“Usa siempre condón,” “Cuídate. Usa preservativo”, “Sé responsable, usa condón”, “Loco, cuidá tu vida, usa forro”, “Entre nosotros: usa preservativo”, “Por amor, usá preservativo”, “Amor con protección. Usa preservativo”, “Toma precauciones, protégete, evita riesgos y usa siempre el preservativo”, “Vive tu vida, usa condón”, “Quiérete. Hazte la prueba. Usa preservativo”, “¡Puedes contraer el VIH! Usa preservativo siempre”,

O mi preferido:

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Ponerte un condón es como enchufarte el McAfee.

Y el que no siga estas instrucciones es un inmoral, un irresponsable, un animal.

No obstante, hay personas perfectamente informadas, que se quieren (no como dice uno de los eslóganes de arriba) y que conscientemente deciden no usar el preservativo. Y aquí es cuando ponemos el grito en el cielo.

Aprovechando que la semana pasada fue el día internacional del condón (el 13 de febrero, más específicamente), hice una búsqueda rápida en Google que me ha devuelto un millón de campañas de prevención del VIH. Aunque varían el foco, absolutamente todas ellas ponen el condón como límite de hasta dónde se puede discutir. El condón es siempre conditio sine qua non de una sexualidad responsable. En este post vamos a ir un poco más allá, de la mano de Rubén Ávila.

Premisa 1: ASS- tiene entre sus objetivos colaborar en la lucha contra la epidemia de VIH. ¿Cómo? Visibilizando e invitando a una conversación social sobre VIH, sexo, intimidad, amor y estigma. Yo creo que si consiguiéramos cambiar cómo se habla del VIH, habríamos acabado con el 50% de la epidemia en todo el mundo. Para nada pretendo banalizar el uso del condón, que sin duda, ha evitado millones de casos de transmisión en todo el mundo.

Premisa 2: las campañas machaconas de “ponte el condón sí o sí” están fracasando. Sólo hay que ver los números.

¿Y esto, por qué? Ahí entra Rubén.

Las campañas de salud sexual prescriben cómo tiene que practicarse el sexo, pero lo hacen obviando las experiencias de aquellos que lo practican y sus reacciones a estas prescripciones de salud sexual. O lo que es lo mismo: te dicen cómo tienes que follar, sin escuchar qué opinas tú al respecto.

Simplificando muchísimo, ésta es la hipótesis de A pelo, la tesis doctoral de Rubén Ávila, que he estado leyendo estas semanas y me gustaría comentar en este post. Yo también escribo una tesis doctoral (de un tema que nada tiene que ver con el VIH –arquitectura moderna, monumentalismo), pero aquí no hago crítica académica. Aquí recojo simplemente mis reacciones, intereses y preocupaciones como seropositivo que lee un análisis agudo sobre cómo funcionan las campañas de salud sexual y cómo responden aquellos a los que va dirigida.

Apelo

**Hablo en masculino porque Rubén se centra en HSH (Hombres que tienen Sexo con Hombres —esta etiqueta describe la práctica sin tener que recurrir a otras etiquetas más identitarias, como gay, homosexual, bisexual, heterosexual. Ahí cada uno es libre de elegir la suya, si es que quiere etiquetarse con una)**

Por un lado, Rubén contrasta cómo se construyen visual y lingüísticamente esas campañas, concretamente en lo referente a la censura del sexo a pelo; dónde se distribuyen, en qué formatos. Por otro, entrevista a barebackers, HSH que no usan preservativo no por despiste, porque no hay condones accesibles (esto sería un problema completamente diferente), porque se emborracharon y no sabían lo que hacían, o porque no tenían uno a mano. Follan a pelo porque así lo quieren, estando perfectamente informados del riesgo potencial de transmisión de VIH y oras ITS, hasta el punto de que para algunos este rechazo del preservativo se ha convertido en una seña de identidad: se auto-denominan “apeleros”, o eso, «barebackers». Los barebackers son diferentes a los que practican poz breeding. Muy diferentes: los que practican poz breeding buscan seroconvertir(se); los barebackers simplemente quieren tener sexo sin preservativo, pero sin tener ningún deseo particular por el virus (generalmente, prefieren no seroconvertir(se)). Es probable que no conozcamos a ningún poz breeder, pero sí a bastantes barebackers.

