En las últimas semanas he escrito varias veces de forma crítica contra campañas de salud sexual que nos interpelan imperativamente para señalarnos cómo tenemos que follar (aquí y aquí). Y ahora vengo yo con un post, igual de imperativo, pidiendo a otrxs seropositivxs que os visibiliceis, diciendo cómo tenéis que llevar vuestra condición médica. ¿Y esto, por qué?

Me explico por partes.

Antes que nada, me gustaría que vierais este video. Lo grabamos mi marido y yo hace cinco años para colaborar con la campaña It gets better, un proyecto que consiste en crear una galería de videos de hombres y mujeres LGTB mayores, que contaran a otrxs LGTB aún adolescentes que las situaciones difíciles por las que están pasando mejorarán con el tiempo, que todxs pasamos por ahí. Son videos de emergencia, mientras conseguimos acabar con el bullying. El proyecto nació a partir de una oleada de suicidios de chicos y chicas LGTB en Estados Unidos, que habían sido acosadxs en sus centros de estudios. Estamos hablando de finales de 2010, principios de 2011. César y yo acabábamos de celebrar nuestro cuarto aniversario.

Ahí va:

Hay un par de cosas que me gustaría que observarais con atención:

  • Minuto 3.23. César comienza a hablar de su ex-novio y a mí me sale risa irónica y mirada del tigre. :)
  • Minuto 4.25. Aquí está lo importante. Si os fijáis bien, todo el video está grabado ininterrumpidamente, menos aquí, que hay un corte. Es un corte hecho desde el miedo. Una incisión, una herida.

Ahí llevábamos cuatro años viviendo a 6000 kilómetros de distancia, y no por capricho. Por razones laborales, César sólo podía estar en Estados Unidos (en Boston, en esos momentos); y por razones políticas, yo no tenía derecho a inmigrar, a pesar de estar en una relación de largo plazo con un estadounidense. Una ley de los 90, DOMA (Defense of Marriage Act), que se suponía creada para proteger el matrimonio tradicional (otra vez ese verbo odioso, «proteger», ¿proteger de qué?), no me permitía solicitar una visa de fiancé, que está accesible para cualquier extranjerx comprometido a casarse con un ciudadano estadounidense, como era mi caso. Disponible para cualquier extranjerx heterosexual, claro. Yo soy gay.

Como empezamos a salir muy jóvenes, yo apenas estaba en mi segundo año de universidad, tampoco tenía un curriculum y una experiencia como para que una empresa estadounidense me contratara por delante de ciudadanos estadounidenses. No existíamos para el Estado, éramos dos amigos que se habían conocido en un viaje a Madrid, y se visitaban a menudo (muy a menudo). 5 años y medio en total pasamos viviendo en diferentes continentes, viendo a parejas heterosexuales en nuestra misma situación conseguir visas facilísimamente. Nosotros optamos por pelear en silencio. Jamás levantamos la voz contra DOMA, no nos unimos a ninguna organización, no escribimos a periódicos, ni nos manifestamos. Vivimos nuestra frustración a solas, lloramos a solas, nos peleamos a solas. Nuestra lucha consistió en prometernos el uno al otro que si la relación se acababa no podía ser por la distancia, pues no era algo elegido, sino impuesto por un mundo que convertía su homofobia en ley.

No obstante, hubo un intento de excepción a este silencio: el video de arriba.

Acabábamos de celebrar nuestro cuarto aniversario, pero yo me volvía a Europa en un par de días, así que estábamos particularmente sensibles. Desahogamos todo en el video, la rabia de que una ley dijera que nuestra relación no valía, que no teníamos derecho a vivir juntos por ser dos hombres.

Al final lo borramos. Ése es el corte que veis en el minuto 4.25.

¿La verdad? Teníamos miedo. Yo ya había pasado por varias experiencias malas en inmigración, al entrar por el aeropuerto, alguna incluyendo dos horas retenido, ya entrada la madrugada. Durante esos años, yo no podía decir al agente de inmigración que venía a ver a mi novio estadounidense porque ellos consideran que tener un novio aquí es una razón de peso para quedarme ilegalmente. Jamás pensé en quedarme ilegalmente, pero no me dejaban otra opción que mentir, si quería seguir viendo a César y mantener a flote nuestra relación. Contaba que venía de visita. Pero cuando la visita es varias veces al año, por uno o varios meses cada vez y durante varios años, como es normal comenzaban a sospechar y yo a pasarlo mal en los controles. Me podía el miedo a que un día ya no me dejaran entrar. Una vez que tienes un rechazo de ese tipo en tu historial, difícilmente vuelves a poder acceder al país. Así, 5 años y medio. Cuando grabamos este video, íbamos por el cuarto.

