La esterilización forzada de mujeres con VIH no reduce la tasa de VIH. Porque «esterilizar” al mensajero no va a acabar con la epidemia del virus. Y menos cuando el mensajero está respondiendo a uno de los instintos más fuertes de nosotros los mamíferos. Reproducirnos. Esterilizar a la fuerza a una mujer con VIH sólo provoca mayor transmisión del virus que causa esa enfermedad. Porque las mujeres van a seguir queriendo tener hijos. Y si no las dejan, lo van hacer igual pero a espaldas de los servicios de salud. Y si las mujeres no confían en los servicios de salud, las cosas se salen de madre. Nunca mejor dicho.

Qué es la esterilización forzada

Sketch de Hannah Straw

La esterilización forzada es aquella en la que se esteriliza a una persona de manera obligada (forzada) o sin su consentimiento. Y no es algo nuevo o antiguo, para nada. Indígenas en Perú, discapacitados mentales en Estados Unidos, gitanos en Suecia. Todos la han sufrido en sus carnes. Del polo norte al polo sur. Blancos, negros, amarillos, rojos y rosas. Desde vasectomías a los machos hasta ligaduras de trompas a las hembras. Pasando por “arrancamiento” de úteros los que tenían prisa por acabar cuanto antes.

Mujeres VIH positivas esterilizadas

En relación al VIH los casos se dan en mujeres, probablemente porque es un virus que se puede transmitir de madre a feto. Aunque hay que recordar que con los avances médicos de hoy en día, si se sigue el tratamiento adecuado la posibilidad de transmitir el virus al bebé es nula. Actualmente, aunque sea una práctica fuertemente criticada a nivel mundial, siguen apareciendo mujeres VIH a las que se les impide volver a reproducirse sin su consentimiento.

«No existe justificación para la esterilización forzada de las mujeres que viven con el VIH. Con el acceso al tratamiento antirretrovírico, las mujeres que viven con el VIH pueden seguir teniendo una vida saludable y productiva y dar a luz a hijos sin el VIH. No alcanzaremos nuestros objetivos comunes para la respuesta al sida si la gente pierde la confianza en el sistema de atención sanitaria debido al miedo a la coacción.

Michel Sidibé, director ejecutivo de ONUSIDA

Un par de casos reales

El caso de una mujer chilena a la que le ligaron las trompas sin su consentimiento ha pasado a la historia. No por ser el único o el primero, sino por haber sido aceptado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en el 2014, 5 años después de que la justicia chilena lo archivara. Se convierte así en el primer proceso legal en Latinoamérica directamente relacionado con la justicia reproductiva de mujeres VIH. Casi nada. Por cierto, que los laureles se los llevan la ONG estadounidense Centro de Derechos Reproductivos y la chilena Vivo Positivo.

Las mujeres en México la tienen cruda hoy en día. Por suerte son guerreras natas y la pelean, pero la tienen cruda. El informe de Amnistía Internacional,  «El Estado como aparato reproductor de la violencia contra las mujeres»,  habla de la violencia obstétrica. Este término se refiere a la que sufren mujeres embarazadas y que en México, sucede con demasiada frecuencia. Ya sean burlas, decisiones sobre el parto en las que no participan o incluso negación de tratamientos. El informe relata que las mujeres con VIH la sufren un poco más, pues son culpables de dos pecados. Tres. Nacer mujer, preñarse y tener VIH. Y se resalta el caso de una chica VIH a la que el médico le obligó a ligarse las trompas y de paso le echó una bronca a la madre, no se sabe muy bien porqué.

Lecciones desde Namibia

Ya se publicó en el 2010 pero el informe «Make it everyone´s business» sobre la situación en Namibia es muy completito. Lo realizaron entre la Namibia Women´s Health Network, la ONG sudafricana AIDS Legal Network y la muy activa red mundial Athena Network. Este informe nace fruto del estudio durante unos años de esterilizaciones forzosas en Namibia durante unos años, y ha sacado información muy valiosa. Por un lado se ha entendido cómo suceden las esterilizaciones y dónde. Por otro, ha servido para sacar a la luz este problema y llamar la atención internacional. Pero lo más interesante para mi es que ha servido para buscar soluciones y elaborar un «manual de buenas prácticas» sobre la coordinación y entendimiento para la buena salud reproductiva y sexual de mujeres VIH de Namibia.

Y a modo de conclusión

No sé en qué momento de la historia hemos pasado de ser diosas dadoras de vida, y otras cosas hippies, a no poder decidir si damos vida o no. No lo entiendo. Porque no es una cosa de aislada de uno u otro lado del hemisferio, es global. A veces no podemos abortar, o no nos venden la píldora del día después, o no nos dejan embarazarnos. O queremos usar preservativo pero no podemos porque al tonto de turno no le da la gana de usarlo porque le quita sensibilidad. Por cierto que eso le pasa al cerdo también, si el veterinario usa guante de látex no eyacula.

O simplemente no queremos tener hijos y en las bodas alzan las cejas y exclaman ¡oh my dear! cuando lo decimos. Y bueno, lo de dar pecho ya es la leche, nunca mejor dicho. Nos miran mal si damos pecho pero nos miran bien si llevamos un escote hasta el ombligo. Aunque si somos hombres que nos ponemos escote hasta el ombligo igual también nos miran mal. O si somos dos hombres que queremos tener un hijo y darle mucho amor, no nos dejan porque somos dos hombres que nos damos amor. En fin, que no llueva a gusto de todos, pero que llueva por lo menos.

Gracias por leer y si te gusta, ¡comparte!

 

0
Comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *