas a asumir el VIH como una identidad? Era una pregunta difícil en un momento en que apenas había compartido mi estatus serológico con tres o cuatro personas. Hoy que ya ha pasado un año de aquello, diría algo paradójico: a pesar de que cada vez escribo más y más sobre VIH, me involucro más y más, el VIH no es la identidad para mí, es sólo un fragmento más de quien soy. Sin embargo, sí me gusta referirme a mi estatus serológico como “soy seropositivo”. Hay más opciones: “vivo con el VIH”, “soy portadorx del VIH”. Ninguna de estas dos me convencen del todo. Yo vivo con mi marido, al VIH aún no le he visto el pelo; y lo de “portador” me hace imaginarme a mí mismo con una carretilla de aquí para allá transportando el virus. Va a ser que no. Me gusta “soy seropositivo” porque es una forma directa de decirlo, sin vergüenza. Ramon prefiere otra fórmula: “estoy seropositivo”. ¿Por qué?

“Porque antes de estar seropositivos somos individuos. Soy Ramon, brasileño, poeta, periodista, etc. Mi identidad está formada por tantas cosas, incluyendo mi cultura, mis creencias, y ahora la presencia del VIH. Prefiero afirmar: el sujeto soy yo, no el VIH. Sí se da una alteración de la identidad, pues hay un código de vida que debe ser respetado: ética, medicación, amor, salud. Pero el sujeto sigo siendo yo.”

El VIH es una condición extraña, un inquilino que no se ve. Yo sé que soy seropositivo porque un test así lo estipuló. Cuando decimos que somos/estamos seropositivxs, en realidad decimos que un test dijo eso, y que nos tomamos una o varias pastillas diarias, pero físicamente en muchos casos apenas hay cambios. Por otro lado, una vez que uno se hace visible como seropositivo hoy día, en estas circunstancias, ¿es posible no convertirse en activista? Somos tan poquitxs fuera del armario del VIH, que si no intervenimos en la conversación pública, al final las instituciones sanitarias, lxs periodistas, los gobiernos, etc. terminan hablando por nosotrxs, generalmente en forma de estadísticas.

Pues sí, ser seropositivx y visible es un acto político. Es poner cara e historia a lo que el resto del mundo sólo ve como un porcentaje, es tomar las riendas de nuestro propio relato.

¿Cómo reaccionó tu gente, y bueno, el país completo, cuando escribiste tu texto para la columna de Jean Wyllys? “La respuesta ha sido amorosa, muchas personas me buscaron para contarme su diagnóstico, para conversar. Si lo que escribí sirvió para ayudar a una única persona, ya me siento contento, pienso que lo importante es mostrar que no estamos solos, y más aún: que es preciso vivir bien, saludable y feliz. La visibilidad sirve de filtro, ahora sólo se me acerca quien ha dejado atrás los prejuicios”.

Una vez que unx sale del armario del VIH y que propone a lxs demás la necesidad de salir del armario para crear entre todos un imaginario del VIH hoy día, siempre se plantea la cuestión de aquellxs para lxs que la opción de la visibilidad no está disponible. Bien por dificultades emocionales, por estigma interiorizado, bien por presión externa, por riesgos tan palpables como perder el trabajo, involucrar a tu familia y temer represalias contra ellxs, o por vivir en un entorno completamente hostil al sexo y la salud sexual.

unnamed

No creo que todo el mundo tenga que ‘salir del armario’ del VIH, respeto a quien opta por el silencio. Lo hace quien quiere o quien puede, pero salir del armario del VIH supone posicionarse uno mismo contra sus propios prejuicios, y hay que prepararse para eso.” Siempre hay riesgos. No importa que vivamos rodeados de privilegios, con gente que nos apoya incondicionalmente. Hacerse visible siempre supone un riesgo. “La vida es riesgo. Obviamente, pensé mucho en los prejuicios que la visibilidad del VIH podría traerme. Conversé mucho con amigos, familias, pareja, y pensé mucho yo solo. Opté por mi libertad. Mi libertad de relacionarme sin miedo, de no tener que esconderme. De poder escribir sobre el asunto sin tabúes. ¿Cuál sería el riesgo, en mi caso? ¿De ser visto exclusivamente como portador del VIH? Puede ser. Pero yo sé lo que soy, cuánto valgo, cuánto amo. Ser consciente de esto me da fuerzas. Prefiero creer que corriendo ese riesgo podemos cambiar nuestra realidad para mejor”.

Entonces, ¿valió la pena la salir del armario del VIH?

“Como decía Fernando Pessoa, ‘Tudo vale a pena quando a alma não é pequena’. Sí, valió la pena“.