Borramos ese trozo del video porque yo me sentía infinitamente vulnerable. No tenía ninguna evidencia de que la situación iba a cambiar pronto, no tenía dinero para pagar abogados, ni conocimientos profundos de cómo funciona el país y su sistema de inmigración. Por más que leía y me informaba, siempre hay algo que se te escapa de un lugar en el que no vives. Era siempre un visitante, un extranjero desesperado por poder tener lo que la mayoría de las parejas dan por hecho: la presencia física de tu novio. Me sentía débil, expuesto, con mucho que perder y con pocos recursos de los que tirar.

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Cinco años después, hoy, vivimos juntos en Nueva York. Yo conseguí una plaza de doctorado, y pude venir patrocinado por mi universidad.

He querido comenzar este post por aquí para dejar claro que mi petición de visibilidad la hago a partir de que comprendo perfectamente a quien no puede o no tiene fuerzas para hacerlo. Yo estuve en esa posición durante mucho tiempo. Sabía de parejas peleando abiertamente contra DOMA, pero yo no lo hice. Tenía mis razones.

Ahora, sí me gustaría pedir que todxs lxs seropositivxs que lean esto consideren su situación y evalúen si tienen oportunidades para hacerse visibles como tales. Es urgente. Los avances médicos continúan, pero socialmente estamos aún casi en el grado cero. La sociedad no sabe de nosotros, las campañas de salud sexual rara vez nos muestran, la gente nos tiene miedo, desconocen por completo nuestra situación. Podemos pensar en la responsabilidades que gobiernos y otras instituciones han tenido en nuestro silenciamiento, pero no es eso lo que me interesa en este post. Lo que me interesa es hablarte directamente a ti, de seropositivx a seropositivx, y pedir que unamos fuerzas para crear juntos los nuevos imaginarios del VIH, siguiendo la estela de todxs lxs que lucharon antes.

No se trata de repudiar la imagen del pasado del sida, ni mucho menos. Esa imagen de cuerpos débiles, atacados por el sarcoma de Kaposi y derruidos por enfermedades oportunistas somos también nosotrxs. Lxs que murieron de esa forma están en el centro mismo de nuestra experiencia, porque si hoy estamos vivos y con un pronóstico de vida largo y bueno, es por ellxs. Que no se nos olvide. Nosotrxs también somos los 80. El imaginario que hay que cambiar es otro: el de que contar que eres seropositivx sea un acto morboso que otrxs hacen por ti, un chismorreo de las revistas del corazón que se enriquecen con nuestros informes médicos y nuestro miedo, una persecución judicial por parte de unx amante dolidx que te acusa de exponerlx al virus, una pareja rota porque es incapaz de verte más allá de tu status serológico, una señora en bata blanca que te dice que si eres seropositivx es porque te lo has buscado. Ése es el imaginario que hay que cambiar.

No somos peligrosos, tenemos sentimientos y derechos, y no queremos renunciar a nada.

No voy a olvidar aquella ocasión en que, cuando yo tenía 7 u 8 años, escuché a un familiar lejano, mayor, un abuelo, cebarse con chistes y comentarios despectivos contra «los maricones». Su hija le reprochó que fuera tan homófono, cuando él mismo tenía un amigo gay. «Sí, pero a él lo conozco personalmente, y sé que es buena persona», respondió el homófobo. Ése es el problema que tenemos hoy lxs seropositivxs: no nos conocen, no tenemos voz. Existimos en abstracto, la gente no sabe de nuestras historias, no tienen ni idea de qué significa el virus hoy, de cuáles son los riesgos reales. Y la ignorancia crea monstruos. Los armarios y el silencio crean los monstruos que hacen que lo pasemos tan mal al recibir nuestro diagnóstico. Los monstruos que hacen que aunque lxs médicxs nos mantengan con vida muchos años, nosotrxs decidamos morir socialmente porque pensamos que nadie va a querer ser nuestra pareja, que nuestrxs amigxs nos van a dar la espalda, que nuestra familia nos va a juzgar. Al carajo con todo eso.

No, no pido que nadie haga el kamikaze. Hay muchas razones de peso que hacen imposible la visibilidad: un entorno hostil a la sexualidad, implicar a otras personas, perder un trabajo. Debemos ser solidarixs con lxs que están en esta situación, nuestra visibilidad debe ser una forma de hacérselo más fácil a ellxs.

Pero somos muchxs otrxs los que no estamos en situaciones tan extremas.

