El 23 de septiembre es el Día Internacional de la Bisexualidad que se celebra desde el año 1999 por iniciativa de tres activistas bisexuales llamades Wendy Curry de Maine, Michael Page y Gigi Raven Wilbur. Ese mismo año en la XXII conferencia de International Lesbian and Gay Association celebrada en Johannesburgo, las tres activistas reivindicaron el reconocimiento de la bisexualidad como una orientación y no como una etapa de transición. La elección de esta fecha hay quien dice que se debe al día que falleció Sigmund Freud, la primera persona que estudió la bisexualidad. Sin embargo, en una entrevista realizada a Gigi Raven Wilbur, menciona que se debe a tres razones principales: porque es el mes que nació Freddie Mercury, porque el 22 de septiembre es el equinoccio, lo que para Gigi en la comunidad pagana representa según sus palabras the calling out, y porque es el cumpleaños de Gigi.

Sin embargo, este día no sólo se busca, obviamente, visibilizar la bisexualidad tal y como sucede con todas las reivindicaciones sociales que buscan el “dar voz”, sino también la ruptura de muchas creencias y mitos que reproducen la bifobia y oprimen la libertad y las vivencias individuales de las personas bi. Estos tópicos sobre la bisexualidad que estigmatizan ya se publicaron y compartieron desde Imagina Más en el siguiente enlace https://www.imaginamas.org/inicio/topicos-sobre-la-bisexualidad/. Si bien, se observa que varios de estos tópicos se repiten continuamente, ya que, se cree que es una etapa entre la heterosexualidad y la homosexualidad o, dicho de otra manera, una negación de la homosexualidad. Es decir, se ha creado la falsa idea de que sólo existe una orientación que es la heterosexualidad y si no eres heterosexual eres “lo contrario”, es decir, homosexual. Así, a la bisexualidad, al encontrarse fuera de la dualidad homosexualidad-heterosexualidad, ni si quiera se le permite existir porque se considera una transición, una negación, un capricho, una moda, etc.

Además, cabe mencionar y señalar las diferencias de género que se observa en las personas bisexuales en función de si se les “lee” como hombre o como mujer. A los hombres se le categoriza como gays encubiertos y cobardes por no decir abiertamente su orientación. Por ello, se les juzga doblemente tanto por personas heterosexuales como por el “colectivo homosexual”. Por otra parte, en el caso de las mujeres a veces he leído que hay más mujeres bi y que está más “aceptado”, dudo que esto sea cierto. Quizá, esa supuesta aceptación puede que esté más influida porque satisface los deseos sexuales de ciertos hombres y de ahí su hipersexualización.

Unido a esta dualidad y a la invisibilidad de las personas bi que también se da dentro del colectivo LGTBIQA+, según Michael Page, uno de las tres activistas que promovieron este día y creador de la bandera bi, comentaba en una entrevista que por su propia experiencia muchas personas bi no se sentían identificadas ni con la bandera LGTBIQA+ ni con el movimiento. En este punto, el cuestionamiento y la ruptura de los mitos se vuelve necesario, pero también puede ser el momento para la reivindicación que históricamente se ha planteado de la descentralización del movimiento LGTBIQA+ y del activismo.

En otra entrevista Wendy Curry, la tercera activista que promovió el día internacional de la bisexualidad, mencionaba lo siguiente cuando se le preguntó por cuál era la mayor amenaza para la orientación bi:

“Invisibility. Because most people will look at a couple and decide they are straight or gay based on the combination of apparent genders, we fly under most people’s radar. As a result, many people are isolated and the stereotypes remain unchallenged.»

Wendy Curry vuelve a poner sobre la mesa la invisibilidad como el gran reto, pero entre las razones menciona que “volamos bajo el radar de la mayoría de la gente”. Es decir, estamos continuamente bajo la categorización ajena y si tu categoría ni siquiera existe nunca te reconocerán por quien eres. Al final, nadie decide ser bi, no es una decisión, pero mucho menos es una decisión ajena, es decir, nadie puede señalar o categorizar si la persona de enfrente es bi, pansexual, lesbiana o trans. Entonces empecemos por visibilizar y después ya nos categorizaremos si queremos, pero que nadie lo haga por nosotras.

Miren Zuazua, psicóloga

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