Cuando se creó el término de diversidad sexual y de género, se utilizó como paraguas para definir lo contrario al “macho, masculino y heterosexual” y esto genera ciertos problemas hoy en día para encontrar una definición clara. No obstante, y a pesar de estas dificultades, actualmente se entiende esta diversidad como un término que se fundamenta en cuatro pilares que son las identidades, los deseos u orientaciones, los cuerpos y las expresiones. Al decir independientes nos referimos a que una persona puede nacer con un cuerpo específico y no por ello sentir una identidad específica. Por ejemplo, en el caso de las personas intersexuales, en ocasiones se les encasilla en un “tercer sexo”, sin embargo, la intersexualidad no tiene nada que ver con la identidad, ya que pueden sentirse hombres, mujeres, agénero, de género fluido etc. independientemente del cuerpo que tengan. En el caso de las expresiones de género y de los deseos u orientaciones sucede igual. Muchas veces a mujeres con una vestimenta o unos comportamientos que socialmente se considera más masculinos se le encasilla dentro de una orientación, normalmente lesbiana.

Sin embargo, estas relaciones entre identidades, deseos u orientaciones, cuerpos y expresiones, son ideas preconcebidas con las que se cataloga a las personas limitando una vez más la diversidad y discriminando, otra vez, a quienes no se ajusten a estos estereotipos. En definitiva, parte de la diversidad sexual y de género consiste en que socialmente se independicen estas cuatro características que definen la propia diversidad.  Sería como la diversidad dentro de la diversidad.

En el caso de las expresiones de género, se refiere a las manifestaciones externas del género, por ejemplo, la vestimenta, los manierismos, el habla, el comportamiento etc. Las expresiones de género son lo primero que se ven de una persona, es decir, son la primera imagen que la sociedad recoge de cada persona. A través de estas manifestaciones las personas pueden expresar una pequeña parte de quienes son, pero también se convierten en el primer filtro por el que pasan los prejuicios. Así, las expresiones de género se convierten en el primer frente de discriminación y eso se observa en frases como “se le nota” o “no se le nota”.

Sin embargo, antes de llegar a este punto es necesario entender que el género funciona como una categoría binaria y socialmente construida que atribuye unas características femeninas o masculinas a las personas en función de si la sociedad les considera mujeres u hombres. En este sistema dicotómico y jerarquizado se espera que las mujeres sean femeninas y los hombres masculinos, es decir, se presupone y se impone que la identidad y la expresión vayan unidas, que sean dependientes.

Esto implica que la sociedad no ve personas, ve mujeres u hombres. Pero la realidad muestra que no hay exclusivamente dos expresiones de género, masculina o femenina, sino infinitas. En el día a día se observa que cada persona se viste de una manera, habla de una manera, gesticula de una manera, se comporta de una manera etc. Y todas estas expresiones no implican que tengas una orientación o una identidad específica. Por ello, se podría considerar que hay tantas expresiones de género como personas. Estas manifestaciones que las personas hacen del género pueden ser la primera barrera de la discriminación social, pero también el primer paso de la diversidad.

Miren Zuazua, psicóloga

 

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