En este punto del post ya algunxs lectorxs se habrán revuelto en su asiento (yo también me revolví en el mío mientras leía la tesis) porque probablemente comparten la idea de base de las campañas de salud sexual: el preservativo no se discute. Pero, como he indicado más arriba, esas campañas no se están caracterizando precisamente por su éxito rotundo, así que creo, como Rubén, que merece la pena formular la pregunta: ¿qué supone para nosotros haber crecido sexualmente entre esos anuncios que repetían sistemáticamente que el preservativo es el límite?

Rubén encara su labor investigadora en psicología social como un cuestionamiento radical de su propio trabajo. Antes de ser doctorando, colaboró en la prevención del VIH para la Fundació Lluita contra la SIDA y Stop SIDA, desde 2004 a 2008. Fue precisamente ejerciendo como educador de calle y como coordinador de proyectos de prevención del VIH cuando llegó a cuestionarse el tipo de narrativa que gobierno y organizaciones estamos produciendo, y que él mismo estaba colaborando a difundir.

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Ésta me ha dejado muerto. ¿Qué quiere decir, que lxs seropositvxs hemos entrado en desuso?

El subtítulo de la tesis es “Estudio de la gubernamentalidad en la prevención del VIH dirigida a los hombres que tenemos sexo con otros hombres.” Ahí hay un nivel de implicación más: Rubén se inscribe en su propia tesis en tres planos: como investigador/autor, como técnico de salud sexual y como HSH. Requiere humildad detener un trabajo que llevas años haciendo para cuestionarlo desde la base. Rubén apuesta por involucrarse, y yo invito a que todxs hagamos lo mismo, de la manera que creamos conveniente. Inspirado por él, yo intenté colaborar en ello con este post.

El dibujo que pinta la tesis es el de un bombardeo de campañas producidas desde arriba que tienen un principio irrenunciable, el uso del condón, dirigidas a los HSH, pero completamente sordas a las experiencias de éstos. No es que los técnicos de salud sexual y los diseñadores de estas campañas no escuchen a los HSH; es que, si lo hacen, esa conversación no parece tener impacto alguno en las campañas. Seguimos hablando del VIH y del preservativo en términos muy similares a hace 20 años, sin que haya mejoría en el alcance de la epidemia, sino todo lo contrario. Es como si llevaran décadas gritándonos al oído el mismo eslogan sin obtener resultados. Y, aún así, siguen gritando.

Por supuesto, está el argumento de que las generaciones más jóvenes no hemos visto morir a nuestros amigos de enfermedades oportunistas propiciadas por el sida, y por eso hemos relajado el uso del preservativo. Sin duda, eso debe de ser un factor importante. Pero lo cierto es que el bareback viene de la época en que el sida seguía cobrándose cifras ingentes de víctimas cada día. La expresión “bareback” apareció en 1997, cuando los tratamientos antirretrovirales efectivos apenas estaban comenzando a ser accesibles y aún eran muy problemáticos, complejos de administrar y con multitud de efectos secundarios severos. Es también el momento en que vuelve el porno sin condón. Dicho de otra forma, es el primer respiro, aún muy tímido, tras muchos años de crisis del sida. Justo en ese momento el activista Stephen Gendin publica un artículo en la revista POZ en que menciona por primera vez el término “bareback” en una publicación, y lo hace desde la primera persona. Aquí un par de párrafos traducidos por mí:

 