 

Me interesa qué piensas sobre este tema. Puedes escribirme abajo en los comentarios, en Facebook, o en amorsexoserologia@gmail.com

Éste es un post de ASS- escrito por Miguel Caballero para Imagina Más

 

 

6
Comments
  1. Te he leído con un nudo en la garganta, los médicos inhumanos frente al VIH están en todas partes, son como una plaga, yo también estuve con un señor rancio husmeando mi culo pero en España, estaba en esa misma posición que tu… y aunque no dijo palabra ni se dignó a mirarme a los ojos, sí me clasificó como una pieza de ganado, escribió en letras enormes y rojas «VIH+» en el volante en el que me envió a realizarme una colonoscopia, quizás lo mío es solo una anécdota pero vivir aquella situación recién diagnosticado de VIH fue todo un drama… las pruebas salieron negativas 😉

    Un abrazo y gracias por tus textos, son fuente de sabiduría, deseo leer muy pronto la segunda parte de este artículo pues tengo un médico de cabecera al que, por mi salud mental, debo mandar a la mierda.

  2. Miguel Caballero

    Gracias por leer el blog, Jose. Pues sí, aunque cuento mi historia particular, lo hago a sabiendas que va a resonar en muchxs de nosotras, porque continuamente me llegan historias de abusos así. Ojalá denunciáramos cada vez que ocurre, ojalá no nos dejáramos avasallar. Pero es difícil, las campañas del miedo a veces funcionan muy efectivamente contra nosotras. En fin, seguiremos deshaciéndonos de ese miedo y exigiendo respeto y dignidad.

    En breve posteo la segunda parte! Un fuerte abrazo y fuerza para contestar a ese médico que te agobia!

  3. Hola Miguel. Como te han bandeado los de Face, te contesto aquí, que hace mucho que no lo hago.
    Me encanta volver a leer cosas sobre ti escritas por ti. Es una delicia. Enhorabuena!!
    Me preocupa esa animadversión que muestras hacia lo médico, y lo farmacéutico, algo que en parte puedo estar de acuerdo (sobre todo en lo farmacéutico), pero que me da que es más una diferencia de sistemas de salud entre EEUU y aquí. Es como si en uno primas e lo económico, frente al sistema español que buscan el cuidado de la salud al menor coste, que pagamos todos.
    Lo que si me ha gustado ver es como en el trato médico paciente, EEUU y España somos primas hermanas. Es como si el concepto de «médico de familia» lo hayan interioridad tanto que se creen nuestros padres/madres. Me molesta, creo que como a ti, como se meten en temas de conducta utilizando como únicos argumentos sus propios prejuicios, sin darse cuenta lo realmente peligroso que es eso al impedir empoderar a la gente en su salud sexual, creando barreras entre la salud sexual y las personas que pueden necesitar de profesionales para cuidarla. Gran problema, en mi opinión.

  4. Miguel Caballero

    Hola, hola! Para mí sí que es un gusto leer tus comentarios! Gracias por pasarte por aquí.
    Como te decía por otro medio, con esta historia trataba de mostrar que en absoluto tengo animadversión a priori hacia los médicos; al revés, buscaba en ellos un refugio. El problema es que encontré una tortura más bien.
    Por supuesto que hay médicos de todo tipo, los hay excelentes y cómplices con las personas seropositivas. lamentablemente creo que de estos últimos no hay muchos; lo digo porque me animé a contar mi historia a partir de las muchas otras historias que ha oído estos años de otras personas que también se han sentido ahusadas en las consultas. Pero, como siempre digo, si alguien encuentro un médico de confianza, que se considere afortunadx y se aferre a él o ella.
    Yo creo que sin duda hay diferencias importantes entre el sistema estadounidense y el español. No obstante, hay algo en común que va directo al problema de la deshumanización que comento, y que es esa posición de autoridad que el médico tiene y que a menudo exacerba de forma autoritaria. En el texto hablaba de sentir que me trataban como si fuera un irresponsable así a priori, por ser seropositivo; me cancelaban el juicio.
    En fin, pienso que la medicina occidental necesita una buena dosis de democratización, de médicos y pacientes trabajando en equipo. Afortunadamente hay sanitarios trabajando en este sentido; no son muchos, pero son nuestra esperanza.
    Un fuerte abrazo, y gracias siempre no sólo por leer, sino por hacerme escapar de lo que podría ser un monólogo y convertirlo en una conversación en la que todos aprendemos.
    Miguel

  5. Javier Vázquez

    Lo que has pasado ya lo he leído como José. Eso ya desgraciadamente es inevitable. Y Ahora , en este momento ¿Como te encentras? Un abrazo enorme.

  6. Miguel Caballero

    Me encuentro bien! Gracias. Por supuesto todo esto deja secuelas emocionales y gran desconfianza hacia los médicos. Pero bueno, aunque entiendo que es un problema generalizado de la medicina, supongo que existen médicos con mayor sensibilidad, y espero poder encontrarlos. Un abrazo!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *