En mi último artículo comentamos las complicaciones que a veces nos genera el sexo y cómo debemos integrarlas con naturalidad en nuestra cotidianidad, sin restarle importancia a nuestra vida sexual, si queremos desarrollar esa faceta constructivamente y desde un enfoque integral de salud (no olvides que no hay otro enfoque de salud posible).

También mencioné en aquel artículo una frase extraída del libro Ética promiscua, una obra que desarrolla ampliamente este tema y que creo que puede servirte de inspiración si te decides a emprender el fascinante camino de tener una vida sexual más adulta y completa. Siguiendo la tesis que se defiende en dicho libro, te propongo tres compromisos sobre los que puedes profundizar para que ese camino sea más consciente y veas con mayor claridad por dónde vas pisando.

Me comprometo conmigo mismo, conmigo misma, a tener la mejor vida sexual posible. Entiendo que eso pasa por conocer mis necesidades y respetarlas, por conocer mis gustos y celebrarlos, por cuidar de mi salud y de la de las otras personas en la medida de mis posibilidades. Cuidar de mí quiere decir que me responsabilizo de encontrar el medio para que mis necesidades y mis gustos puedan satisfacerse teniendo como eje el respeto, el disfrute y la salud de todas las personas implicadas en ello. Me comprometo a no culparme por tener necesidades sexuales y querer satisfacerlas al máximo posible.

Me comprometo a cuidar de los y las demás, tanto si tengo relaciones sexuales con ellos o ellas como si no las tengo. Entiendo que cuidar de las demás personas pasa por respetarlas, darles su espacio, no poner conscientemente mi disfrute particular por encima de su salud. Cuidar de los demás es comprender que ellos y ellas también tienen necesidades y gustos sexuales, que también están responsabilizándose lo mejor que pueden para satisfacerlos y que sus necesidades y gustos sexuales no tienen por qué coincidir con los míos. Me comprometo a no culpar a los demás por tener necesidades sexuales y por querer satisfacerlas al máximo posible.

Me comprometo a ver a los y las demás como personas, no como expedientes médicos, no como focos de infección, no como un peligro para mi integridad física o moral. No los veré así porque yo tampoco soy ningún expediente, foco o peligro. Entiendo que en la vida hay gente de todo tipo. Una minoría de esas personas tiene problemas personales serios que les pueden llevar a querer dañarme; otras –también pocas- simplemente han priorizado sus necesidades por encima de las señales que indicaban que debían cuidarse y cuidar de los otros durante un tiempo. Sin embargo, igual que lo pienso de mí, la inmensa mayoría de personas con las que me acuesto no tiene ningún interés ni deseo de causar un perjuicio para mi salud, aunque luego me lo causen. Entiendo que si he aceptado tener relaciones sexuales con alguien el primer responsable de mi salud sexual soy yo, no la otra o las otras personas implicadas. Entiendo que ni la vida, ni la naturaleza ni las personas somos perfectas y que a veces tener relaciones sexuales implica tener problemas de salud. Es mi responsabilidad minimizar que eso suceda y aceptar que tarde o temprano eso sucederá.

Rafael San Román, psicólogo de Imagina MÁS