June 1997

Riding Bareback

by Stephen Gendin

Skin-on-skin sex–been there, done that, want more

A year and a half ago at a conference, I heard a talk by a really cute positive guy on the fun of unsafe sex with other positive guys. He was beautiful, the subject was exciting, and I soon ended up getting fucked by him without a condom. When he came inside me, I was in heaven, just overjoyed. (…)

There’s even something empowering about the idea of sharing someone else’s HIV. It’s like being thrown into jail for life and then, while serving your time, having the warden threaten to extend your sentence. The threat has no power because nothing can make a life sentence any worse. You can laugh at the threat, even spit in the warden’s face. That time I got fucked by another positive guy, I felt I didn’t have to fear HIV any longer. I could taunt it, challenge it by taking it into my body without being further hurt.

 

Junio 1997

Follando a pelo

Stephen Gendin

Piel con piel, —he estado ahí, lo he hecho, quiero más

Hace un año y medio en una conferencia, escuché una presentación de un chico seropositivo muy mono que hablaba sobre la gozada de tener sexo no seguro con otros seropositivos. El chico era guapísimo, el tema era excitante, y todo acabó con él follándome sin condón. Se corrió dentro de mí, y me hizo sentir en el paraíso, desbordado de alegría. (…)

Hay algo empoderador en la idea de compartir el VIH de otra persona. Es como si te meten en la cárcel condenado a cadena perpetua, y cuando ya estás dentro el alcaide de la prisión te amenaza con aumentarte la pena. Esta amenaza no tiene ningún valor porque no hay manera de empeorar una cadena perpetua. Así que te puedes reír de la amenaza y hasta puedes escupirle al alcaide en la cara. Esa vez que el chico seropositivo de la conferencia me folló a pelo, dejé de tenerle miedo al VIH. Ahora me podía burlar del virus, desafiarlo, meterlo en mi cuerpo sin que ya pudiera hacerme más daño.

Stephen continúa hablando de su precaria situación médica —es resistente a los medicamentos— y de las posibilidades de reinfección y mutación del virus. Pero lo que es clave en su texto es querer entender esa sensación de liberación que experimentaba al poder volver a follar a pelo, aunque fuera sólo con otros seropositivos. Muchos se enfurecieron con este artículo, pero visto en retrospectiva, es bastante lo que hemos aprendido de él. Básicamente, a provocar una conversación social sobre lo que muchos experimentan y nadie se atreve a hablar.

Stephen escribió varios artículos más para POZ, siempre en primera persona. Hasta su novio le dedicó una carta de despedida en esa misma revista.

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Stephen Gendin. Sexy, ¿verdad?

Para Rubén, testimonios como los de Stephen deben ser todavía hoy el punto de partida de cualquier campaña de salud sexual, para que ésta sea no sólo efectiva, sino justa, para que la salud sexual se humanice, y no sea una imposición desde arriba, sorda y moralista. Nuestras experiencias deberían hacer avanzar a estas campañas.

Repito la advertencia: nadie, ni Rubén ni yo, está proponiendo dejar de usar el condón ni cuestionando su eficacia. El condón es muy eficaz para evitar la transmisión del VIH, de fácil producción y muy rentable, así que es entendible que se haya convertido en la principal herramienta para detener la epidemia.

La cuestión que está aquí sobre la mesa no es ésa, sino: 1. si es tan fácil de acceder y tan efectivo, ¿por qué muchxs deciden no usarlo? 2. ¿qué significa física y emocionalmente que hayamos aceptado el sexo con condón como algo natural? ¿Qué significa PARA TI usar condón?

Para mí, es una sensación ambivalente. En este post dejaré algunas notas sobre ello, pero prometo escribir otro más personal y en profundidad sobre el asunto. El condón y yo, una tragicomedia.

No siempre hemos follado con condón. Rubén argumenta que tras más de 30 años de VIH, hemos tomado como “natural” la relación sexual con condón, y todo lo demás necesita definirse con otras etiquetas en contraposición a esta normalidad. Por eso hay “apeleros” o “barebackers”, pero no hay “condoneros”, o “preservateros.” Los “condoneros” y “preservateros” son “la gente normal que tiene sexo normal.” El condón es el punto de partida, se ha naturalizado. Todo lo demás es una desviación.

