Como comentamos en el anterior artículo de esta serie, que aprendas a desinhibirte de manera adecuada en el terreno sexual es algo que está estrechamente relacionado con tu salud y eres tú mismo/a quien se tiene que poner manos a la obra en primera persona para conseguirlo.

Cuando te metas en la espesa jungla de tus inhibiciones sexuales encontrarás plantitas rastreras, secuoyas prehistóricas, flores carnívoras y más de un cogollo reseco y olvidado en algún terraplén. Te darás cuenta de que, para arreglar ese jardín, vas a necesitar diferentes niveles de intensidad, porque cada “planta” tiene unas raíces y unas hojas diferentes.

Por ejemplo, no es lo mismo darse cuenta de que lo que estás inhibiendo es tu deseo de hacer un trío (o cualquier otra combinación numérica), que observar que lo que estás inhibiendo es tu deseo de practicar sexo oral con mayor fruición. Y esas dos cosas no se parecen en nada al hecho de que lo que te impide soltarte cuando estás en la cama –o donde sea- con quien/es sea es que tu físico te genera inseguridad y estar pendiente de que nadie esté pendiente de él (cosa difícil, por no decir inverosímil, en una relación sexual) te tiene inhibida perdida.

Eso es haber pasado el primer y el segundo nivel que nombrábamos antes: te has dado cuenta de que hay algo que estás inhibiendo y has identificado qué es. Ahora la nueva vuelta de tuerca que debes dar es descubrir por qué te pasa esto. Recuerda que, aunque te parezca algo que obedece a tu genética o a la ley divina, en realidad tú no naciste inhibiendo aspectos de tu sexualidad: tú te has encontrado tu inhibición por el camino.

Pongamos algunos ejemplos. No hago un trío (o cuarteto, o lo que sea) porque en mi mente el sexo en grupo es cosa de guarras. No practico sexo oral, o lo hago poco, o lo hago mal, o lo hago con miedo porque lo tengo asociado a un foco de infecciones de transmisión sexual temibles, letales y horripilantes. ¿Y qué decir de mi cuerpo de morsa/renacuajo/mapache, que a nadie en su sano y honesto juicio puede gustar? Con este cuerpo mío no hay quien se suelte. Y así hasta el infinito.

Para sortear estos obstáculos mucha gente tira de esas muletas tan socorridas y de rápido efecto que son las drogas, incluso sin darse cuenta de que esas sustancias están cumpliendo una importantísima función en su vida sexual: permitir la desinhibición. Desde luego, ponerse hasta las trancas ahorra muchísimo tiempo, ya que te evita tener que entrenarte mental, emocional, física y conductualmente para conseguir hacer lo que quieres hacer a palo seco, es decir, sobrio, en pleno estado de conciencia, porque tú lo quieres, lo decides y lo vales.

Cada persona es libre de emplear las ayudas que considere adecuadas para tener la mejor vida sexual posible, pero es mucho mejor que sea consciente de por qué hace las cosas y valore posibles alternativas, para que no tenga que depender de algo que puede perjudicar su salud para poder tener una vida sexual satisfactoria.

Rafael San Román, psicólogo

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