Con una premisa: siempre hay riesgos. No importa que vivas la vida más privilegiada, unx seropositivx siempre se expone a muchos riesgos al hacerse visible, a veces riesgos muy jodidos. Te cuento algunos de a los que yo me expongo por escribir este blog:

  • Sigo en un proceso migratorio, renovando visas de residencia y trabajo, en un país -Estados Unidos- que hasta ayer (2010, poco antes de cuando grabamos el video de arriba) prohibía la entrada a seropositivxs y, por supuesto, les negaba sistemáticamente todo derecho migratorio. Si yo hubiera sido seropositivo cuando conocí a mi chico -hoy marido, fuck you DOMA, we won-, nunca hubiera entrado en este país. Escalofriante pensarlo así.
  • Estoy acabando mi doctorado y en breve inicio la búsqueda de un puesto de trabajo académico. Hay universidades muy liberales y muchas otras que no lo son tanto. No sé cómo esto puede afectar un proceso de selección. Da miedo.
  • Siempre, desde el día uno, mi marido y yo quisimos ser padres a través de la adopción. Si ya es complicado adoptar en general, súmale que somos gays, y súmale que yo soy seropositivo y visible. Sin duda, esto me lo va a hacer mucho más difícil. Pero voy a dar la pelea.

A estas tres cuestiones puntuales mías hay que añadirle todo el estigma social al que, como cualquier otra persona, estoy expuesto. Con esto quiero decir que optar por la visibilidad no es gratis para nadie; hay riesgos reales, algunos muy duros, y la ansiedad que comportan.

Pero merece la pena. Y lo necesitamos.

A veces tengo la impresión de que muchxs de nosotrxs hemos enterrado nuestro estatus serológico como un secreto en lo más profundo de nuestro ser y estamos en un rincón esperando que llegue la ansiada cura, nos curemos, y nos reincorporemos al mundo como si no hubiera pasado nada.

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Al DOMA le ganamos. Ganémoslo también al estigma del VIH.

Pero, ¿la cura de qué? Puede que un día nos curemos de este virus, pero ¿quién nos curará y quién curará a esta sociedad de la serofobia, el pavor a las enfermedades en general, el machismo, la homofobia, la transfobia, la intolerancia, la discriminación, el fanatismo, la intransigencia, el silenciamiento, la vergüenza, el miedo, el asco?

Si un día nos curamos del virus, y no hemos hecho nada para curarnos de todo lo demás, será una oportunidad perdida.

Sé que el parte médico de cada unx es una información íntima, privada. Pero lo mismo decíamos cuando nos resistíamos a salir del armario como homosexuales: «a nadie le interesa con quien me acuesto». Bueno, la cuestión era que ser homosexual iba mucho más allá de acostarte con X o Y. En España, durante años salimos del armario masivamente. Es cierto que hoy siguen los problemas, por ejemplo, con el ascenso vertiginoso de ataques físcos a homosexuales en los últimos meses. Pero es obvio que estamos en un mundo completamente distinto que hace un par de décadas. Yo quiero lo mismo para la seropositividad; quiero que en unos años compartir el estatus serológico no sea una hecatombe, no te miren como si fueras un mutante, tengamos más aliadxs, el mundo sepa cómo vivimos. Estoy convencido, además, de que eso ayudará a combatir la epidemia, aunque nos quieran hacer creer lo contrario.

Que no nos convenzan de que nuestro silencio y nuestra invisibilidad es beneficioso para la salud pública, porque eso es una aberración.

Pero eso te pido que, si puedes, #VIHsibilizate. Con tu familia, tus amigxs, tus compañerxs de trabajo.

Si quieres, ASS- puede ayudarte a ello. Como sabes, aquí comparto historias personales mías, pero también trato de crear un mosaico de historias de seropositivxs de todos los sexos y condiciones, que viven en cualquier lugar del mundo, y que han optado por vivir su seropositividad de forma visible. Por ejemplo, Yina, Mariana, Dani, Xiana, Ramon, y más que vienen en camino. Escríbeme (amorsexoserologia@gmail.com) y contemos tu historia a medias. Hablaremos y escribiremos sobre lo que a ti te interese, y tú aprobarás el texto final antes de publicarlo.

Un pelagatos como yo escribiendo un blog no cambia mucho. Necesitamos un movimiento de visibilidad global, de gente que diga al mundo que no tiene ni vergüenza, ni asco, ni desprecio alguno de sí mismx por ser seropositivx. Que nadie merece una enfermedad, y que estamos dispuestxs a pelear juntxs contra los retos sociales que implica.

Te adelanto lo que va a ocurrir al hacerte visible: un pequeño terremoto. Tu entorno estará confundido, te harán preguntas, habrá algún rechazo, habrá algúnx aliadx incondicional. Y luego pasará, se relajará, en general la gente entiende y se acostumbra. Lo que pensamos que va a ocurrir suele ser mucho peor que lo que en realidad ocurre. Irás por el mundo con la cabeza alta por tu valentía, y la gente sabe reconocer esa valor.

Creemos redes de apoyo globales, simplemente para hablar, para contarnos cómo va con nuestro entorno, para darnos fuerzas.

Escríbeme.

Seamos la generación que acaba con el estigma.

 

Éste es un post de ASS- escrito por Miguel Caballero para Imagina Más