Ah, el sexo. Tan turbador, tan apetecible, tan problemático. Todxs tenemos –o hemos tenido en algún momento de nuestras vidas- una relación un tanto complicada con él. Eso pasa porque no es fácil conocerse, no siempre es fácil satisfacerse y a menudo no es fácil sobreponerse a los problemas de diverso tipo que el sexo nos puede acarrear. Por eso, quien más, quien menos, ha tenido que hacer algún que otro esfuerzo para acoplar en su vida cotidiana de una manera razonablemente satisfactoria todo lo que se refiere a la sexualidad y, concretamente, al sexo (que no es lo mismo).

“Todxs y cada unx de nosotrxs tenemos la responsabilidad de vivir nuestras propias vidas, decidiendo cuáles son nuestras propias necesidades y buscando la manera de conseguir que estén cubiertas”. Esta frase, perteneciente al libro Ética promiscua, es aplicable a muchos ámbitos de la vida pero resume perfectamente algo que hay que tener en cuenta respecto a nuestra vida sexual, sobre todo si queremos mejorar nuestra relación con el sexo.

Aunque a veces lo parezca, esa vida no consiste (solo) en follar, aunque follar constituya una parte importante de la faceta sexual de nuestra vida. Lo que creo necesario para tener una vida sexual madura –si lo prefieres, un follar más maduro y consciente- es que pensemos que nuestra vida sexual es la respuesta a unas necesidades ineludibles que tenemos como seres humanos, de manera que, literalmente, es nuestra responsabilidad satisfacerlas de la manera más coherente con nosotros mismos. No te hagas ideas raras: al final se trata de vivir mejor.

Lo que quiero decir es que, si quieres la mejor vida posible, también eres responsable de tener la mejor vida sexual posible, siempre que eso no conlleve hacerte daño a ti o a otrxs de manera consciente. Eres responsable de encontrar y hacer lo que te gusta y vencer las barreras que te impiden conseguirlo, insisto, siempre que eso no suponga un daño para ti o para otrxs. Sé que lo intuyes, pero creo que es importante que lo pongamos en palabras: no responsabilizarte de eso no es algo que puedas contemplar como una opción, no es algo que pueda merecerte la pena, no es la clásica oferta a la que puedes resistirte… haciendo como que no ves la frustración que eso te producirá.

No es algo fácil. Es difícil. Va por épocas. Lleva su tiempo. Nadie ha dicho que la relación contigo mismx vaya a ser un camino de rosas, por eso decíamos al principio que todxs en algún momento hemos tenido una relación complicada con el sexo. Todxs vivimos en una sociedad sexofóbica (que finge no-tan-bien ser lo contrario) y eso no optimiza nuestra madurez sexual. Además, es probable que la educación que has recibido no te ayude a asumir adecuadamente responsabilidades y te haya aportado más miedo y confusión que otra cosa. Quizá es el entorno poco estimulante en el que vives lo que no acompaña. En otros casos lo tienes todo a tu favor… menos tu empuje, tu autoestima, tu proactividad. Cada unx tiene en su casa lo que tiene, no creas que eres el/la únicx, pero tu responsabilidad sobre tu vida sexual también pasa por hacer esto consciente y tratar de paliarlo. Se trata de tus necesidades y tu bienestar, no lo pospongas ni lo sacrifiques.

No te agobies, tampoco te duermas. Tienes toda tu vida por delante para tener la mejor vida sexual posible para ti, pero piensa que hoy es un día estupendo -de hecho es el mejor- para que le des una vueltecita al tema. En los malos momentos sentirás que tener la mejor vida sexual posible para ti es una responsabilidad que pesa, pero la buena noticia es que es una manera de enfocar tu vida que tiene maravillosas recompensas.

Ponte a ello, son deberes que molan.

Rafael San Román, psicólogo

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