Somos una generación privilegiada que parece tener toda la información en la palma de la mano. Si en la antigüedad hubiéramos expuesto la mera posibilidad de recoger toda la información de la biblioteca de Alejandría en un mano simplemente nos tomarían por bromistas. Hemos cambiado mucho desde entonces aunque la revolución de la información es bastante reciente. Aún recuerdo que cuando era pequeño como en el colegio me decían que debía aprender (mejor dicho memorizar) las tablas de multiplicar porque de mayor no iba a tener siempre a mano una calculadora. Et viola, aparecieron los Smartphone para tirar por tierra todo el sistema educativo de aquel entonces.

Tal vez existan pocas cosas tan democráticas como Internet, un lugar donde todas las voces parecen tener cabida para responder a las grandes preguntas de la humanidad. Pero un espacio donde todas las voces se encuentran también otorga un rincón para noticias falsas y malintencionadas. La inmediatez de las redes sociales está sirviendo para propagar bulos y noticias falsas con objetivos variopintos. Una argucia puede servir para dañar la imagen de una persona, generar antipatía hacia una empresa, deteriorar a un gobierno o sembrar la duda ante realidades más que demostradas empírica y científicamente con fines económicos. Sí, el negacionismo no sólo tiene como objetivo tener un minuto de gloria y atención sino que detrás también hay personas que ganan millones de euros.

En Internet encontramos una plataforma para que la pseudociencia (esa que se viste de ciencia pero carece de método científico y riguroso) asiente sus raíces y de paso haga caja con personas que no aceptan la realidad. De este modo muchas personas buscan soluciones mágicas a sus problemas de salud a través de internet. Por eso la red se ha convertido en Doctor Internet donde poder googlear cualquier síntoma que puedas experimentar en busca de un diagnóstico y posterior tratamiento. Un recurso al que conviene acudir con cautela siempre en busca de información veraz y contrastada científicamente para evitar caer en fabulas o quimeras. La ansiedad que nos puede producir un malestar físico o emocional no debe gobernarnos en busca de soluciones inmediatas.

Hoy quiero hablar de algunos ejemplos ligados al VIH, mentiras, historias inventadas o simples mitos que han tratado de mitigar la angustia producida tras un diagnóstico sin tener el menor miramiento por la salud de las personas. Un ejemplo lo encontré hace alrededor de diez años cuando un chico diagnosticado de VIH me habló de una planta conocida como Mutamba. Él por aquel entonces no tomaba tratamiento (ya que las guías clínicas no recomendaban el inicio del tratamiento cuando el recuento de CD4 no llegaba a los 500), y aseguraba que dicha planta no sólo mantenía la carga viral indetectable sino que llegaba a eliminar el virus del organismo.  Y es que en Internet aún hoy se pueden encontrar algunos recursos donde se habla de la Mutamba y como se argumenta que la Industria Farmacéutica y los gobiernos están silenciando los milagros que produce esta planta para mantener el negocio de los antirretrovirales. Aunque a penas se habla ya de ella en la red porque hasta incluso en los mitos y las fakes news en torno al VIH también hay modas y esta planta afortunadamente hace años que dejó de ser tendencia. Por cierto, ninguna persona que haya tomado Mutamba ha controlado sin medicación antirretroviral el virus y mucho menos lo ha eliminado del organismo.

 

Otro cura milagrosa (y asombrosamente barata) de curar el VIH que circuló por Internet lo encontramos en la doctora remolacha (La ex ministra sudafricana de Sanidad, Manto Tshabalala-Msimang) cercana al expresidente Thabo Mbeki quien puso en duda (en 2005) que el VIH fuera el responsable de la enfermedad sida y afirmó “los antirretrovirales llegan a ser tan peligrosos para la salud como la enfermedad que intentan tratar”. Dentro del paraguas de este sinsentido la doctora remolacha (que estuvo liderando la cartera de sanidad en el país africano entre 1999 y 2008) promocionaba un cóctel de verduras como arma efectiva para luchar contra el VIH.  Y debe ser que el limón y el ajo por muy saludables que fueran no resultaron efectivos para la supresión viral ya que según un estudio de la Universidad de Harvard en 2008, la incapacidad de las autoridades sudafricanas para garantizar tratamientos antrirretrovirales a su población causó la muerte a unas 365.000 personas entre 2000 y 2005.

