Como comentábamos en nuestro editorial del mes pasado «Las personas trans no son un debate«, últimamente en las redes abunda la transfobia. Este concepto, al igual que homofobia, lesbofobia o bifobia se escuchan frecuentemente. Quizás no tanto otros conceptos con menor recorrido histórico como pueden ser intersexfobia, queerfobia, acefobia o enebefobia. También podríamos hablar de un concepto genérico que sería LGTBIAQ+fobia. Pero, ¿cómo definimos esto?

El concepto LGTBIAQ+fobia hace referencia a todos aquellos sentimientos, actitudes y comportamientos negativos u hostiles hacia las personas que se identifican como LGTBIAQ+ o son leídas como tal. Es decir, al vivir en una sociedad sustentada en el binarismo de género (haz click aquí para saber más sobre el binarismo de género), todas las personas que transgreden de un modo u otro estas normas tan rígidas y limitantes son susceptibles de sufrir el impacto de la LGTBIAQ+fobia.

Entonces, ¿estamos hablando de una fobia como puede ser la fobia social o la fobia a las arañas? En un origen, el término se planteó así. Si bien es cierto que hoy en día resulta un tanto impreciso y controvertido ya que la emoción que predomina en la LGTBIAQ+fobia no es tanto el miedo sino más bien el enfado, el odio y la hostilidad.

Además de este término, existe otro que se utiliza sobre todo desde la Psicología y que se trata de LGTBIAQ+fobia interiorizada. Esto no es otra cosa que la asimilación, por parte de las personas LGTBIAQ+, de esta hostilidad, esta aversión y estos prejuicios sociales existentes hacia ellas y, también, del miedo al estigma asociado. Esto dificulta la aceptación e integración de la propia identidad, orientación y/o expresión de género. Puede manifestarse de formas más sutiles como, por ejemplo, la asunción de estereotipos negativos. O, de formas más explícitas, como pensamientos del tipo “ojalá fuese cis / heterosexual”, lo que puede llevar incluso a recurrir a terapias de conversión y similares o a vivir una vida de mentiras, autoengaños y mucho dolor.

Cada una de las diferentes subdivisiones conceptuales que hemos mencionado antes (homofobia, lesbofobia, bifobia, transfobia, etc.), cuando se presentan de forma interiorizada, conllevan una serie de violencias asociadas particulares, unos malestares y unos estresores específicos, así como una serie de procesos identitarios concretos. Sin embargo, podemos afirmar que aparecen efectos más o menos comunes como pueden ser niveles más altos de ansiedad, estrés, depresión, distorsiones cognitivas, deterioro de la autoestima o dificultades a la hora de vincularse con otras personas.

Por esto resulta tan importante reflexionar acerca de las formas, sobre todo aquellas que resultan más sutiles, en las que podemos estar experimentando esto para, con ayuda o sin ella, poder identificarlas, desmontarlas y vivir nuestra identidad, orientación o expresión de género de una forma lo más positiva, satisfactoria y libre posible.

Alba Alonso Montañés, psicóloga y sexóloga

0
Comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *