Hoy quiero dedicar este post a una herramienta que utilizo con frecuencia en las sesiones terapéuticas, me refiero al maravilloso mundo de la Terapia Narrativa, un dispositivo de gran utilidad, que además podemos moldear y ajustar a prácticamente todos los públicos, porque al final, cuando trasladamos nuestros pensamientos, emociones e ideas al papel, todo se ve de otra manera, todo adquiere mayor sentido y supone una visión más detallada de las diferentes problemáticas y situaciones conflictivas experimentadas a lo largo de nuestra trayectoria vital, además de una mayor organización y planificación para conseguir objetivos a corto, medio y largo plazo, de lo contrario, tenemos todas nuestras cogniciones, ideas, sensaciones y emociones cogidas con pinzas en nuestro cerebro, que en determinadas ocasiones parece generar un “revoltijo de ideas desordenadas” que nos llevan a la confusión, atascos, bloqueos, fugas, miedo y ansiedad, en definitiva se hace más arduo el camino hacia nuestro bienestar y eficacia personal.

¿Qué es la terapia narrativa? ¿Para qué sirve?

La terapia narrativa se enmarca dentro de las sesiones terapéuticas, mediante las relaciones entre el psicólogo y el paciente (coautor), en el que el propio paciente cuenta con un espacio y un tiempo para dedicarse a sí mismo, esto es poder trabajar cualquier tema o situación que le perturbe de la forma más explícita y concreta posible, trasladándola al papel. De esta forma, a priori, vamos a conseguir dos cosas: Primero, colocar las ideas y segundo facilitar y generar narraciones alternativas ante lo que ocurre, con la intención de no verse limitado por su percepción de las dificultades.

La base fundamental de este tipo de herramienta se basa en desarrollar nuestra identidad, atendiendo a un chequeo personal acerca de cómo nos sentimos y lo que vivimos en el día a día, se encuentra totalmente vinculado con la percepción que tenemos sobre nosotros mismos, como nos contamos nuestra propia vida, teniendo en cuenta que está determinada por el paradigma que hemos creado sobre nosotros, por tanto, podemos modificarlo. Es crucial destacar la influencia de los condicionantes ambientales y figuras de influencia que han contribuido de forma implícita en el desarrollo de esta narrativa personal.

Uno de los objetivos principalesen este tipo de terapias es la “no culpabilización”de los pacientes, ya que se asume la posibilidad de narrar una experiencia de múltiples maneras, lo que permite generar diferentes alternativas (donde antes sólo parecía existir una).

Desde esta perspectiva no se admiten discursos inflexibles o excluyentes sobre lo que ocurre, y se potencia la necesidad de desarrollar discursos narrativos diversos, dinámicos y abiertos al cambio, que le permita introducir modificaciones, darles más importancia a determinados apartados y restársela a otros, no culpabilizando al individuo sobre cualquier conflicto o dificultad que se desarrolle a lo largo de su vida.

Por lo que este tipo de terapias, como técnicas son muy útiles, facilitando el análisis de los pensamientos y las emociones tras experimentar procesos complicados, introduciendo nuevas perspectivas de vida, y minimizando el impacto a través de una nueva narrativa.

¿Cuál es el rol del psicólogo en este proceso?

Mediante la utilización de esta herramienta, el paciente que asiste a la consulta va a implementar una narración alternativa a la que ya está viviendo mediante el acompañamiento del profesional.

Las principales funciones del psicólogo:

  1. Favorece el establecimiento de una alianza terapéutica en la que su propio punto de vista no es impuesto por el paciente.
  2. Escucha activa, identificación y reconocimiento del estilo narrativo que el paciente hace que su historia se desarrolle.
  3. Formula interrogantes y procura aportaciones para ser recogidas y reformuladas por el paciente, no para ser aceptadas sin más por este.
  4. Aceptar críticas y quejas del paciente sobre las sesiones terapéuticas y no tomárselas como algo personal.
  5. Reconocimiento y refuerzo positivo ante aquellas narraciones alternativas en las que el paciente le da menos peso al problema.

Paula Saiz, psicóloga

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