Haciendo un rastreo en internet sobre curas milagrosas y VIH aparecen los siguientes ejemplos:

Suplemento mineral milagroso: En inglés se le conoce como Miracle Mineral Solution (MMS) es una solución de clorito de socio en agua destilada que al mezclarse con los ácidos del jugo gástrico reacciona formado dióxido de cloro. Un agente oxidante utilizado comúnmente para la desinfección doméstico. Entre otras promesas y panaceas esta solución promueve falsamente la cura del resfriado, el acné, diabetes, autismo, la malaria, el VIH, el virus de la hepatitis y hasta la Covid-19. Vamos que un poco más y si pruebas este brebaje alcanzas la eternidad. La realidad de esta solución es que en 2010 Agencia Española del Medicamento ordenó su retirada porque su ingesta porque al ser tomado, según las indicaciones de los proveedores, pueden producir efectos adversos que en algunos casos pueden ser graves. El MMS no está aprobado para el tratamiento de ninguna enfermedad. De acuerdo a la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, la exposición crónica a pequeñas dosis de dióxido de cloro puede causar daño a la reproducción y al desarrollo neurológico

“La cura milagrosa frente al virus”: A principios de 2007 Yahya Jammeh, expresidente de Gambia, declaró que había creado una cura milagrosa para el VIH mediante una mezcla de hierbas medicinales y técnicas de curación espiritual. Aunque esta cura milagrosa sólo funcionaba los lunes y los jueves (verídico, no me invento nada esto fue invención suya). Para testar la cura milagrosa Jammeh obligó a “voluntarios” a ingresar en una clínica improvisada donde tendrían que cumplir con el programa que tenía una duración de seis meses. No estaba permitido beber té o café, ni fumar o mantener relaciones sexuales. Los guardaespaldas de Jammeh custodiaban la clínica e impedían que los “voluntarios” salieran al exterior sin contar previamente con su autorización. Todas las mañanas el presidente frotaba el cuerpo de los pacientes con una pasta verdosa mientras cantaba oraciones. Dos veces al día debían ingerir el liquido amarillento de una misteriosa botella con la cura milagrosa. Por supuesto Jammeh se negó en todo momento a desvelar los ingredientes de la cura aunque sabia que de haber encontrado realmente la cura al VIH se convertiría en el hombre más rico de África. Bien este método produjo entre los pacientes diarreas constantes, uno de ellos contrajo la tuberculosis y posteriormente se debilitó tanto que necesitó de ser hospitalizado. Las pruebas demostraron que la carga viral se había disparado se pautaron de nuevo los antirretrovirales para garantizar la indetectabilidad. Este método llegó a costar la vida entre otros a la esposa de Ceesay, activista que fue el primero en salir del armario del VIH públicamente en Gambia. Se cree que más de 9.000 personas recibieron este tratamiento con la cura milagrosa pero nadie ha podido determinar cuantos de ellos murieron ante el secretismo y opacidad de los registros de la clínica.

Esta serie de bulos que pretenden ser un verso suelto del discurso oficial y de paso negar la realidad han existido siempre incluso antes del nacimiento de Internet. Es especialmente preocupante cuando dirigentes que se supone deben estar cualificados para ostentar el puesto que tienen utilizan su posición para propagar esta serie de estupideces. Desgraciadamente lo tenemos normalizado como por ejemplo cuando Donald Trump llegó a insinuar que inyectarse lejía podía ser una respuesta efectiva frente a la Covid. El problema es que este tipo de mensajes van en detrimento de la ciencia sino que además pone en riesgo la salud y la vida de la ciudadanía. Cuando hablamos de Salud no estamos dando una opinión sobre si la paella lleva guisantes o no. Cuando hablamos de Salud hacemos referencia a la ciencia, con un método que otorga la veracidad y congruencia a una evidencia. Si el ajo y el limón mitigaran la replicación del VIH se habría demostrado científicamente. Si la lejía pudiera ser inyectada y frenara la Covid hubiera sido demostrada científicamente.  En nuestras manos está el poner el duda la pseudociencia no propagando falsas noticias sobre el VIH. Y cuestionando a lideres que más allá del color político hagan uso del foco mediático que ostentan para decir barbaridades como que el inyectarse lejía puede ser una buena idea.

Lamentablemente no hay una poción de la eterna juventud, un brebaje que multiplique exponencialmente nuestra fuerza hasta convertirnos en Astérix. Si la combustión espontánea es una idea delirante no lo es menos pensar que solo por comer limón una persona va a impedir el desarrollo del sida. No se han recogido ningún caso de curación espontánea del VIH en el mundo porque sencillamente no puede suceder. Y por muy duro que pueda resultar enfrentarse en solitario a un diagnostico de VIH, y créeme sé de lo que estoy hablando porque yo mismo he transitado por ese camino, conviene no divagar por el negacionismo o aferrarse a la quimera de curas naturales por no enfrentarnos a una incómoda realidad. La de aceptar que tenemos VIH pero que gracias a la ciencia hoy es una realidad crónica que en ningún caso nos impide llevar una vida plena.

El equipo de la vida en rojo