Las nuevas tecnologías han cambiado a pasos agigantados nuestra forma de relacionarnos, tanto en nuestra vida cotidiana como en nuestra forma de ligar.

Hoy en día disponemos de un sinfín de portales web y redes sociales, para todos los gustos y aficiones, que nos permiten estar en contacto con millones de personas de todas partes del mundo: Facebook, Twitter, Instagram, Pinterest, Mobli, Grindr, Wapo, Wapa, Scruff, Chueca, Bakala, Tuamo, etc…

Todos conocemos el gran valor de estas nuevas herramientas, y nos encanta compartir nuestras fotos de comida, con amigos, mascotas, viajes en nuestras redes sociales. Sin embargo, pocas veces nos paramos a pensar en los problemas que nos pueden acarrear si no hacemos un uso responsable de ellas.

Es cierto que por la red abundan personas que difunden discursos de odio contra determinadas personas o colectivos, son los llamados trolls, y todos hemos sufrido algún encontronazo con ellos ya sea por nuestro origen, gustos, físico… y cómo no, lamentablemente también por la orientación sexual o identidad de género.

Pero cuando un trolleo esporádico comienza a repetirse y perpetuarse en el tiempo, hay que ponerle freno cuanto antes. Aunque pudiéramos pensar que hemos dado pie para que suceda, ninguna razón justifica el acoso.

El sexting como puerta del ciberacoso

El sexting consiste en el envío de fotos o vídeos de tipo sexual producidos generalmente por el propio remitente, a otras personas por medio de teléfonos móviles. Vamos, lo que muchas personas hacemos cuando utilizamos aplicaciones o portales web destinadas a buscar un rollete o pareja.

En la mayoría de las ocasiones no tiene por qué ocurrir nada. ¡Bueno, sí! Si tenemos suerte habremos acabado echando un polvete, o en un bar contándonos la vida o sino, no habrá feeling y cada uno seguirá a lo suyo. Lamentablemente, no todo el mundo es de fiar, ni todo el mundo actúa de buena fe.

En el peor de los casos podríamos encontrarnos con varias situaciones bastante comprometidas, dependiendo del nivel y tipo de información compartida, algunas son:

  • Pérdida de los derechos sobre las fotos: Cada vez que compartimos una foto o vídeo en redes sociales, debemos tener muy claro que esa imagen deja de pertenecer a nuestra vida privada y que puede caer en malas manos. Para empezar, al compartir una foto, estás dando permiso al medio social para usarla a nivel mundial. Así mismo, dependiendo de los ajustes que tengamos puestos, este material podría ser accesible por cualquier persona. Esto puede ser un fastidio e incluso podemos perder el control del contenido compartido aunque, normalmente, esto se soluciona eliminando el material.
  • Violación de nuestra intimidad: La cosa se complica si el material que hemos compartido puede comprometer nuestra intimidad, como por ejemplo, fotos con desnudos, actos sexuales, orientación sexual, estado serológico, etc.. En este caso, otras personas pueden llegar a enterarse o ver cosas que no queramos que vean.

No obstante, la situación más indeseable y arriesgada que puede ocasionar el sexting es el ciberacoso o cyberbullying. Si tenemos la »’mala suerte» de dar con una persona cuyos motivos son más perversos, podemos llegar a sufrir acoso e incluso a ser sobornados a cambio de no hacer público aquello que nos pueda comprometer.

Hemos visto muchas veces en las noticias como cada vez son más los jóvenes que sufren ciberacoso o bullying a través de Internet, pero también pasa con los adultos. Se han dado casos de personas que han llegado a publicar conversaciones y fotos de sus víctimas con el fin de humillarlas o agredirlas. En casos extremos, como ocurre actualmente en Rusia, hay grupos organizados de personas que se dedican a contactar con homosexuales desprotegidos para luego grabarles mientras les dan palizas y luego publicar los vídeos.

¿Qué puedo hacer para evitarlo?

Lo primero es tener cuidado con la información e imágenes que comparto. No podemos desconfiar de todo el mundo, siendo honestos, si lo hiciéramos nadie utilizaría las redes sociales. Pero sí podemos controlar lo que compartimos:

  • Nunca compartas datos bancarios con nadie y sé precavido a la hora de compartir datos personales.
  • Si vas a compartir fotos sexuales intenta que no se te reconozca del todo.
  • Si tienes VIH, compartir tu seroestatus con la otra persona es una decisión tuya, siempre y cuando vayas a tomar precauciones no tienes por qué preocuparte. No te fíes de todo el mundo, se han dado casos de personas que han hecho público el seroestatus de otros en redes sociales. Si lo vas a decir, mejor hazlo en persona, así no tendrán prueba alguna.
  • Siempre es mejor veros por webcam que compartir fotos, para empezar porque las fotos no siempre dicen la verdad y porque no estarás dejando rastro alguno.
  • Si tu pareja sexual te propone grabaros un vídeo en pleno acto sexual, piénsatelo dos veces y si accedes, intentad que no se os vean los rostros. De esta forma podréis evitar actos malintencionados.
  • Ante cualquier agresión, no elimines las pruebas y acude a la policía. Ellos sabrán cómo ayudarte. Si eres menos, comunícaselo a tus padres primero, no dejes que la otra persona te haga chantaje, tu salud, integridad y libertad están por encima de la vergüenza que pueda darte tener que contárselo.
  • Si ves que alguien está suplantando tu perfil, denúncialo a la web o aplicación.
  • Búscate a ti mismo de vez en cuando en Internet para ver si aparece algo que no te cuadre.

Si has experimentado o experimentas actualmente una situación de acoso en la Red, ignora, bloquea, pide ayuda y denuncia como nos enseña este vídeo de Pantallas Amigas

Vídeo: ¿Cómo actuar ante el ciberacoso?

Por Javier Vázquez