Supongo que casi todos los que somos VIH+ nos hemos hecho esta pregunta en algún momento. Aunque quizá deberíamos preguntarnos, ¿y porqué no a mi? Todavía mejor, ¿qué puedo sacar en positivo del hecho de ser seropositivo? Muchas cosas. Puedes llegar a conocer gente muy interesante, cambiar tu estilo de vida, afianzar lazos emocionales, o, porqué no, encontrar al amor de tu vida. Por ejemplo a mí me impulsó a estudiar una carrera que me encantó. También me enseñó muchas cosas que no sabía, y que según las voy aprendiendo, las comparto con quien puedo. Por ejemplo, cuando le explico a alguien que NO tengo sida, tengo VIH; o que este virus no se contagia sino que se transmite; y que no, no me voy a morir como Tom Hanks en Philadelphia… Y estas cosas, estaréis de acuerdo conmigo, te las crees más cuando te las cuenta tu amiga de toda la vida que cuando las ves en la tele.

Y por eso creo que cada una de las personas seropositivas del mundo somos importantes y necesarias. Que en nosotras está la llave para reducir el estigma, el miedo, el rechazo, y por supuesto, la extensión del virus. Porque en la mayoría de los casos, cuando le revelas a alguien tu status, ese alguien suele hacerse la prueba, el llamado efecto «ay-dios-si-lo-pilló-ella-a-lo-mejor-yo-también». Y esto es beneficioso, desde luego, pues por ejemplo en el Reino Unido, donde tienen unos programas de prevención y de lucha contra el VIH muy potentes, 1 de cada 5 personas con VIH no saben que lo tienen.

Recuerdo que una amiga a la que le conté que era seropositiva me pidió que la acompañara a hacerse los análisis. Así que nos fuimos a un centro de planificación familiar de Granada donde se hacían las pruebas de VIH. Yo caminaba feliz y pisando mi terreno, pero mi amiga iba nerviosísima porque…, os podéis imaginar por qué, estas cosas dan nervios, obviamente. La escena en la sala de espera del centro la tengo grabadita en mi memoria.

Una gran pantalla de plasma se come la sala y amenaza con caerse encima de la adolescente de moño imposible y barriga gigante ceñida por una lycra fucsia. La gran pantalla proyecta imágenes de salvapantallas más lisérgicos que la ropa de la adolescente mientras suena a todo volumen la melodía de Streets of Philadelphia. Sí, la banda sonora de la película que ya mencioné antes, aquella en la que Tom Hanks se muere de sida y que no sé a vosotros, pero a mí me dejó traumatizada. Sobrepasando la ironía y rozando los límites del mejor sarcasmo, un anuncio de una funeraria llena un corcho con un par de chinchetas y un par de anuncios de cerrajeros, dos sillas más allá de la que va a salir de la adolescencia rapidito, quiera o no.

Escenitas aparte, esta película tuvo final feliz. Porque los resultados de mi amiga fueron negativos, por lo que se quedó tranquila y me dijo que le iba a valer para tener un pelín más de conciencia a la hora de mantener relaciones sexuales libres de profilácticos. A mi me hizo sentir bien, porque aporté mi granito de arena al loco mundo de la prevención del VIH. Y desde luego, tiene moraleja: intenta usar preservativo como norma general e intenta hacerte la prueba si crees que pudiste haber estado expuesto. No digo que se trate de vivir con pánico y angustia sin disfrutar de la vida, pero sí de tener un pelín de cuidado. Simplemente porque la población de personas en el mundo ha aumentado muchísimo y con ella las enfermedades de transmisión sexual. Es completamente normal. Tan normal como vemos hoy en día usar cinturón en el coche, algo no tan común hace 10 años.

En resumen, no sé por qué a mí o por qué a ti. Pero de lo que estoy segura es que a ti y a mí nos ha pasado esto por algo, y ya que nos ha pasado hay que aprovechar y tirar para delante. Por ello propongo cambiar la pregunta: “¿por qué a mí?”, por una aseveración-quasi-amenaza: “aquí vengo yo”.

 

Y tú, ¿alguna vez te has hecho esta pregunta? Cuéntame y coméntame y…

¡¡¡Gracias por leer!!!

 

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