Ser mujer nunca ha sido fácil. Siempre hemos estado bajo la sombra de algún hombre o tuteladas por estos, ya hubiese sido nuestro padre o nuestro marido. Porque todo el mundo sabe que una mujer sin marido no sirve “ni pa´ vestir Santos”. Porque una mujer no tiene la capacidad real de valerse por sí misma y tiene que ser equiparada a un infante durante toda su vida. (sarcasmo modo on).

Porque una mujer no ha sido considerada nunca sujeto de derecho, es decir, se nos ha tratado como objetos. Y como tal, un objeto tiene que atraer. Un objeto tiene que ser deseado por el hombre para que este le elija. Por eso los spots publicitarios te venden el producto lo más visual posible, para que sea atractivo a la vista.

Es por ello por lo que una mujer ha tenido y tiene que ser atractiva bajo la mirada masculina. Una mujer tiene que ser consumible y carne de deseo del hombre cishetero promedio. El rol de mujer, de feminidad, se ha basado siempre en estereotipar la figura femenina.

Para ser mujeres tenemos que ser perfectas, y para ser perfectas tenemos que: tener la piel blanca, pero no mucho porque el bronceado es bonito. Ser rubias de ojos claros porque representa a la mujer delicada, como si las mujeres racializadas no estuviesen llenas de belleza. Esbeltas. Altas, pero no mucho, vaya a ser que eclipsemos la masculinidad de nuestra pareja macho, porque las mujeres tenemos que estar con un varón. Sin estrías. Sin celulitis. Sin granos. Sin vello facial. Sin michelines. De piel suave. Con pechos grandes, pero sin ser exuberantes. Cintura de avispa, fina. Con caderas anchas, pero no demasiadas, las justas para recrear la figura de reloj de arena y que no parezcas gorda (palabra tabú). Porque ser gorda está mal. Ser demasiado delgada también. Tienes que cuidarte la alimentación, pero tampoco ser una obsesa. Llama la atención, pero no destaques tanto, que los hombres van por delante. Destaca, pero no seas mandona. Sonríe, pero no seas tan entregada. Ríete, pero no muy alto que pareces una loca. No disfrutes de tu sexualidad o hazlo sin que se enteren porque sino eres una puta, pero tampoco te pases de mojigata. Frígida. Aprende a vivir sola, pero cásate y forma una familia. No seas muy histérica que quedas de loca, así que cállate que así estas mas guapa. Porque tienes que estar guapa siempre. Porque ser mujer se mide en lo guapa que eres. Porque ser mujer es ser perfecta a la vista.

¿Suena ridículo? Pues a las mujeres siempre se nos ha dicho cómo vestir, cómo actuar, cómo reír, cómo lucir y qué talla tener para poder ser deseables, para poder seguir encajando en nuestra sociedad con nuestro rol de mujer. Para poder seguir siendo consumibles por ese sector masculino al que nadie le ha pedido opinión, pero que la imponen porque mandan. Porque, al fin y al cabo, vivimos en una sociedad construida por y para los hombres y nosotras simplemente nos hemos tenido que adaptar a esta para poder sobrevivir. Porque por muchos derechos que hayamos conseguido (ser independientes económica y sexualmente, derecho al voto universal femenino, poder tener autodeterminación y capacidad jurídica, etc.), seguimos teniendo la presión enmascarada – y no tan enmascarada – de ser perfectas a la vista. Porque está muy bien estar a gusto contigo misma, pero ¿qué parte de la sociedad es responsable de que te guste verte mas X o mas Y?

Lo importante es ser consciente de que el canon de belleza establecido es irreal y muchas veces se tiene que recurrir a operaciones estéticas y dietas super estrictas que en vez de empoderarte te hacen el efecto rebote empeorando tu salud mental. Por eso cada persona es libre de hacer con su cuerpo y con su vida lo que le de la gana, pero también tiene la responsabilidad intrínseca de ser feliz, y eso comienza cuando dejas los estereotipos y cánones de belleza atrás y te aceptas a ti misma tal y como eres.

Porque no nos hemos pasado la vida luchando para ser independientes para seguir cumpliendo un estereotipo de belleza impuesta por la mirada del hombre cishetero.

Porque la felicidad comienza cuando dejas de depender de cómo los demás perciben tu físico y aceptas y quieres tu interior.

Porque la felicidad empieza cuando te quieres a ti misma.

Quiérete.

Nerea Criado, trabajadora social