Es un hecho que la niñez, muchas personas, la siguen viendo como una etapa de vulnerabilidad en la que lxs niñxs no son consideradxs como seres conscientes y responsables, que no tienen una conciencia sexual ni de género e, incluso, para muchos profesionales y activistas trans*, son consideradxs como insuficientemente madurxs para tener conciencia de su identidad. Esto da lugar a que hablar de transexualidad en la infancia no esté bien visto e incluso se crean argumentos en contra de dicha aceptación. Pero ¿sabéis qué? Esto está cambiando, cada vez vamos a mejor, pero no porque hayamos evolucionado y ahora lxs niñxs también pueden ser trans*, sino porque nuestro concepto sobre esta etapa está cambiando. Ahora se ve a la niñez como un espacio social en el que estxs son propixs, por lo que sus relaciones como los adultos también se están viendo transformadas. Si encima, a esto, le añadimos un conocimiento de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y de la Declaración de los Derechos del Niño; niñas y niñes incluidos, podremos ver que estxs tienen derecho a ser nombradxs y tener una identidad.

Como consecuencia de este cambio que la sociedad está experimentando, han surgido conceptos como diversidad de género, creatividad de género, género independiente, entre otros, que hace referencia a todas las experiencias que lxs niñxs, como sujetxs sexuadxs, tienen, porque no hay que olvidar que la sexualidad es ese conjunto de experiencias. Siguiendo con los conceptos mencionados, gracias a estos, la norma de género se está viendo afectada originandose nuevas expresiones de género que van más allá de los límites encasillados en hombre-mujer, hasta existe el punto de rechazar este binarismo de género, dando lugar a una despatologización de las identidades no normativas, puesto que ya no se ven como una disforia ni enfermedad.

No hay que tener miedo ni dejar de lado los casos de transexualidad en la etapa de infantil. La mayoría de personas desean saber el sexo de su hijx; sus genitales, para comenzar ya a comprarles cosas de “niños” o de “niñas”, para pensar en una educación basada en la fuerza o en la delicadeza, etc., pero la mayoría no se paran a pesar si han de ser esxs hijxs los que de verdad tienen que conocerse, aceptarse y, sobre todo, disfrutarse. Tampoco os quedéis con la imagen de que todx niñx que se salte las normas de género tiene que ser trans* u homosexual, por ejemplo, ¡NO!. Las conductas están impulsadas por la curiosidad y la necesidad de experimentar y probar, pero pueden ser perfectamente conductas puntuales. Si un niñx es trans* verás que expresará el malestar con el sexo asignado, el del nacimiento, de muchas maneras, e intentará que se le trate conforme al sexo asumido. Esto último puede variar porque tenemos que tener en cuenta el malestar que estx tenga, su timidez, la confianza a la hora de ser aceptadx, etc.

Son muchos los programas ya implantados dentro de las escuelas para acompañarles durante el proceso, hay un gran trabajo detrás de todos ellos. No tengan miedo, si tienes conocimiento de alguna vivencia trans* en la niñez puedes hacérnosla conocer, ayúdales, hagamos que esa transición, o simplemente, esa identidad, sea lo más positiva posible.

            Cada viviencia, proceso y experiencia serán únicos.

Cecilio Marín, estudiante de sexología.

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