Así lo cuenta Buscandoplacer (nickname usado en redes sociales para buscar sexo), uno de los barebackers entrevistados por Rubén:

El barebacking es sexo puro, puro placer sin nada más, sin nada por el medio. Se trata de practicar el sexo como siempre se hizo, sin gomas. Es sentirlo todo, sentir todas las sensaciones sin preocuparse de nada más.

¿Qué es el “sexo puro”, el “sexo natural”? ¿Por qué el condón está siempre en el punto de partida? Una vez discutía esto con otro amigo seropositivo, que me decía que los dildos tampoco son naturales, y aún así muchos los hemos incorporado a nuestras relaciones sexuales de forma natural. Meterse un dildo no es “sexo artificial.”

Sí, cierto, pero hay una diferencia. El dildo es un juguete sexual cuyo objetivo es dar placer. Es un artefacto erótico. El condón, por el contrario, es una intervención de medicina preventiva en la relación sexual que se entiende históricamente, en el caso de los HSH, por la aparición de la epidemia. No está destinado a dar placer, sino que pretende, de hecho, restar el menor placer posible (de aquí que se vendan extra finos-segunda piel). Tienen más que ver con la medicina que con el sexo, aunque hayan intentado pintarlo de juguete erótico. ¿Alguien alguna vez se tragó que chupar un condón, sea del sabor que sea, es placentero? Yo no.

Ahora me acuerdo de que en Ética promiscua, Dossie y Janet proponían que si nos preocupaba la salud sexual, podíamos usar plástico, por ejemplo masturbar usando un guante. Yo juro que si alguien se pone un guante para masturbarme le corto la mano. O se la muerdo.

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Ésta es una de las campañas más interesantes que he encontrado. Es de Element, que se definen como el medio LGTB más importante de Asia (no lo conocía, gusto en conocerlo). Lo bueno es que no te dicen cómo tener sexo. Simplemente: «pásatelo bien, siéntete sexy, ten sexo seguro». «Sexo seguro», pero tú decides qué es y cómo se practica ese sexo seguro. Es un paso. También me gusta esta campaña por otras razones obvias.

No obstante, aquí me llega el quid de la cuestión: puede que el condón para mí no sea un juguete sexual, pero sí es un elemento importante en una relación de intimidad, en el sentido de que comunica una actitud hacia la salud sexual propia y la del otro. No da placer, pero, a mí, me da tranquilidad, y me permite mandar un mensaje de calma y cierto control al otro. Esto es importante. Puede que no lo sea para otros, pero lo es para mí. Intuyo que Rubén no estaría de acuerdo al 100% con esto (se lo peguntaré), porque puede llevar a lo que él considera que es cargar el condón con connotaciones morales, cuya consecuencia final es estigmatizar al barebacker. Aunque yo entiendo que lo que hay que cambiar es la forma como se habla del condón en las campañas de salud sexual, para mí personalmente, en mis prácticas sexuales, sigue siendo irrenunciable.

La tesis de Rubén es mucho más compleja de lo que he contado hasta aquí. Por eso, en ASS- tendremos la suerte de discutirla directamente con él. He podido hacerle una entrevista que publicaré próximamente en la que lo he sometido a una sesión de preguntas bastante al grano. Ahí van algunas de ellas:

  • ¿Hay algo así como un «derecho a follar a pelo»? ¿Cuál es tu posición personal con respecto a eso? ¿Follar a pelo te hace más libre? ¿De qué?
  • ¿Tú crees en una noción de responsabilidad con respecto a la salud sexual? ¿Como distinguirías responsabilidad personal vs comunitaria vs institucional -si es que crees en la responsabilidad-? Si no crees en responsabilidad, ¿hay otro término que te aplicas con respecto al sexo?
  • Uno de tus entrevistados dice que el bareback es «sexo puro». ¿Qué es sexo puro para ti? ¿Crees que el condón limita la intimidad? ¿Crees que el condón es un mecanismo de control institucional? ¿Qué relación  personal tienes tú con los condones?

