Las personas heterosexuales existen. Son esas personas cuyas orientación sexoafectiva y conductas sexuales, en principio, no transgreden lo establecido por el modelo heteronormativo que impera en nuestra sociedad. La píldora anticonceptiva usada por muchas de esas personas (es decir, usada por muchas mujeres heterosexuales tanto en pareja como sin pareja) se asume, en general, como algo con sentido, algo que no levanta grandes sospechas ni rechazo en la mayoría de la gente. Para algunas de esas parejas o mujeres heterosexuales sin pareja sexual estable la píldora anticonceptiva está indicada, ya sea por criterios médicos o bien porque ellas mismas así lo consideran según sus situaciones particulares. Para otras parejas y mujeres heterosexuales sin pareja sexual estable la píldora no está indicada, ya sea por criterios médicos o porque ellas mismas no consideran que esa píldora sea apropiada para sus situaciones en particular. Y el mundo no se acaba por eso.

Pero, ¿qué es esa píldora, símbolo de liberación sexual que muchos consideran una herramienta útil para la salud sexual y reproductiva? Es un medicamento que usan mujeres con una vida sexual activa o muy activa antes de tener relaciones sexuales, independientemente de saber cuándo las van a tener y que tiene el objetivo principal de evitar que se produzca un embarazo. Puede tener efectos secundarios, algunos de ellos gravísimos, pero su uso está aceptado dentro de unos márgenes, controlado médicamente y razonablemente aceptado dentro de nuestra sociedad.

No acaba todo aquí: oh sorpresa, esas mujeres tienen a su disposición una alternativa mágica, sin contraindicaciones, sin desventajas, máximamente eficaz y que siempre funciona porque todo el mundo está en perfectas condiciones de usarlo como Dios manda: el preservativo. ¿Es el abandono del preservativo el objetivo de la píldora anticonceptiva? No. El objetivo de la píldora anticonceptiva es evitar que se produzca un embarazo. Dejar de usar el preservativo si se usa la píldora anticonceptiva es una consecuencia más o menos coherente pero no es su objetivo -conceptualmente hablando- aun cuando ambos sucesos vayan íntimamente ligados. En cualquier caso, el abandono del preservativo unido al consumo de la píldora anticonceptiva se juzga como normal, coherente y obvio.

¿Es eso una casualidad o es, más bien, la consecuencia de dar por hecho que el abandono del preservativo unido al consumo de la píldora anticonceptiva sucede solo en el ámbito de una pareja heterosexual cerrada? ¿Quién teme preguntar a los heterosexuales por qué dejan de utilizar preservativo, con o sin píldora de por medio? ¿Quién teme juzgarles por ello? ¿Es la íntima relación que existe entre “incidencia de infecciones por VIH” y “colectivo de hombres que tienen sexo con hombres (HSH)” el único hecho diferencial presente en los miedos y juicios que se hacen sobre el uso que esos hombres hacen del preservativo?

Tiene sentido que si un colectivo se ve mucho más afectado que otros por un problema de salud se tomen decisiones (y se forjen opiniones) sobre ese colectivo diferentes a las que se toman (y se forjan) sobre los colectivos menos afectados. No entro a discutir eso. Entro a negar que este hecho diferencial técnico sea el único factor que influye en las decisiones que se toman sobre unos y otros y en los juicios y opiniones que se vierten sobre unos y otros.

Para unos y para otros, pero más para unos que para otros, parece que la conclusión acaba siendo que prescindir del preservativo es algo que solo tiene justificación en el ámbito de una pareja cerrada. Pretender encontrar la manera de que esa realidad pueda extenderse a todas las personas, independientemente de sus prácticas sexuales, acaba pareciendo un reto totalmente innecesario. ¿Quién teme a la PreP? Temen a la PreP las personas que no dan importancia al sexo sin preservativo fuera de una pareja estable y cerrada. Es tan simple y tan complejo como esto.

¿Por qué una mujer sana y sexualmente activa usa un medicamento tan peligroso como la píldora anticonceptiva cuando tiene a su disposición una alternativa mucho más perfecta, como es el preservativo? Dicho de otra manera, ¿qué puede llevar a una mujer con parejas sexuales que van y vienen o a una pareja (heterosexual) estable a NO QUERER usar condón y lanzarse a los brazos de un medicamento cuyo objetivo es prevenir una situación indeseada que puede que se produzca o puede que no? Sin duda las mismas que pueden llevar a un HSH a plantearse el no uso del preservativo: tener una actividad sexual más satisfactoria y mejor (en cuanto a disfrute y salubridad) al margen de los fines reproductivos. O, lo que es lo mismo: muchos HSH no quieren tener hijos y no quieren infectarse de VIH pero quieren follar, follar mucho, follar de una manera diferente sin que el miedo y la culpa les coarten. O, al menos, se cuestionan si eso es posible y se plantean la importancia que puede tener el disponer de esa opción (recurran a ella o no).

Dejaremos a un lado el hecho de que la píldora que evita embarazos y la PrEP son sustancias diferentes, que pueden tener consecuencias diferentes en el cuerpo humano y que tienen objetivos diferentes (eso es algo que tiene que dirimir la medicina). Sin embargo, no dejaremos de lado lo que ambos medicamentos tienen en común: permiten tener relaciones sexuales disfrutadas, responsables y sin miedo, aun cuando eso pasa por el abandono del preservativo o, al menos, permiten no supeditar la salud al uso del preservativo. Por eso, la cuestión que hay que poner encima de la mesa es por qué la píldora que permite a los heterosexuales tener sexo sano (o razonablemente sano) sin preservativo es más aceptable que la píldora que permite a los HSH el tener sexo sano (o razonablemente sano) sin preservativo. Motivos médicos aparte, que sin duda hay que valorar detenidamente, existe un prejuicio heteronormativo y homófobo muy potente en aquellas personas que, de manera instintiva, se oponen a la PreP como a un anatema (mientras miran con indulgencia o indiferencia el uso de la píldora anticonceptiva).

Por Rafael San Román, psicólogo