A lo largo de la historia de la humanidad, la migración ha sido una expresión valiente de la determinación individual de superar la adversidad y buscar una vida mejor.

En la actualidad, la globalización, junto con los avances en las comunicaciones y el transporte, ha incrementado en gran medida el número de personas que tienen el deseo y la capacidad de mudarse a otros lugares.

Esta nueva era ha creado retos y oportunidades para sociedades en todo el mundo. También ha servido para subrayar el vínculo que hay entre migración y desarrollo, así como las oportunidades que ofrece para el codesarrollo, es decir, para la mejora concertada de las condiciones económicas y sociales tanto en el lugar de origen como en el de destino.

La migración atrae en la actualidad cada vez más atención. Mezclados con factores de incertidumbre, urgencia y complejidad, los retos y dificultades de la migración internacional requieren una mayor cooperación y una acción colectiva.

La migración en muchas ocasiones no es elegida. En muchos casos existen personas que se ven obligadas a huir de su país por diversos motivos: guerras, situaciones políticas, delitos de odio, desastres naturales, etc.

Estos motivos generan la posibilidad de acceder a protección internacional debido a que muchas de estas personas se han visto sometidas a torturas, amenazas contra su vida, situaciones de violencia indiscriminada continua, etc.

La protección internacional da derecho a condición de asilo y refugio y es un proceso largo, por el cual tiene que pasar la persona migrante que cumpla ciertos requisitos. Las personas solicitantes de asilo reciben una tarjeta roja, un documento provisional que les autoriza a permanecer en España hasta que se resuelva su solicitud. Cada seis meses debe renovarse esta tarjeta hasta su resolución definitiva. El carácter provisional y el desconocimiento de la ‘Tarjeta Roja’ por parte de la sociedad, incluso de la propia Administración, dificulta la integración y cierra muchas puertas en el acceso al empleo, la vivienda, la sanidad y otros servicios.

Las personas solicitantes de asilo tienen derecho a la protección del Sistema de Acogida e Integración, pero los plazos de la Administración para poder acceder se dilatan en el tiempo. Es por ello que muchas personas se ven obligadas a vivir en situación de calle. A lo vivido en el país de origen, se suman esta extrema vulnerabilidad, donde además se pueden enfrentar a situaciones de violencia por su orientación sexual e identidad de género.

Estas personas se han visto obligadas a marcharse y abandonar lo que han construido a lo largo de su vida. El proceso de asilo no es fácil emocionalmente por la gran incertidumbre que genera. Al temor real por la propia vida se le suma el desarraigo que produce saber que no podrás volver.

Hay países en los que la vida de las personas LGTBI+ no tiene valor. Son asesinadas y maltratadas con total impunidad. Algunas llegan a creer o sentir que son inferiores, indignas y que no se merecen el reconocimiento de sus derechos. Llegan, incluso, a renunciar a su propia identidad. Otras consiguen empoderarse y vivir según su identidad sexual, convirtiéndose en referentes para otras personas.

Algunas personas LGTBI+ ejercen un fuerte activismo en su país para defender sus derechos, no solo del colectivo, sino también del conjunto de la ciudadanía. Esta importante lucha pone en riesgo sus vidas y les obliga a salir del país.

Existen países en los que la expresión de la identidad de género o la orientación sexual está penalizada. Para personas que huyen de estos lugares, observar la libertad para las personas LGTBI+ aquí es una ventana abierta a la esperanza. Sin embargo, las personas racializadas pueden sufrir otro estigma que no habían experimentado. En España ser mujer, negra y LGTBI+ debería ser una potencialidad de la diversidad, pero, habitualmente, se convierte en una triple discriminación.

El VIH es una realidad invisibilizada en el mundo. El desconocimiento social y la carga moral incrementan el rechazo y el aislamiento. A esto se suma que el acceso limitado a tratamientos en algunos países es un factor de riesgo para la propia vida. Ser LGTBI y vivir con VIH supone un doble estigma que aumenta la invisibilidad.

Las personas trans sufren una especial situación de persecución, incluso en países donde las leyes protegen o garantizan derechos del colectivo LGTBI+. Ven negados derechos humanos fundamentales, llegando a ser asesinadas con total impunidad. El acceso al mercado laboral es una utopía para ellas. Para que nos hagamos una idea de la dimensión de este problema, entre el 1 de enero de 2008 y 30 de septiembre de 2019 fueron reportados 3314 homicidios de personas trans y género-diversas en 74 países en todo el mundo.

Las personas LGTBI+ solicitantes de asilo y refugio, merecen un reconocimiento de su identidad y de su vivencia, no solo por parte de la Administración en la concesión del asilo, sino también por la ciudadanía.

En los casos en los que no se acepta la solicitud de asilo, la personas permanece en el país de acogida como persona inmigrante en situación administrativa irregular, condición que supone una desprotección frente a cualquier tipo de violencia ya que se encuentran sin posibilidad de denunciar estas situaciones por miedo a una posible deportación. Esta situación lo hemos presenciado a través de diferentes acompañamientos cuya finalidad era interponer una denuncia por agresiones y si no hubiese sido por nuestra mediación, el/la denunciante hubiese acabado en un Centro de Internamiento para Extranjeros, viendo vulnerados todos sus derechos.

Más de la mitad de las personas usuarias en intervención de Imagina MÁS son migrantes de países en los que la libertad de las personas LGTBIQ+ tiene un gran camino por recorrer a nivel legal y social.

Una vez que llegan a España las expectativas referentes a la vivencia de su diversidad de forma plena no se ve materializada por diferentes barreras, siendo éstas parte fundamental de intervención dentro de Imagina MÁS.

En Madrid se ha producido un importante avance en la visibilidad, aceptación social y en el logro de un marco legalque garantiza al menos en teoría la igualdad. Pero, aun así, no podemos todavía afirmar que vivamos en una sociedad que verdaderamente valore y garantice el respeto ante todas las diversidades. Desgraciadamente, también aquí escuchamos y padecemos episodios de rechazo, agresiones, discriminación y acoso y estos son más significativos y graves cuando se trata de personas vulneradas socialmente.

Ser inmigrante dentro del colectivo LGTBIQ+ incrementa los riesgos de vulnerabilidad y exclusión social. Son personas que se ven obligadas a huir de su país por su orientación sexual y/o identidad de género. En la actualidad 72 países criminalizan a este colectivo.

Tratar a los migrantes con dignidad es requisito indispensable a la hora de tratar la migración, debe ser el punto de partida. La migración es el gran asunto de nuestra era, se trata de una lucha por la dignidad porque permite que las personas elijan salvarse a sí mismas, les permite escoger formar parte y no aislarse.

Debemos dignificar esas elecciones mostrando respeto, y la manera de hacerlo es tratarles con dignidad por haber tomado las decisiones que han tomado. Por ese motivo, en la celebración del día internacional de las personas migrantes, desde Imagina MÁS hacemos un llamamiento para que la migración sea un derecho esencial, segura y digna para todos los seres humanos.

Teresa Navazo, trabajadora social

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