La serofobia es el miedo o aversión hacia todo lo que tiene que ver con el VIH y las personas seropositivas. En realidad, como cualquier actitud, es algo bastante más complejo, ya que está compuesta por creencias, emociones y conductas, más o menos coherentes entre sí.

Un ejemplo de creencia serófoba sería pensar que las personas con VIH se merecen esta infección por su irresponsabilidad. Un ejemplo de emoción serófoba sería sentir pavor o asco al interactuar con una persona seropositiva. Un ejemplo de conductaserófoba sería no contratar a alguien solo por el hecho de que sea una persona VIH+.

Existen diferentes grados de serofobia que van desde lo más sutil (leve) hasta lo más manifiesto (agresivo). En cualquier caso, es una actitud que no está justificada y que perjudica enormemente la salud psicológica de las personas a las que afecta. Por eso, es importante que aprendamos a detectarla como paso previo a desactivarla.

A continuación te ofrecemos 5 ejemplos de actitudes serófobas con las que puede que te identifiques o que puedas observar en personas de tu entorno.

1.Pensar que el VIH es consecuencia de un estilo de vida depravado e irresponsable: quienes tienen VIH es porque se lo han buscado por tener demasiadas relaciones sexuales y demasiado inadecuadas.

  1. Alarmarte por el estado de salud de una persona que tiene VIH y sentir lástima de su mala suerte, como si estuviera desahuciada por tener esta infección.
  2. Negarte a tocar a alguien que tiene VIH o preocuparte por compartir espacios con esa persona (cuarto de baño, mesa y mantel, ropa…).
  3. Acusar a una persona con carga viral indetectable de haber puesto en riesgo tu salud por no haberte informado de su seroestatus antes de mantener relaciones sexuales sin protección .
  4. Oponerte a que se empleen recursos públicos en la prevención y el tratamiento de la infección por VIH con la excusa de que es algo que queda dentro de la responsabilidad de las personas implicadas, mientras aceptas que se empleen recursos públicos en la prevención y el tratamiento de otros problemas de salud que no tienen nada que ver con una ITS.

Tomemos conciencia de las cosas que pensamos, sentimos y hacemos cuando se trata del VIH. Nunca sabemos a quién están afectando y nunca sabemos si algún día nos pueden afectar en primera persona. Eso contribuirá a que construyamos una sociedad más libre y más saludable.

Rafael San Román, psicólogo