Es casi imposible hablar de empoderamiento sin mencionar las desigualdades y mucho menos la exclusión social. La palabra de empoderamiento ha sido utilizada por diferentes movimientos sociales como un proceso de interiorización del propio poder para hacer frente al sometimiento en el que nos encontramos ante diferentes formas de opresión. Dentro de este contexto, el feminismo es uno de los movimientos que ha enfatizado la necesidad del empoderamiento de las mujeres. Al fin y al cabo, se requiere un movimiento de las posiciones sociales nunca visto y ahí entra el empoderamiento como uno de los procesos necesarios para no reproducir y mantener las desigualdades.

El empoderamiento es un término complejo de describir ya que es multidimensional (facultativa, bienestar, relacional, transformadora etc.) y multinivel (individual, comunitario y social). Y a su vez se compone del término de poder un término estudiado por su propia complejidad ya que es una relación, pero a su vez compromete a la estructuración misma de la subjetividad de las personas. En definitiva, se puede entender de muchas maneras aquí lo vamos a entender como un proceso de facultarnos y habilitarnos para vivir siendo reconocidas y valoradas en la sociedad.

En ese proceso de empoderamiento hay una parte dentro de la subjetividad en la cual nos facultamos, nos habilitamos, es decir, nos damos nuestro espacio, nos permitimos y, en definitiva, nos concienciamos de que tenemos derecho a tener derechos.

Para llegar a ese punto cada persona utilizará diferentes caminos y lo que nos pueda ayudar también variará, al final el empoderamiento es un proceso que lo vivimos de manera individual a lo largo de toda nuestra vida.

Si bien, un punto en común durante este proceso se encuentra en nuestro autoconocimiento, en permitirnos espacios que escuchemos nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, así como nuestras experiencias. Y ahí, ya existe un mundo por descubrir por muchas mujeres debido a los mandatos sociales, ya que significa dedicarnos un tiempo y un espacio a nosotras y no a otras personas. Es decir, dentro de las sociedades en las que nos construimos interiorizamos unas normas de género que se podrían considerar una distorsión de la realidad, pero que se convierten en verdades que construyen nuestros valores, pensamientos, actitudes etc. y dentro de esos mandatos a las mujeres se les ha asignado y hemos asimilado un rol centrado en los otros, a través de los cuidados, del amor o incluso entregando nuestro deseo al otro.

De ahí, esa importancia del empoderamiento y de renegociar y adquirir diferentes roles a través de los cuales nos veamos a nosotras mismas y en relación a otras personas como personas partícipes de la sociedad, con los mismos derechos y con nuestras propias particularidades.

En este mismo sentido, volver a apoderarnos de nuestro deseo, es un punto de partida muy interesante y quizá necesario para poder desarrollar esas cualidades de las que se menciona en el empoderamiento como la toma de decisiones, la autodeterminación o la autonomía. Pero el haberlo entregado históricamente a los otros el deseo, significa también descubrir aspectos personales poco conocidos, pero a su vez muy facilitadores que marcan el punto de partida.

Por último, se ha hablado del empoderamiento individual principalmente, sin embargo, este proceso individual sin el reconocimiento social es más difícil de sostenerlo, es decir, creer que si quieres puedes se puede convertir en una trampa dentro del proceso ya que tenemos nuestros propios límites y también obstáculos sociales. Sin embargo, es ahí donde el empoderamiento comunitario y/o grupal se vuelve el encaje perfecto entre el individuo y la sociedad. Esto quizá tenga ahora un mayor valor, ya que estamos en una época de crisis en la que han sido necesarias las ayudas comunitarias, así como la conexión con personas de nuestro entorno. Lo que nos invita a pensar con mayor cautela y con humildad el papel del empoderamiento individual y si se puede pensar en este poder vital sin considerar el poder grupal y social, así como las limitaciones y obstáculos estructurales tanto de la sociedad como de las personas.

Miren Zuazua, psicóloga

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