ASS- arrancó en diciembre de 2015, y en estos cinco meses han pasado muchas cosas. Yo sería otro si no hubiera escrito este blog, porque este blog me ha forzado a pensar cuestiones que se habrían quedado en intuiciones si no las hubiera tecleado en mi ordenador.  ASS- también me ha ayudado a crear relaciones, a conocer gente, y a escucharla. Me encanta hacer entrevistas; mata el gusanillo periodístico que siempre he tenido, y me ayuda a cuestionar mis posiciones. Me gustaría mejorarlas; a veces veo mi voz demasiado presente en las entrevistas a otros, quizás porque quiero protegerlos y repartir responsabilidades, por si nos caen piedras encima, quizás también por narcisismo y por querer que se me escuche siempre, quizás porque no sé cómo quedar al margen de unos temas que también me incumben sobremanera.

En fin, que aunque no me gustaría que este blog se convirtiera en una forma de mirarme al ombligo, qué remedio queda si el problema fundamental de la seropositividad es que sigue en la sombra, que no hay relatos escritos en primera persona. Ojalá eso vaya cambiando, y ASS- se diluya en un marasmo de voces seropositivas empoderadas. Ya hay muchas así, y más que vendrán.

De momento, quiero usar un par de posts para hacer un breve alto en el camino y sintetizar buena parte de esta experiencia de escribir. Ahí van las primeras 10 cosas (contradictorias) que he aprendido sobre VIH y sobre la naturaleza humana escribiendo para ASS-. Habrá otro post con otras 10. El orden es completamente aleatorio.

1. Llevo mucho mejor a los serófobos que hacen comentarios salvajes sobre los seropositivos que a los seronegativos condescendientes que me tratan como si fuera un enfermo desvalido. A estas alturas, ya no sé qué significa estar sano o estar enfermo, pero sí tengo claro que yo no estoy enfermo de esa manera, ni de ninguna. Y no es por estigmatizar la enfermedad -cualquiera-, sino por rechazar que me invaliden o me tilden de peligroso. Detesto que me traten como víctima de nada. Yo lo que quiero es hablar y que me escuchen, y escucharnos todos. Que un diagnóstico seropositivo no le joda la vida a nadie, esté donde éste, sea quien sea. Que no nos mientan, que no nos asusten en vano, que no nos juzguen gratuitamente. Querido seronegativo condescendiente, yo no soy tu buena obra del día (y además, si estabas bueno, acabas de perder todo el sex appeal con tu condescendencia. PS: Infórmate).

2. El peligro de convertirme en alguien monotemático: “Miguel es el tío ese que habla de VIH”. Mi marido me lo dice a veces, que me va a pasar. Pero yo no creo que sea monotemático. Escribo una tesis doctoral sobre proteccionismo arquitectónico. Flipo cada vez que salgo a la calle y veo la ciudad. Me gusta la comida, el sexo, una buena conversación, estar con la gente que amo, estar con gente que (aún) no entiendo. La cultura en todas sus dimensiones, y no de forma superficial -a fondo. En realidad, me aburre sobremanera hablar del VIH, porque yo lo que quiero hablar es de amor y sexo (y, sobre todo, practicar ambos), de nuestros cuerpos y nuestro placer, buscar nuevas formas de relacionarnos y nuestras estructuras para esas relaciones, quiero reírme, no convertirme en un activista demasiado serio y demasiado aburrido, me da tremenda pereza convertirme en activista serio.

3. Tenemos un tremendo lío para diferenciar PrEP de PEP. A grandes rasgos: PrEP es la pastilla diaria que uno o una se toma ANTES (y durante, o sea indefinidamente) de tener relaciones sexuales para evitar una infección de VIH. Se puede tomar por largos períodos y se puede interrumpir cuando uno decida. Por desgracia, está disponible en muy pocos países; PEP es un tratamiento de un mes que uno debe empezar máximo tres días DESPUÉS de haber tenido una relación de riesgo para evitar que el VIH se instale en el organismo. PrEP: profilaxis pre-exposición; PEP: profilaxis post-exposición. Perdón la comparación burda, pero PrEP es a la pastilla anticonceptiva lo que PEP es a la pastilla del día después. No entiendo a los activistas que luchan contra la PrEP antes de que esté disponible porque no están de acuerdo con la profilaxis química. Hagámosla disponible y asequible en todos los lugares, junto con la información necesaria para que cada cual decida si quiere tomarla o no. O sea: hay dos cuestiones en juego, no una, y son simultáneas: a) que todos los métodos de prevención estén disponibles; b) que todos podamos tomar una decisión informada de cuáles nos valen a nosotros, y cuáles no.

