La humanidad ha elevado ciertas necesidades fisiológicas como son el comer o el sexo al arte de disfrutar del proceso, sin reducirlo a un mero fin, un ejemplo son la gastronomía y la sexualidad. Existen diversos condicionantes culturales, entre ellos el machismo, el estigma asociado a una vida sexual activa o la LGTBfobia (miedo a la diversidad sexual), que suponen un gran obstáculo para ciertas personas puedan desnudarse de prejuicios que atan sus fantasías impidiendo que su sexualidad crezca y evolucione libremente.

Conviene entender la sexualidad como algo vivo, intransferible e individual (nadie salvo tú puede disfrutar de ello aunque lo hagas relacionándote con otra persona), por ello evolutivo. Lo que hoy te satisface puede que mañana no lo haga de la misma manera, con aquello que mañana disfrutaras hoy tal vez ni te lo plantees. Lo vital es la comunicación contigo mismo/a, con tu pareja afectiva y/o tus parejas sexuales.

Hablemos de sexo sin temores al juicio. Tenemos derecho a vivir la sexualidad que íntimamente, en nuestro fuero interno, deseamos vivir. Todo esto es la base de la salud sexual, vivir tu sexualidad de forma libre, plena y responsablemente.

Las pulsiones sexuales se encuentran en el sistema límbico, el nido de las emociones en nuestro cerebro. Por ello en el sexo encontramos una potente carga emocional que en ocasiones suele exponernos a situaciones donde la razón no tiene una correcta percepción del riesgo. A menudo escuchamos “fue el calentón del momento” y la consecuencia de esa conducta puede ser la transmisión de alguna enfermedad venérea.

Es importante al igual que desear vivir con plenitud nuestra sexualidad el hacerlo de un modo responsable, es decir, cuidar de nuestro cuerpo y nuestro sexo.

¿A qué nos exponemos?

Existen diversas Infecciones de Transmisión Sexual (ITS), algunas causadas por:

– Bacterias como son la gonorrea, sífilis y clamidia.

Virus como son el VIH, Virus del Papiloma Humano (VPH), hepatitis, citomegalovirus y herpes genital.

Parásitos como son la sarna, ladillas, vulvovaginitis o balanopostisis (inflamación del grande y el prepucio).

Algunas de estas enfermedades pueden presentarse de forma asintomática, es decir, no presentan señales que a simple vista puedan hacerte sospechar que tienes unainfección de transmisión sexual. Por ello son importante dos aspectos:

– El primero es la prevención, todas estas enfermedades se pueden prevenir. De ellos hablaremos en profundidad en futuras editoriales.

– El segundo es la realización de chequeos médicos regulares para evitar diagnósticos tardíos. La mayoría de las enfermedades son curables y todas son tratables por ello realizar un diagnóstico precoz no sólo redunda en nuestra salud, sino que también contribuye a evitar la cadena de transmisión.

En este punto entra de nuevo la comunicación y la responsabilidad. Si nos diagnostican alguna de estas enfermedades conviene llamar a nuestras parejas sexuales para informarles que se realicen un análisis diagnóstico y si es necesario reciban tratamiento. No importa quien fue el origen de la transmisión lo vital es recibir tratamiento evitando futuras transmisiones. Para realizarte estas pruebas puedes acudir a tu médico/a de atención primaria (sí, al mismo que acudes cuando te duele la garganta puedes acudir cuando tienes molestias en los genitales o en el ano).

En la web de Cruz Roja encontrarás un listado de Centros Sanitarios donde realizarse pruebas diagnósticas de ITS en todo el Estado. En futuras editoriales iremos desgranando una a una las Infecciones de Transmisión Sexual, sus vías de transmisión así como detalles curiosos de cada una de ellas.

Salud y sexo.

Por Iván Zaro
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