Viernes 13 de Marzo del 2020. De la noche a la mañana tu vida se para, la tuya y la de millones de personas. Hasta ahora mirabas en la distancia lo que había pasado en China y en Italia y sin saber cómo ni por qué, de repente tienes la guerra a las puertas de casa. Lo que antes te parecía una película de ficción ahora es una realidad. Pero sigues sin creértelo, sigues sin ser consciente de lo que está ocurriendo, hasta que un día notas el silencio y el vacío. 

¡qué difícil es sentirse vulnerable! ¡qué complicado es sentirse impotente!. Impotente, porque mientras miles de personas libran esta guerra, poniendo sus vidas en peligro, tú te tienes que quedar en casa. Impotente, porque ves a personas muriendo solas, sin el calor de los suyos. Impotente porque ves a amigos perder a su padre, a su madre, a su hermano y no puedes estar ahí para darles un abrazo. Impotente porque hay gente que pierde sus trabajos, gente que no tiene para comer, gente que ni siquiera tiene una casa en la que quedarse. ¡No puedes hacer nada!, sólo quedarte en casa. Y es en estos momentos de fragilidad cuando toda nuestra forma de vida se derrumba. Nuestras prioridades cambian, nuestras necesidades ahora son otras, nuestros deseos no tienen nada que ver con los de hace una semana. Lo que ayer dábamos por hecho, hoy se vuelve más importante que nunca. Comer, abrazar, tocar, sentir, hablar, pasear, escuchar, compartir, sobrevivir. Y te emocionas aplaudiendo con todo el vecindario a todas esas personas que nos están salvando, y te sobrecoges viendo vídeos de las condiciones en las que están nuestro personal sanitario. Y te das cuenta que tus ídolos de ayer son producto de la imagen, los verdaderos ídolos son los que siempre han estado ahí trabajando para que podamos comer, curarnos, crecer, aprender,.. Y siempre han sido invisibles. De repente, todos nos damos cuenta del valor del trabajo de un enfermero, doctora, cajera, reponedor, camionero, policía, personal de limpieza, agricultor, etc.. La misma gente que repetidas veces, en las mareas blancas, manifestaciones de agricultores, etc.. han estado luchando por tener un sueldo digno, un trato digno y unas condiciones dignas y ¿dónde estábamos nosotros? dejándoles de lado porque estábamos demasiado ocupados con “nuestras cosas” La misma gente que cuando todo esto acabe, tendrán unas secuelas físicas y psicológicas terribles. Está muy bien aplaudir, está muy bien apoyar, está muy bien decir ¡sois nuestros héroes! ¡sois nuestro orgullo nacional! ahora mismo es lo único que podemos hacer. Pero esta crisis pasará y entonces estará en nuestras manos luchar por ellos, defenderlos. No podemos olvidar, no DEBEMOS olvidar lo que está pasando, porque esta situación no es sólo consecuencia de un virus, sino de todo un sistema. Un sistema diseñado para consumir, para querer más, para fomentar el ego, para deshumanizar, para nunca ser suficiente. Nos estamos cargando el planeta, nos están avisando de ello, lo vemos lejano, ajeno nosotros, lo mismo que nos pasó con este virus. Durante décadas, nuestro sistema sanitario ha sido desmantelado, sin que nadie hayamos hecho nada para impedirlo, porque aquí parece que somos inmortales, hasta que nos toca. Durante años hemos visto cómo los pobres son cada vez más pobres y los ricos cada vez más ricos, y no hacemos nada para pararlo, hasta que de repente se destruyen millones de empleos de un plumazo y nos toca. Durante años hemos visto cómo la gente huye de las guerras, intentando entrar en nuestros países, países que les dan la espalda y cierran sus fronteras, haciendo que miles mueran en el camino. Pero no hacemos nada porque la cosa no va con nosotros, hasta que nos toca. Los momentos de crisis sacan lo mejor de cada uno (aunque a veces también lo peor) lo podemos ver en las muestras de solidaridad de personas que abren sus casas a personal sanitario para que puedan dormir, o en personas cosiendo mascarillas día y noche para aquellos que las necesitan, gente que ofrece comida y bebida gratis a camioneros que no les queda otra que aguantar condiciones terribles para traernos la comida a nuestros supermercados. No olvidemos esto, por favor. No olvidemos que tenemos que luchar juntos, siempre. No olvidemos la gratitud, la empatía, las ganas de compartir, los cuidados. No olvidemos nuestro planeta, nuestra verdadera casa. No olvidemos a los animales, nuestros mares, nuestros bosques. Hay mucha gente malvada, hay mucha gente con mucho poder cuyo único interés es su propio beneficio. Pero nosotros somos más, y si queremos, si realmente nos lo proponemos, tenemos en nuestras manos el poder cambiar y mejorar o quedarnos como estamos. Pero no si continuamos dormidos, haciendo como si esto no fuera con nosotros. Hagamos que el esfuerzo de todas las personas cuente. Hagamos que todo lo que nuestros abuelos, que hoy están muriendo, que lucharon por la libertad, por avanzar, por darnos un mundo mejor cuente. Las excusas ya no valen, estamos al borde del abismo. Hagamos que el tiempo y nuestros actos cuenten.

Javier Vázquez

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