Cuando desde Imagina Más trabajamos día a día con el colectivo de mujeres trans, nos damos cuenta de todas las desigualdades a las que este colectivo se enfrenta en diversos ámbitos de su vida (laboral, social, familiar…). Muchas de ellas se encuentran sin tarjeta sanitaria por lo que ante la necesidad de entrar en un proceso de transición recurren a la automedicación, protagonizada por el intercambio de productos que provienen de un mercado sumergido y que tienen una repercusión nefasta en la salud de las mismas, otro de los grandes aspectos que las mantiene en la línea de exclusión es la falta de trabajo debido a que por un lado, las situaciones de acoso son comunes en mujeres trans, por otro, la gran discriminación de una sociedad que continua siendo patriarcal y heteronormativa y que definitivamente las evoca a ejercer en la prostitución.

Afortunadamente, en este momento hay leyes que protegen la dignidad de este colectivo y la población ha sido educada para, por lo menos saber, que «no está bien» discriminar a alguien por ser transexual.

En este artículo no pretendo extenderme tanto en exponer todas las desigualdades a las que por desgracia se sigue enfrentando este colectivo, sino más bien a reforzar un autoconocimiento a nivel personal y de autocuidado hacia nosotras, como motor percusor y como toma de conciencia, de que si realmente pretendemos mejorar en muchos aspectos de nuestra vida, no se nos puede olvidar que el cambio empieza por nuestro mapa mental que es lo que posteriormente proyectaremos con nuestra conducta.

Por tanto, este artículo pretende centrarse en el cambio de prisma a nivel personal e individual para que exista un autocuidado y mimo de nosotras y para nosotras que sirva como motor o raíz y nos dote de poder.

Muchas veces estamos aferradas a la «zona de confort», porque es la que conocemos, es nuestra rutina y como nuestro cerebro ya la conoce está cómodo en repetir los mismos patrones constantemente, él nunca nos dirá «Pepita vamos, muévete, lánzate, cambia estos patrones de conducta que aunque sean los habituales no te están produciendo un bienestar personal»

Por lo que el primer paso que debemos hacer es reflexionar sobre lo que realmente somos como personas, y seres especiales, ya que no hay nadie igual, cada una de nosotras somos únicas e irrepetibles.

Una vez que tenemos localizado lo que somos y lo que queremos conseguir nos debemos estructurar metas realistas, pequeños objetivos muy concretos, porque cuanto mejor definido esté el objetivo menos miedo nos dará lanzarnos a conseguirlo, digamos que es el primer paso, tendremos un pie fuera de la zona de confort, un pie fuera de esa zona da habituación y rutina a la que estamos acostumbradas a permanecer.

¿Por qué nos cuesta tanto salir de nuestra zona de confort?

Porque no estamos dispuestos a pasar por «el miedo«, y es que salir de la zona de confort o expandir la zona de confort no es tan sencillo, tiene un coste y depende de una primera decisión: Levantarse y transitar en busca de una salida. Tratar de adquirir una “disciplina de poder”. 

En Imagina utilizamos las sesiones terapéuticas para explorar “el miedo al cambio”, buscando las fantasías que nos incapacitan, que nos bloquean, y por lo tanto nos limitan. En este proceso de búsqueda exploraremos los modos en que realimentamos el miedo y perpetuamos la limitación. De la mano del miedo, es frecuente encontrarnos con “la fidelidad al sufrimiento”, una reacción adquirida como mecanismo de defensa y que resulta muy tóxica en nuestro día a día. Reiterar el daño suele ir unido a la sensación de lealtad, lealtad a nuestra propia historia y a nuestros propios mitos.

Tenemos las gafas con las lentes de la crisis, que nos ponen problemas y nos empiezan a suscitar una gran cantidad de estrés, el estrés nos pone el cuerpo en estado de defensa, porque hay dos opciones «te pones a pelear o huyes«. Sin embargo, también podemos y debemos utilizar las “nuevas gafas” y pensar, «ya me he puesto bastante tiempo las gafas oscuras voy a probar con las nuevas gafas que tienen lentes de oportunidades«. Porque las oportunidades están ahí pero, ¿Qué ocurre cuando nosotras estamos en estado de estrés?, nada se queda adherido en el cerebro, nosotras en estado de estrés literalmente nos embrutecemos.

¿Por qué? porque la gerencia o locus de la atención está hacia el problema, pero cuando nos cambiamos el prisma de las gafas, empezamos a transitar otras opciones…La buena noticia es que la realización personal empieza desde tu propia realidad y por tanto no importa en la situación en la que estas hoy (sin dinero, sin empleo, pérdida de un ser querido, emocionalmente cansado…)

Las conductas aprendidas tienden a repetirse de forma continuada, porque nuestro cerebro ya las conoce, y para él lo cómodo es no gastar más energía. Por lo tanto si no tomamos conciencia de ellas y de que son automáticas seguiremos repitiendo el mismo patrón de conducta.

Debemos comenzar con una toma de conciencia, momento «clic». Usamos el término «clic» como la llave que abre hacia una posibilidad nueva en la vida de sus pacientes y da vida a la propia psicoterapia.

En este momento, podemos subrayar las conductas defensivas y los modos en los que el sufrimiento toma forma en las personas que atiende.

Utilizaremos la psicoterapia para explorar “el miedo al cambio”, esa lucha por intentar salir de nuestra zona de confort, pero que al mismo tiempo suscita pánico, vulnerabilidad…etc. nos genera un nivel elevado de ansiedad.

Como hemos mencionado antes, para llegar a la reparación se requiere un paso previo “un clic”, “una toma de conciencia”, “una nueva vivencia”. Todo ello con el fin de ser capaces de saltar las resistencias y reorganizar los modos repetitivos de hacer y pensar la vida y las relaciones.

Paula Saiz, psicóloga