Ética promiscua (The Ethical Slut) es tan rico en sugerencias que me dio para muchas ideas más. Siempre es un soplo de aire fresco cuando se habla sin tapujos de amor y sexo. Ahí van algunas notas más:

**PREMISA (aclaración)** En el anterior post sobre ética seropositiva decía: “Pero no hay nada moralmente más censurable en portar el VIH que el virus del resfriado” y “Estoy convencido de que esa carga moral destroza más vidas que el virus en sí.” Obviamente, no me refería a que tener un resfriado equivalga a ser seropositivx. Si yo estuviera simplemente resfriado, no estaría escribiendo un blog. No estaba comparando los virus clínicamente, sino moralmente, la carga moral que conlleva uno y no el otro. Tampoco estaba obviando lo letal que sigue siendo el VIH cuando no hay acceso a medicamentos, ni las diferencias político-geográficas en ese sentido.

Hice esa comparación porque muchxs seropositivxs se sienten “sucixs” por portar el VIH. En inglés se usa la palabra “clean” (limpio) para calificar a lxs que no tienen enfermedades de transmisión sexual. Perdonen, pero yo no tengo nada de sucio por portar este virus en concreto. Debemos intentar acabar con esa de falsa idea de suciedad, relacionada con el sexo: no hay nada en el VIH que sea más sucio que en el virus del resfriado. A eso me refería. Asimismo, sigo pensando que el estigma mata más que el virus en sí, aunque esto no se pueda medir. El estigma hace que el papa desaconseje el uso del preservativo, hace que gobiernos y otras instituciones no hayan atendido como merecía la epidemia porque los pacientes “se lo merecían,” que muchas comunidades den la espalda a lxs seropositivxs porque “están manchadxs,” que muchxs seropositivxs no soporten la idea de hacerse un test o iniciar un tratamiento. Por eso me gustaría reafirmar esa premisa: descarguemos el VIH de todas las connotaciones morales con las que lo hemos cargado.

Y ahí van mis nuevas notas sobre Ética promiscua:

1. Me gusta Grindr porque me devuelve un mapa de los deseos de mi barrio. Es como si todas las casas de repente palpitasen de deseo. Como si las fachadas ya no ocultasen lo que hay dentro. Un barrio cachondo, una ciudad cachonda. Pero no hay que escudarse en lo instintivo del deseo para no asumir responsabilidades. Como dicen Dossie y Janet, hay deseos con ética y deseos sin ética. Por ejemplo, ésta no es la forma más ética de encarar una conversación supuestamente sobre el deseo:

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«¿Cómo contraíste el VIH? ¿Te follaron a pelo? ¿Lefazo en la boca?»

Mi seropositividad es visible en Grindr. En mi perfil hay un mensaje que dice: “Pos/Undet/Safe. Happy to talk about HIV. Ask away” (HIV positivo/Indetectable/Sexo seguro. Feliz de hablar sobre VIH. Pregunta sin problemas”). Pero hay que saber preguntar. Hay mucho deseo, pero muchxs no tienen lenguaje para ese deseo. ¿Lo tengo yo? Este blog es un intento de hablar del deseo desde el punto de vista de un seropositivo, un intento de crearme un lenguaje del deseo seropositivo.

2. Hay muchas formas de ser unx seropositivx sin ética. No voy a hablar aquí de esos supuestos casos de transmisión consciente del virus, porque no sé mucho del tema. Un día me gustaría abordarlo, cuando esté más informado. Pero hay otras formas más sutiles de ser unx seronegativx sin ética, y yo a veces las he rozado. Me refiero, por ejemplo, a cruzar la línea entre informar con conocimiento versus informar a partir del miedo. Hay una diferencia entre decir “el VIH no distingue y nos puede occurrir a todxs” versus “¿cómo puedes tú garantizar que no tienes VIH? Como hay una ventana de tiempo en que aún no da positivo, nadie sabe al 100% que es seronegativx”. El segundo comentario se oye bastante, y hasta yo he usado alguna versión del mismo. No me parecen las formas.