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No tenía ni idea de qué fotos incluir en este post, así que me puse a revisitar mi álbum (o sea, Facebook). Esta es de 2011, antes de mi diagnóstico, en la casa que vivía en Holanda, donde estudié. Me gusta en este post porque es una foto que habla de desahogo y de liberación, aunque muy probablemente estuviera posando, no me acuerdo. La liberación también tiene algo de pose (posar hasta que uno se lo crea, como dicen los estadounidenses)

4. Hay un tipo de individuos que se quieren acostar conmigo por tener una relación de riesgo. Me tratan como la bala de la ruleta rusa. Muy probablemente yo esté mucho más en control de mi salud sexual que ellos de la suya, pero no importa. Se quieren acostar conmigo para mostrarme que son muy modernos. Soy su aventura al límite. Son una minoría, pero existen. Buscan que yo les confirme la alta estima que ellos tienen de sí mismos. Me divierten mucho, la verdad, son muy entrañables.

5. PrEP es un tremendo dilema tanto en los países con sanidad pública como en los que la mayoría de los servicios de salud son privados. En los países con sanidad pública por la cuestión de quién subvenciona un método de prevención tan caro como éste y a quién se le receta (aviso: soy un completo ignorante de este tema, espero dejar de serlo). En los países con sanidad privada (como donde yo vivo -EEUU), PrEP, como cualquier otro medicamento, incluso los más fuertes y que necesitan prescripción médica, se anuncian en la TV, la radio o carteles publicitarios por la ciudad como si fueran rosquillas. Esto puede conllevar cierta banalización de la profilaxis química, y de los medicamentos en general. Escribiré un post sobre este asunto en breve, pero repito mi postura: PrEP accesible para todos en cualquier lugar del mundo, pero siempre junto con información completa e igual de accesible, que nos ayude a decidir si nos puede resultar útil a nosotros personalmente o no. Básicamente: que todo esté disponible, y que nadie decida por nosotros (¡tampoco los activistas!).

6. Sigue siendo imposible hablar de sexo a pelo de forma sosegada. El post donde entrevistaba a Artur, en el que él se definía como un “apelero convencido” levantó muchas escamas. Me recriminaban que promoviera el sexo a pelo, que no le hubiera largado a Artur un sermón por lo inconsciente e irresponsable que estaba siendo. Se quejaban de que no hubiera tratado a Artur como a un animal, un loco o un irresponsable. Me parece ridículo. Hay muchos seropositivos que parece que se infectaron como la Inmaculada Concepción fue madre, y se olvidaron de su propia experiencia. Se volvieron puritanos y ahora se dedican a ir censurando a otros. Se vuelven policías de los demás. Me permito el lujo de hablarles así de rotundamente, que para eso estamos en la misma posición (y dolor por el diagnóstico hemos pasado todos). Yo me niego a ser policía de nadie. Creo radicalmente en la libertad de las decisiones personales, en las prácticas consensuadas y en el cuidado del otro. El bareback es una práctica extremadamente común (joder, parece mentira que haya que decirlo) y hay que incorporarla a la conversación, pero no denigrando de ninguna manera. Practicar bareback no significa querer infectar ni querer infectarse de VIH, hay muchas sutilezas y condicionantes en la decisión de tener sexo a pelo, y Artur explicó con suprema claridad sus razones y estrategias de prevención. Por supuesto, decir “condón siempre sí o sí” es mucho más sencillo, no tenemos que pensar en la infinidad de matices que conlleva el sexo. Pero para mí es ceguera no querer entender cómo funciona el sexo. No puedo promover la salud sexual como una imposición autoritaria, sino ofreciendo información y opciones, y que cada cual, desde su madurez, decida.

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Durante un tiempo, di clases de secundaria en un instituto público del Sur de Italia. Aquí estaba de viaje con mi marido en Reggio Calabria. Enfrente de mi, Sicilia. Me gusta esta foto por el gesto de volverme y mirar con intensidad a cámara. Así quiero que sea mi relación con el VIH: aunque tenga heridas, como en la foto, no dejar de mirar, y hacerlo de frente, y perder el miedo. 

