Revelar tu serología, uno de los grandes dilemas de esta enfermedad. Lo digo-no lo digo-lo digo-no lo digo… No hay margaritas para tanta duda. Y es que se comenta mucho lo de que, hoy en día, una infección por VIH es como una diabetes: una enfermedad crónica que bajo tratamiento no ocasiona ningún problema y la esperanza de vida es la de cualquier otra persona sana, etc. Y sí, estrictamente desde un punto de vista médico parece que sea así. Pero, la realidad, cruda como todas las realidades, es que no es lo mismo para nada. La visibilidad de la diabetes no es lo mismo que la visibilidad del VIH. No es lo mismo decir, uy, soy diabética que, uy, soy seropositiva. Porque hay amigas muy sensibles que te mirarán con ojitos y se pondrán a llorar como una magdalena una vez se lo digas. O chicos monísimos de los que sólo seguirás viendo su foto de perfil del whatsapp… Y madres…, que por mucho que les digas que no pasa nada, que tú estás bien, puedes sentir cómo se preocupan, cómo se disgustan y cómo sufren las pobriñas.

Yo he decidido hablar públicamente de esto no porque quiera llamar la atención y que me señalen por la calle. Tampoco por estar más cómoda con mi familia, mi gente, poder decir que voy al médico y no tener que decir que la pastilla que estoy tomando es un complejo vitamínico (esto lo puedo contar en la intimidad del hogar y punto). No, yo he elegido ser visible porque me parece una de las herramientas más potentes, baratas y útiles que tenemos para avanzar en la prevención, normalización y desestigmatización del VIH. Poca cosa.

De paso decir que no creo que haya una verdad absoluta o una actitud más correcta que otra. Cada persona que haga lo que quiera. ¡A mi por ejemplo me llevó 7 años decírselo a mi madre! Y ni siquiera me atreví a decírselo a la cara, sino que le «cargué el pato» a la buenaza de mi tía, yo esperaba en la distancia ahorrándome el papelón, porque fue y es un papelón, para que mentir. Pero si hoy al fin salgo del armario serológico en el que estaba, es gracias a gente que me ha inspirado con su ejemplo, como Miguel Caballero, sevillano, valiente y echado-palante, o Silvia Petretti, guerrera italiana muy bien plantada. Y también gracias al apoyo incondicional de organizaciones como Imagina Más en Madrid o George House Trust en Manchester… Y, sobre todo, gracias a mi hermana (no le puedo poner un link a mi hermana que me mata), que como vive en San Francisco esto de salir del armario… pues no es ninguna novedad.

Y ahora por fin los 9 pasos sobre cómo revelar tu status serólogico a nivel individual:

1- Elige a tu víctima

¿A quién se lo quieres decir? ¿Por qué? Esta segunda pregunta puede tener varias repuestas: tener un apoyo, compartir tu pequeño secreto, porque te apetece…

2- Estudia a tu víctima

¿Cómo es la persona? Puede que sea un amor y un encanto y te quiera con locura, a la vez que muy indiscreta y no sepa guardar un secreto, a lo mejor no quieres que lo sepa todo el pueblo. O sí.

3- Medita sobre cómo va a afectar a la otra persona la revelación

A lo mejor la persona es muy sensible, y en un ataque de empatía va a sufrir casi más que tú. Por ejemplo, a mi abuela, en paz descanse, nunca se lo dije ni ganas que me dieron. A la que tengo viva la adoro, y como es de otra época y no creo que vaya a cambiar en nada la sociedad si ella lo sabe… Pues prefiero no contárselo, ni a ella ni a mi querido abuelo.

4- Medita sobre cómo te va a afectar a ti mismx revelarlo

¿Realmente te apetece hacerlo? ¿Estás preparadx?

5- Pide consejo

Habla con otra persona que ya lo sepa o con un profesional. Por ejemplo, las organizaciones de apoyo a personas con VIH suelen tener psicólogos o consultores con los que puedes hablar gratuitamente, o incluso grupos de apoyo en los que conoces a otras personas que ya han pasado por lo que tú estás pasando y te pueden aconsejar o simplemente escuchar. A veces que alguien te escuche, sin juzgar y sin emociones añadidas, es la mejor terapia de todas. Imagina Más por ejemplo ofrece asesoramiento gratuito online o presencial, y organizan además grupos de apoyo.

6- Elige el lugar, el momento y el escenario

Te puede apetecer soltárselo en un restaurante después de un par de copitas de vino para que no se te escape corriendo. O mientras vais a por el pan un domingo soleado de resaca, así, como quien no quiere la cosa. Entre partida y partida de la Play, después de darle una buena paliza al… (buff, no me sale ningún juego de la Play, yo me quedé en el Mariokart la verdad). O en la cima de una montaña (esta es genial) con el sudor todavía pegado al cuerpo. Acuérdate de que el tiempo acompañe, porque con mi primo se me ocurrió contárselo en la playa, dentro del agua, ¡en Galicia! La conversación se alargaba y al pobre se le pusieron los labios morados del frío, quien se haya bañado en Galicia alguna vez lo entenderá.

7- Repite pasos 3 y 4

8- Vence el miedo y adelante

Disfruta, teatriza o quítale hierro. Date importancia. Es tu momento, aprovecha.

9- Alternativamente olvida todos los pasos, piensa con el pecho e improvisa…

 

Y si hubiera un 10, sería que te leyeras este post sobre la visibilidad (brillante) de Miguel Caballero, al que ya le tocó «salir un par de veces del armario»: