El binarismo de género, hace referencia a la creencia de que la sociedad se divide exclusivamente en hombres y mujeres y que tanto hombres como mujeres son heterosexuales. Son unas normas sociales que se utilizan como herramientas de mantenimiento de una organización social en la que se basan muchas de las sociedades actuales, principalmente las culturas occidentales. Es una idea limitante para las experiencias personales, además de excluyente y discriminatoria hacia aquellas personas que no se conforman con estas normas.

En definitiva, el binarismo de género es una construcción social que se incrusta en nuestros valores, nuestras opiniones, nuestras experiencias etc. Y consiste en la idea (subjetiva y construida por la propia sociedad) de que sólo existen dos géneros: el masculino y el femenino. Esta división binaria se atribuye a las personas antes incluso de que la propia persona construya su propia identidad. Se atribuye en el momento del embarazo o del nacimiento, cuando por mera observación genital se asigna uno de los dos sexos limitados y excluyentes que la sociedad ha construido: sexo macho o sexo hembra. Esta división inicial conlleva a que si eres una hembra te tienes que identificar como mujer y si eres macho como hombre y, por último, si te identificas como mujer tienes que mostrarte femenina y si te identificas como hombre tienes que ser masculino. Además, este binarismo mujer-hombre lleva implícita la presunción de la heterosexualidad, es decir, de que el hombre y la mujer son seres complementarios y que la orientación del deseo debe de ser hacia personas del género opuesto.

Sin embargo, este binarismo no es tan cerrado y tan rígido como nos han hecho pensar. Existe una diversidad sexual y afectiva que hacen referencia a diferentes aspectos personales y vivenciales individuales e independientes entre sí.  Esta diversidad, actualmente se divide en los siguientes cuatro ámbitos.

En primer lugar, la realidad nos ha mostrado que no existen dos sexos exclusivamente, macho o hembra, sino que hay personas que al nacer tienen una genitalidad diferente que no es exclusivamente pene o vulva, además, de que no tienen los cromosomas sexuales reconocidos socialmente, sino que pueden ser XXX, XXY, XO etc. Estas, son personas intersexuales y muestran una parte de la diversidad, de una diversidad biológica, desafiando así los argumentos que generalmente se utilizan para justificar el binarismo de género los cuales se basan en la división biológica de hombres y mujeres como una verdad dogmática.

En segundo lugar, la diversidad no es exclusiva cuando se habla de sexo, también existe en las identidades. Hay personas trans que al nacer se les asigna un sexo, pero cuando van construyendo su identidad se sienten del género opuesto al impuesto al nacer. Puede haber también personas que no se identifican ni como hombre ni como mujer (género no binario), que su identidad de género pueda cambiar entre masculino, femenino u otras (género fluido) etc. Es decir, el binarismo de género reconoce únicamente dos identidades, que son: hombre cisgénero (sexo asignado al nacer de macho e identidad de hombre) y mujer cisgénero (sexo asignado de hembra e identidad de mujer), sin embargo, existen múltiples identidades que van más allá de estas dos identidades normativas.

En tercer lugar, y tal y como se ha comentado, esta idea construida del binarismo de género va unida a la concepción de que la orientación del deseo de todas las personas es heterosexual. Pero, al igual que con el sexo o con las identidades, existe muchas otras orientaciones. Por ejemplo, una mujer puede sentir atracción afectiva y sexual hacia otra mujer (lesbiana), o se puede sentir deseo hacia personas de todos los sexos o géneros (bisexual), también hacia otra persona con independencia del sexo, género, identidad de género, orientación sexual o roles sexuales (pansexual) etc.

En cuarto lugar y, por último, esta diversidad también se da en la expresión de género, es decir en la forma en la que manifestamos nuestro género. Esto puede ser la vestimenta, el habla, los gestos etc.  Tradicionalmente se han contemplado exclusivamente dos expresiones de género y que van unidas a la identidad: masculino-hombre y femenina- mujer. No obstante, existe otra expresión de género no normativa que es la androginia, además, la unión que se realiza de hombre masculino y mujer femenina es limitante y dentro de la diversidad que nos ofrecen las expresiones de género puede haber personas que se identifiquen como mujeres y sus gestos sean lo que socialmente se consideran como masculinos.

Estos cuatro puntos construyen lo que se conoce como diversidad sexual y afectiva y se oponen a la idea de binarismo de género. Son cuatro características individuales e independientes, es decir, el sexo no implica que tengas una identidad determinada, ni una orientación ni una expresión específica. Por ejemplo, puedes ser una persona intersexual que te hayan asignado el sexo de hembra (sexo), identificarte como hombre (identidad de género) sentirte atraído por hombres (orientación del deseo-gay) y vestir con falda (expresión de género considerada como femenina).

El binarismo de género, al ser una idea que se nos inculca desde el nacimiento (en realidad desde el embarazo) terminamos creyéndonos la fantasía de que es lo real. Sin embargo, se ha visto, en parte gracias a las luchas de muchas personas en momentos y espacios muy complicados, que hay otras vivencias posibles que no tienen que ver con estas normas que se nos han impuesto inconscientemente y consecuentemente de manera silenciosa. El binarismo, impone qué vivencias son lo “normal” y el resto se convierte en irreal. Pero, ¿Por qué unas vivencias son reales y otras irreales? Y ¿Por qué unas experiencias son reconocidas desde el nacimiento y otras tienen que luchar para, como mucho, ser aceptadas sin llegar al reconocimiento? Esto, me lleva a la pregunta de ¿Qué lleva a la sociedad y a las personas a defender con tanta convicción esta idea del binarismo? Quizá esta pregunta implica la necesidad de realizar un proceso introspectivo que nos puede llevar a darnos cuenta que algunos de nuestros valores, opiniones etc. no los hemos elegido ni son fruto del razonamiento, sino que nos vienen impuestos, están implícitos en la sociedad y terminan convirtiéndose en una verdad absoluta. Con todo ello, no nos damos la oportunidad de generar nuevas incertidumbres y vivencias que abran el espectro social en favor al reconocimiento de todo el mundo independientemente de su sexo, de su identidad, de su orientación o de su expresión.

Miren Zuazua, psicóloga

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