Desnudarse de prejuicios es un proceso constante. También es un proceso largo. Además, es un proceso difícil.

Es constante y largo porque no podemos evitar que constantemente se nos reproduzcan sobre tal o cual tema. Somos seres pensantes pero no podemos preverlo todo: el prejuicio es un mecanismo para intentar controlar lo que no podemos controlar y fingir que conocemos aquello que todavía no conocemos. Algo muy humano que conviene trabajar.

Es difícil porque implica cambiar. Cambiar nuestras opiniones y nuestras conclusiones, manejar el miedo a lo desconocido, plantearnos la posibilidad de que las cosas sean de una manera diferente a como nos hemos acostumbrado a pensar que son. En definitiva, desnudarse de prejuicios es difícil porque implica cambiar la persona que somos.

Todos tenemos prejuicios relacionados con el sexo. ¡Con múltiples temas que tienen que ver con el sexo! Por ejemplo, todos tenemos o hemos tenido prejuicios con lo que se entiende por »sexo seguro» (el prejuicio número uno es creer que existe algo llamado sexo cien por cien seguro, cuando en realidad el único sexo cien por cien seguro es el no-sexo). Todos tenemos o hemos tenido prejuicios respecto a las personas seropositivas, ¡maldita sea, si hasta algunas personas seropositivas tienen prejuicios respecto a otras personas seropositivas! Pero los prejuicios no nos salvarán.

Condón sombra corazón recurso

Lo que puede que nos salve, ya veremos, es aprender esa lección. Recomiendo a quien quiera leer sobre los prejuicios que no nos salvarán y sobre el mito del sexo cien por cien seguro que le eche un buen vistazo al blog ASS- Amor, Sexo y Serología, que Miguel Caballero escribe para la ONG Imagina Más. Ahí está todo.

Y de ahí una importante reflexión. La idea de que puede existir un sexo »seguro» que no incluya el uso del preservativo es realmente transgresora en el mundo de los hombres que tienen sexo con hombres. Es una idea relativamente novedosa, atractiva para muchos, subversiva para otros muchos, pero transgresora para todos ellos, porque rompe esquemas intensamente integrados  en nuestras mentalidades.

Nos cuestiona con todas las nociones que tenemos grabadas a fuego sobre el riesgo, la seguridad y el peligro. ¿Qué puede haber más transgresor que poner en tela de juicio algo que todo el mundo ha aprendido a considerar como la única vía posible de seguridad y, por tanto, de salvación?

Esta idea, por supuesto, tiene que ver con la PreP (profilaxis preexposición, un medicamento que evita la infección por VIH en personas que aún no se han expuesto al virus pero que podrían hacerlo). Sin embargo, no es la PreP la que está removiendo nuestras conciencias. La PreP transformará nuestra vida cuando llegue pero todavía no ha llegado para muchos. No. Es la simple idea de que la PreP se emplee masivamente, de que se instale con naturalidad en nuestras camas, lo que está haciendo que se tambaleen muchas conciencias. Es como un terremoto que, desde las profundidades de la tierra, va creando grietas y más grietas en las calzadas por las que hemos aprendido a circular.

Si está bien o no que se use PreP es otro tema, y bien largo. No importa ahora si una persona la usa o no. Es la idea de que la pueda usar lo que está trastocándonos a todos, porque amenaza con sustituir el paradigma actual sobre la seguridad y la salud en el sexo o, cuando menos, con modificarlo.

La sola idea de que alguien se plantee usar PreP es muy confrontadora para esa persona, porque tiene que decidir si va a agrietar el paradigma, si se va a revelar contra la tribu o va a permanecer fiel a ella y, sobre todo, sobre qué consecuencias tendrá eso para todos.  

Por Rafael San Román, psicólogo