7. En relación con lo anterior: mucha gente intenta imponer su ética sexual a los demás. No saben distinguir entre sus decisiones de salud sexual y las de los demás. Yo les confieso: practico una cosa, pero digo otra. Y está bien así, me parece. Trato (a veces es difícil) de no imponer mi punto de vista. Hablar de sexo a pelo no significa promover sexo a pelo. Yo personalmente no practico bareback y en mi día (esto suena como antes de Cristo, me refiero antes de mi diagnósitico, o sea hace relativamente poco, dos años) tomé la decisión consciente de no tomar PrEP, porque yo mismo estaba en contra de la profilaxis química (¡y mírame hoy!). Pero no trato esas decisiones personales mías como si fueran la verdad suprema de la prevención en salud sexual. Lo que me pasó a mí, no le tiene que pasar a otro; lo que yo decidí, no tiene que valer para todo el mundo. Hay muchas formas. Mi ideal de salud sexual consiste en que todos estemos informados y hayamos reflexionado sobre el asunto, para tomar nuestras decisiones personales a partir de los datos, los medios accesibles y la conversación sosegada. Siempre teniendo en cuenta que el sexo no es matemáticas -uno puede ser muy racional, pero al meterse en la cama se le desmoronan los planes. Ah, y sin creer en soluciones mágicas: el sexo 100% seguro no existe. Ni ha existido. Ni existirá. Que no nos vendan la moto.

8. Es muy difícil hablar de promiscuidad. Para empezar, porque “promiscuidad” es una palabra tan cargada que no representa lo que para muchos de nosotros es tener una vida sexual diversa, ética y experimental. ¿Quién la ha cargado? Los moralistas, pero también los conformistas que no se atreven a experimentar con su propia sexualidad, y que atacan sin piedad a los que sí nos atrevemos. O los que experimentan a escondidas, pero luego no dejan de darnos en la cabeza con sus doce mandamientos de la salud sexual. Cuando comencé a hablar públicamente de VIH, algunas voces amigas me advirtieron del riesgo de hablar de promiscuidad desde mi posición de seropositivo. Me tendría que enfrentar al «te lo mereces, te lo buscaste». ¿Qué sabrán? ¡Cuántas capas de tabúes y censuras, muchas veces auto-impuestas! Como decía Dossie y Janet en The Ethical Slut: no hay una cantidad de sexo o de parejas sexuales correcta. Los números con que queramos cifrar el sexo o las relaciones son construcciones sociales. Pero no es eso lo que nos define; lo que nos define es la forma como tratamos a nuestros compañeros de vida y de sexo, nuestra ética sexual. 

9. He aprendido a decir que soy seropositivo a alguien que he conocido una noche, antes de tener una relación sexual. Y a decirlo con confianza. No es que yo crea que sea necesario, que no lo es. No hay base científica ni de ningún otro tipo que así lo indique, no pongo a nadie en peligro, o no lo pongo en mayor peligro que cualquier otro (supuesto) seronegativo. Lo de “(supuesto)” no me gusta, porque es incidir en que las relaciones sexuales deben estar basadas en la sospecha, pero de momento lo dejo porque es una reacción defensiva: como de mí sospechan continuamente, me gusta devolverles un poco de su medicina. La cuestión es que en el lugar donde vivo, Nueva York, no revelar tu estatus serológico a una pareja sexual está criminalizado y puedes ir a la cárcel. Conozco casos, y un día los voy a entrevistar para este blog. Así que te obligan a decirlo, y yo ya he aprendido a hacerlo, aunque es un trago. Pasarte una noche de fiesta, disfrutando como un adolescente recién enamorado por primera vez, y en el momento cumbre, íntimo, tener que sacar el parte médico. Me he visto en esa tesitura sólo un par de veces, pero ya la segunda lo dije con mucha más seguridad y calma que la primera. Y la respuesta fue también mucho mejor en el segundo caso.

10. Mis amigos también han evolucionado con este tema, y han aprendido a hablar de mi VIH sin que sea un secreto. A viva voz, sin cuchichear, sin vergüenza. Me lo dijo mi marido el otro día; me dijo que un amigo nuestro, en una fiesta donde asistimos con unos 50 gays, uno de nuestros amigos le preguntó cómo estaba yo con respecto al VIH, e intuitivamente los dos -mi marido y este amigo- comenzaron a hablar el tema bajito, a escondidas, para que nadie se enterase. Luego se dieron cuenta de lo ridículo que era conversarlo así, cuando yo llevo meses hablándolo en público. Así que se rieron de la ridiculez y comenzaron a hablarlo con un tono de voz normal. Y me lo contaron. Me hizo ilusión, la verdad. Un pequeño paso en la desmitificación del VIH. La felicidad de sentir que mis amigos son cómplices de mi lucha, que mi lucha es nuestra lucha. Sentí que me había apoderado de los cuchicheos. Que no he dejado sitio para los cuchicheos. Que era un poco más libre.

 

Me interesa qué piensas sobre este tema. Puedes escribirme abajo en los comentarios, en Facebook, o en amorsexoserologia@gmail.com

Éste es un post de ASS- escrito por Miguel Caballero para Imagina Más