No se educa en salud sexual desde el miedo, con el dedo acusador y creando angustia. Llevamos décadas de educación de ese tipo, con miedo, opacidad y silencio, y los casos de VIH no han hecho sino subir. Informemos con tranquilidad, sin paranoia, con los datos en la mano. Miedo tenemos todxs: seropositivxs y seronegativxs. No es que los miedos desaparezcan cuando te seroconviertes porque “ya no me puede pasar nada peor”. Sí que nos pueden pasar cosas peores, mucho peores. Desde co-infecciones varias a superinfecciones, que nos pillan, además, más vulnerables. No nos gusta que nos cuenten esto desde el miedo, así que tampoco lo hagamos nosotrxs con los seronegativxs. Aceptar que todxs tenemos miedo es el primer paso para tatarnos todxs con el respeto y el cuidado necesario. Y sin olvidar nunca que a pesar del miedo, el sexo sigue siendo la hostia.

image2 El sábado pasado fui con un amigo a Stage 48, New York. Ni falta hace que diga cómo palpita el deseo ahí.

3. Hay un reconocimiento en el libro de Dossie y Janet que me gustaría subrayar. Los gays fuimos la vanguardia del sexo más seguro. Sí, aunque hoy sólo se hable de lo contrario. Hoy parece que sólo corremos riesgos en nuestras prácticas sexuales. Pero lo cierto es que los gays son los que más tests se hacen, de los que más saben de salud sexual. Quiero reivindicar esto no para regodearme en un orgullo vano, sino para asumir nuestra capacidad de acabar con la epidemia de VIH. Hagámosnos aún más expertos en el tema. Tenemos los instrumentos, pero aún falta más. ¿Por qué apenas se habla de PrEP en la mayoría de los países? ¿Por qué la mayoría no sabe aún qué es TasP? Los condones son muy útiles, pero hay muchas formas de protección más en nuestras manos. Informémonos, exijámoslas, utilicémoslas.

4. Asimismo, me gustaría rescatar la reivindicación que hacen Dossie y Janet de lxs prostituxs. Por dos razones: 1. para Dossie y Janet, lxs prostituxs curan muchas heridas que nos producimos al vivir en sociedad. 2. lxs prostitutxs son expertxs en negociar el sexo. Las dos cosas son fundamentales para lxs seropositivxs. Un diagnóstico seropositivo nos hace conscientes de un millón de cosas, entre ellas de la importancia del sexo en tanto relación íntima, forma de conocimiento. Las campañas que han promovido la abstinencia sólo han provocado unas heridas emocionales que han terminado siendo contraproducentes. Tras mucho tiempo de abstinencia autoimpuesta, muchxs explotan y terminan realizando prácticas de más riesgo que aquellas que se querían evitar. Con respecto a negociar el sexo, ya sabemos. No es que haya que hiperracionalizar nuestras relaciones, pero es muy importante para nosotrxs saber escuchar y ser escuchadxs.

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Más de Stage 48.

5. Este último punto no lo sugiere ninguna parte de Ética promiscua, pero sí es algo que me gustaría anotar, porque lo llevo pensando algún tiempo. Hay un tipo de actitud sexual en supuestos seronegativos que, para mí, es poco ética, aunque sé que no todos están de acuerdo en esto. Me refiero al hombre gay sexualmente versátil que exige el uso de condón cuando hace de pasivo, pero impone follar a pelo cuando es activo. No me refiero a que el condón sea la panacea, porque ya he comentado que hay varias opciones, dependiendo de las circunstancias. Me refiero a otra cosa: imponer al otro lo que jamás aceptaríamos para nosotros. Lo que nos enseñaron nuestras madres, vamos: no hagas lo que no te gustaría que te hicieran. Lo contrario es, para mí, un claro ejemplo de falta de ética, o de una ética vampira, egoísta. Cuando uno negocia cómo tener sexo, tiene que pensar en lxs dos implicadxs (o tres, o cuatro, o dos docenas, lxs que sean que estén involucradxs). Aquí hay un extra, además. No es un secreto para nadie que los pasivos están más expuestos al VIH que los activos. Cuidemos de los pasivos. Si no, nos convertimos en depredadores de salud sexual. Si eres uno de éstos depredadores, tengo algo que decirte: «mira, maricón, para que tú puedas ser activo, otro tiene que hacer de pasivo. Asegúrate de que cuidas de ese pasivo como si fueras tú mismo. Si no, que las siete plagas de Egipto caigan sobre tu picha loca.»

Hasta aquí mis notas sobre Ética promiscua. Ya tengo otros libros esperando que quiero comentar pronto.

¿Sugerencias, comentarios?  Me encantaría saber que piensas.  Aquí abajo, en Facebook, o en amorsexoserologia@gmail.com

Éste es un post de ASS- (Amor, Sexo y Serología), escrito por Miguel Caballero para Imagina Más.

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