Y muchas más. Ha respondido a todas con gran dedicación, abriendo temas que apenas están sugeridos en la tesis, e implicándose. Ya desde aquí le doy las gracias por adelantado.

Ahora debo confesar mi mayor angustia al enfrentarme a debates de este tipo: cómo pasar de la discusión intelectual a la labor activista, en la que hay que tomar decisiones claras.  ¿Hay que poner límites? ¿Dónde? Para Rubén, discutir el sexo a pelo y los condones es una forma de humanizar la salud sexual. Ésa es la clave. Lxs ciudadanxs deben responder a las campañas gubernamentales y de ONGs, no simplemente ser receptores de una prescripción, sino replicar, provocar una conversación. Idealmente, estas respuestas deberían cambiar esas campañas, hacerlas menos autoritarias.

Pero aquí surgen más preguntas incómodas: ¿deben renunciar estas campañas a promover monolíticamente el preservativo? Esto ya nos hace temblar a todxs. Yo creo que al menos deben dejar de hacerlo como una imposición. La campaña de Element nos da pistas de cómo podrían ser campañas que no impusieran una forma determinada de tener sexo, sin dejar de recomendar la prevención. Para eso también ayudaría que hubiera más métodos de prevención a nuestro alcance, como PrEP. Ok, aún no tenemos PrEP en muchos países, pero sí TasP. ¿Por qué ninguna de estas campañas en los países hispanohablantes mencionan TasP? ¿Por miedo a promover más sexo a pelo? Ya hemos visto que las campañas de «ponte el condón sí o sí» tampoco son efectivas al respecto, ni mucho menos.

Sin embargo, también tengo límites de los que aún me es difícil desprenderme. Por ejemplo, aunque creo que sí hay espacio para cuestionar el condón como imposición única e inevitable forma de prevenir la infección de VIH, sí creo que es aún necesario promover los tests de infecciones de transmisión sexual. Creo que ése, de momento, es mi límite. Por supuesto, abierto a debate. Con este cambio de foco de la promoción del preservativo a la promoción de los tests ganamos en que las campañas no imponen una forma de tener sexo. Deben seguir informando de los riesgos, pero no te dicen cómo follar; los riesgos los evalúas tú, con la información en la mano. Ahora, hacerse el test regularmente nos hace auto-conscientes de nuestra salud sexual y nuestro estatus serológico en particular, que es importante para tomar decisiones que nos permitan cuidar de nuestra salud y de la de nuestras parejas sexuales. Por supuesto, aquí seguimos funcionando con una noción de ‘responsabilidad’ de por medio.

Esta hipótesis mía no es desde luego definitiva, e intuyo que Rubén no la comparte del todo. Lo veremos en la entrevista que le hecho.

Siempre he pensado que el fin de la epidemia de VIH no está en la abstinencia ni en la paranoia, sino en el lenguaje, en la conversación abierta y en el empoderamiento de la salud sexual.

Mientras tanto, me parece importante que, al menos, estemos hablando del tema. Antes de acabar, lectorx, mira arriba, todos los eslóganes que recogí: todos imperativos, todos órdenes. Eso es lo que debe democratizarse, sin miedo a que por ser menos asertivos, nos vayan a hacer menos caso. Ya somos asertivos, y aun así el uso del condón está disminuyendo. Quizás es que el problema es otro. Reivindiquemos nuestras experiencias y nuestra voz en la construcción de las campañas de salud sexual.

 

 

Me interesa qué piensas sobre este tema. Puedes escribirme abajo en los comentarios, en Facebook, o en amorsexoserologia@gmail.com

Éste es un post de ASS- escrito por Miguel Caballero para Imagina Más