La asexualidad es una orientación sexual que consiste en no experimentar atracción sexual hacia otras personas. Esto no significa que las personas asexuales no puedan sentir deseo o excitación sexual sino que es probable que lo experimenten con menor intensidad o frecuencia que otras personas. De igual modo, tampoco significa que las personas asexuales no se masturben o tengan relaciones sexuales ocasionalmente. Al igual que ocurre con otras orientaciones sexuales, la vivencia de las personas asexuales es única e irrepetible, por eso se habla de que existe un espectro asexual que engloba diferentes matices y grados, como pueden ser la grisexualidad (ocasionalmente se siente atracción sexual) o la demisexualidad (se siente atracción sexual cuando se ha establecido previamente un vínculo afectivo íntimo).

La primera persona en mencionar el concepto asexualidad en un artículo científico fue Myra Johnson en 1977. Sin embargo, anteriormente, Alfred Kinsey también había hablado de asexualidad en su estudio ya que, entre sus sujetos, había algunos a los que categorizaba como X, los cuales “no respondían eróticamente a ningún estímulo homosexual ni heterosexual”. En 1979, fue cuando Michael Storms habló de asexualidad, considerándola por primera vez como una orientación sexual.

En los 90, con la llegada de Internet, fue cuando se empezaron a organizar comunidades de personas asexuales. La más conocida de todas ellas, a nivel internacional, es AVEN (Red para la Educación y la Visibilidad de la Asexualidad), de la cual existe una filial en castellano. El alcance de estas redes a nivel internacional facilita la autoidentificación de las personas como asexuales y, por lo tanto, una mayor autoaceptación y una vivencia más positiva de su sexualidad.

Debido a la sociedad hipersexualizada en la que vivimos y al modelo sexual prescriptivo predominante que nos bombardea constantemente con prácticas genitalizadas y coitalizadas, las personas asexuales ven en repetidas ocasiones invalidada, invisibilizada, patologizada o estigmatizada su vivencia con respecto a la sexualidad. Esto tiene repercusiones negativas en su autoestima, en su autoaceptación y provoca que su realidad se vea constantemente cuestionada.

Tras estas pinceladas a nivel contextual, creemos que resulta mucho más enriquecedor leer vivencias en primera persona. Para ello hemos entrevistado a Qoyari Álvarez, una mujer cis y asexual, que nos contará sus experiencias al respecto:

– ¿Hace cuánto tiempo que te defines como asexual?

Probablemente desde siempre, aunque al principio siempre tendía a buscarle otras explicaciones. No empecé a utilizar la palabra «asexual» de manera abierta y 100% consciente hasta hace unos tres o cuatro años.

– ¿Cómo ha sido tu vivencia hasta este momento?

Al principio bastante dura, igual que le pasa a todas las personas que se salen de la norma, imagino. El momento en el que te das cuenta de que el modelo standard no refleja lo que tú sientes, empiezas a plantearte todas las demás posibilidades, en este sentido mi caso (y el de cualquier otra persona asexual) creo que fue ligeramente más duro que el de otras personas, porque no tenía nada a lo que aferrarme: si no encajaba en ninguna de las orientaciones posibles (más bien visibles) no tenía manera de explicar la falta de deseo sexual de una manera que no implicara temas hormonales, psicológicos… vamos, buscarle una explicación patológica. Al principio fui al psicólogo porque pensaba que tal vez había algo en mi cabeza que no funcionaba, y si solucionaba eso se solucionaría todo lo demás. A la vez, investigué sobre posibles desórdenes hormonales, enfermedades… cualquier cosa tenía más sentido que aceptar que tal vez es que las cosas eran así y ya está. A partir del momento en el que acepté mi orientación como algo natural, la verdad es que todo ha sido mucho más fácil, también he tenido la suerte de rodearme de gente que no le da especial importancia y que, bueno, la asexualidad es invisible tanto para lo malo como para lo bueno, por lo cual no tengo que lidiar con ningún tipo de discriminación agresiva (más allá de la hipersexualización con la que nos bombardean a diario).

– ¿Qué experiencias has tenido al definirte como asexual ante otras personas: familia, amistades, parejas, etc.?

Por lo general no suelo hablar de ello, a no ser que el tema surja específicamente. Mi familia desconoce mi orientación completamente pero tampoco tengo necesidad de contárselo porque eso equivaldría a tener que instruirles en un tema del que no saben nada y probablemente no comprendan, y no estoy por la labor. En cuanto a mis amistades, lo han aceptado enseguida y me han apoyado mucho a lo largo de todo el proceso de mi propia aceptación, aunque ellas mismas no comprendieran del todo la situación. En el caso de mi pareja ha sido muy parecido, aunque el proceso de aceptación ha sido gradual, me ha apoyado en todo momento y ha puesto mucho de su parte para intentar comprender lo mejor posible una situación sobre la que no tenía ninguna información. Por lo general, al menos en mi círculo más cercano, la experiencia ha sido buena. También ha habido cosas malas, claro, cuando alguien te pregunta con aparente buena fe y acabas con comentarios como «eso es que no te has comido un buen coño», «eso es que no has encontrado a la persona adecuada» o cosas por el estilo. Varias veces me he planteado el no hablar de mi sexualidad, ya no por el miedo al rechazo, sino por evitar la frustración que supone el tener que explicarme ante un público que suele estar totalmente desinformado, aunque comprendo que si no hablamos de ello entonces la invisibilidad será cada vez más grande, y la frustración, a su vez, también. Admiro enormemente a los colectivos como AVEN, que se esfuerzan por darle «corporeidad» a una sexualidad que actualmente es prácticamente invisible, aunque, para ser sincera, no puedo decir que yo sea parte activa de la lucha.

– ¿Qué referencias culturales conoces en las que aparezca representada la asexualidad?

Ninguna. Tal vez Sherlock Holmes, aunque en las películas que han hecho actualmente han decidido omitirlo, por razones obvias. Hace tiempo leí “How to be a normal person”, de T.J Klune, que tiene un protagonista asexual. Más allá de esto la verdad es que no conozco nada. Toda la cultura que consumo y que me rodea (cine, música, literatura) sigue el mismo patrón que se ha venido siguiendo desde siempre, sobre todo en cuanto a relaciones se refiere, al final lo que ocurre, al menos en mi caso, es que te acabas acostumbrando a la falta de representación. En definitiva y por desgracia, lo que se busca es vender, y el sexo vende.

Lectura recomendada: Catri, F. (2017). Revisión narrativa de la asexualidad en la especie humana como una orientación sexual. Apuntes de Psicología34(1), 5-18.

Alba Alonso, sexóloga

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