Los derechos no son frases bonitas o música para nuestros oídos, dictados por organismos abstractos, como “el gobierno”, “los países firmantes”, etc. Los derechos son el resultado de una lucha constante por el deseo de los seres humanos de garantizar una vida digna para todes, en igualdad de condiciones, en un momento histórico.  Tampoco son compartidos por el conjunto de la sociedad, sino que surgen de las necesidades humanas de la población que ve limitada u oprimida su existencia. Por eso, se suele decir que los derechos se conquistan, se luchan. Nunca en la historia se pidieron por favor, sencillamente porque quienes ostentan los privilegios, no estarás jamás dispuestos a poner en riesgo su pedestal. Además, los grupos sociales en situación de privilegio, tienden a sentir que la otorgación del Derecho al “otro”, va intrínsecamente relacionada con la pérdida de derechos propios, cuando eso carece de sentido, porque el progreso nos mira a todes por igual. Es decir, si exigimos las mismas oportunidades en el acceso al empleo de personas trans*, elles interpretan que a la vez estamos pidiendo que otros pierdan sus empleos. También podemos encontrar, la negativa en cuanto a extensión de derechos, entendiéndolos como una obligatoriedad para todas las personas, en vez de una opción para quien así lo deseen, como puede ser el caso de aborto o la eutanasia.

Por ello, me atrevería a decir que es de obligado cumplimiento por parte de la ciudadanía con conciencia social, revisar constantemente el funcionamiento del sistema social, político y económico para comprobar si los principios de igualdad, seguridad, libertad y dignidad están presentes en todos los ámbitos de nuestras vidas, tanto en ámbito público como privado.  Para determinados grupos no es necesario comprobarlo, porque identificamos diariamente la ausencia de esos principios en nuestra existencia y en la de otres. Pero, parece que aún hoy, viviendo el mundo violento y desigual en el que vivimos, se creen que todo ya está conseguido, y que les loques que seguimos gritando, lo hacemos simplemente por molestar o por un posicionamiento en contra de un sistema opresor sin fundamentos, más que nuestro radicalismo de nacimiento.

Todavía queda mucha dignidad por poner sobre papel, pero además debemos exigir el cumplimiento de lo que ya está escrito, porque lo que está escrito fue el resultado de la lucha de otras personas con el mismo sueño. Hoy en día parece que los Derechos conseguidos funcionan como una especie de campaña de marketing, con titulares como:

  • “España lidera el ranking de destinos turismos gayfriendly en el puesto 15 de 197 paises” (Spartacus Gay Travel, 2019)
  • “España conserva su 6º posición en materia legislativa de protección internacional para el colectivo LGTBI+ y se mantiene entre los países más avanzados en Europa en esta materia” (ILGA Europa en su estudio Rainbow Europe 2019.)
  • La inmigración no es sólo un problema humanitario, sino que es una oportunidad” (José Luis Escrivá, 2020).

Pero en la práctica en el mismo año, en el mismo lugar y con la misma legislación nos encontramos estos titulares, pero con la letra más pequeña:

  • “solo el 38% de las personas LGTB en España están ‘fuera del armario’ en sus trabajos” (La Diversidad LGTB en el contexto laboral en España, 2019),
  • 70 incidentes racistas y prácticas institucionales discriminatorias”que han sido llevadas a cabo durante el estado de alarma. Entre estas situaciones se encuentra, por ejemplo, el uso de perfiles raciales por parte de las FFCCSE (Informe racismo y xenofobia durante el estado de alarma; ONG Rights International Spain)
  • “24 víctimas de violencia de género hasta junio de 2020, 21 mujeres y 3 menores” (Ministerio de Igualdad)
  • “La tasa de paro en el colectivo de mujeres trans* es del 85%” (CCOO –FELGTB),

Además de estos titulares, todes conocemos en nuestro entorno más o menos cercano, situación de delitos de odio por LGTBIfobia, xenofobia, racismo, múltiples violencias privadas e institucionales y situaciones de discriminación. Es nuestro deber como seres humanos, revisar, comprobar y exigir cambios y por sobre todo ser parte de él. No basta con pensar, hay que movilizarse, y no me refiero a las barricas, sino desde lo más cotidiano. Escuchar, acompañar, apoyar e informar también son formas de lucha. Los cambios culturales, exigen y empujan los cambios legislativos.

Además, es importante que hagamos un trabajo de auto reconocimiento frente al otre. Reconocer nuestros privilegios, nos permite ampliar nuestra perspectiva e identificar las vulnerabilidades propias y ajenas, así como las violencias ejercidas, haciéndonos conscientes de nuestra posición en el conjunto de interseccionalidades. Es entendible, que, de acuerdo a nuestra existencia y nuestra identidad en todo su conjunto, podamos vivenciar como propia una lucha más que otra según nos atravieses las intersecciones, pero nunca podemos perder de vista, que en realidad la búsqueda de la igualdad, la dignidad y la libertad de todas las personas es la misma lucha. Esa sensación de unidad de fuerzas, aumenta nuestra seguridad y nos permite empoderarnos para continuar este largo camino.

Porque, aunque nos quieran hacer creer lo contrario, somos más.

Bárbara Mainieri, Trabajadora social.

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