Ernesto se dio cuenta de que su hija era transexual desde muy pequeña. Pero lo supo al cien por cien cuando empezó a hablar, a verbalizar su deseo.»Ahora tiene seis años y viste cómo lo que es, una niña». «Es una de las excepciones que tiene la naturaleza, que es así de maravillosa y diversa», nos cuenta en el Diario.

Desde haces unos meses han iniciado el proceso de transición, comunicándoselo a familiares, amigos, su pediatra y en el colegio. Todo el mundo la ve ya en femenino. «Hemos tenido suerte y la aceptación ha sido muy buena, quizá yo mismo fui el que tuve que deshacerme de etiquetas, esas que dicen que la transexualidad es algo marginal, o que mi hija iba a tener una vida llena de sufrimiento», relata Ernesto. Porque sobre este colectivo sigue existiendo mucho desconocimiento. Y el desconocimiento es el que conduce a la intolerancia. «Solo mediante la normalización se conseguirá que no haya rechazo», dice Ernesto.

«A la gente le sorprende que desde tan pequeña hayamos dado el paso, pero tú la conoces, tú la has parido, y la vas viendo, ves que no es algo pasajero, no es que tenga tendencia hacia lo femenino, es que es una niña», cuenta Ernesto. La identidad sexual la sabemos desde muy pequeños, «a los que nos cuesta a lo mejor es al resto, ellos lo tienen muy claro».

Ernesto ve a su hija más contenta, más ella misma desde que han iniciado la transición, «es importantísimo que ella se pueda expresar cómo quiera, que la apoyemos, que fomentemos que sea ella misma, necesita el apoyo de su gente y dejarle desarrollarse libremente». Cuando le dicen que es un padre valiente, él dice que no, «los valientes son ellos». Los cobardes son los prejuicios.

Todo mi apoyo a Ernesto por la aceptación de su hija y por hacer que una niña de 6 años viva su identidad de género acorde a la sociedad, padres así son los que valoran y entienden el sentimiento del ser humano.

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