“Para mí, el sexo con condón es medio artificial, poco natural,” me cuenta Artur Serra. “La gente se ha resignado y acostumbrado a usar el condón. Pero, ¿quién lo elegiría como juguete sexual? Nadie. Por eso, para mí el sexo con condón es como lo obligatorio, lo impuesto, algo que no me apetece hacer, o que haría de mala gana, sin ilusión.”

Yo soy de esa gente que se resignó (aunque sigo follando con ilusión, que conste en actas). Las campañas de salud sexual nos cuentan que usar el condón es una cuestión de responsabilidad. En mi caso, no creo que use el condón para ser más responsable. Lo uso por miedo. Lisa y llanamente. Siempre lo he usado y lo sigo usando por miedo. Antes, a infectarme de VIH; ahora, de cualquier otra cosa que pueda empeorar mi estatus seropositivo. Se siente uno más vulnerable. Pero estoy de acuerdo con Artur, los condones no son en absoluto un juguete sexual.

Artur es jardinero en un pueblo del norte de Inglaterra. Nació y creció en una comunidad gandhiana. La crearon sus padres en el norte de España, tras haber vivido en una comunidad similar fundada en Francia por un seguidor y conocedor directo de Gandhi: “Cuando eran jóvenes, mis padres no querían tener una vida convencional. La comunidad que fundaron consistía en ser lo más autosuficiente posible, rechazar máquinas eléctricas, desarrollar todo tipo de artesanías para autoabastecerse, tener una vida austera, con cierta espiritualidad, pero no enfocada en ninguna religión en concreto. Había canto y baile, abrían la puerta a todo el mundo que pasaba.”

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Abrían la puerta a todo el mundo que pasaba. La frase me suena. Yo acabo de leer el libro de Tim Dean Unlimited Intimacy, sobre la cultura de bareback a principios de los 2000. Para Dean, el bareback es una posición ética de apertura hacia el otro, así que este comentario último de Artur no deja de llamarme la atención. Tim argumenta que el bareback revierte la dinámica social que establece que el desconocido siempre viene a hacerte daño, que la respuesta responsable y de supervivencia debe ser de protección contra el otro. El sexo a pelo (y muy a menudo anónimo, pues Tim dedica un capítulo completo al cruising) revierte esto de forma radical: el cuerpo se abre y se ofrece al desconocido, que no viene a herir, sino sobre todo a dar placer.

“Yo soy apelero convencido”, sigue Artur. “Convencido porque soy totalmente consciente de lo que hago y porque no veo la posibilidad de cambiarlo. Cuando usas condón lo único que ganas es bastante seguridad, pero aun así no es 100% seguro. Y pierdes toda la sensibilidad, el morbo, la espontaneidad, la sensación de estar haciendo algo de verdad, como hay que hacerlo.”

No fue siempre así: «Empecé a tener sexo a los dieciséis años, desde el principio solo con hombres. Salí del armario como un cohete excitado con las hormonas a tope. Quería probarlo todo y no quería tener novio, así que estuve con hombres de todas las edades, orígenes y contextos, iba a saunas, clubs y tenía sexo por dinero también. Conté más de cien tíos cuando tenía veinte años… PERO! al principio el condón era sagrado. Seguía la corriente de los que me rodeaban, no tenía mucha idea de nada, sólo que podía ser peligroso y horrible. Eso fue cambiando, gradualmente con “follamigos” de “confianza” empecé a hacerlo sin condón, y alucinaba con la sensación. Además, con el tiempo desarrollé una intolerancia al látex, no diría alergia, pero sí irritación, malestar,… así que progresivamente dejé de usarlo.»

¿Qué es un apelero? Un apelero no es alguien que en una noche de borrachera pasa del condón, o que puntualmente no lo ha usado porque no tenía uno a mano. Un apelero es Artur, alguien que conscientemente toma la decisión de que el sexo, para él, es sin condón. Un “apelero” es una identidad, más o menos fuerte, aunque eso depende de la persona. Generalmente -¿exclusivamente?- los apeleros son hombres que tienen sexo con otros hombres. Al menos los que se autodenominan así, porque claro que también hay muchos hombres heterosexuales que no usan condón. Pero como identidad y subcultura, tiene que ver con nuestra propia historia sexual y afectiva en tanto hombres gays y bisexuales, y con la historia del VIH. Pero no sólo eso.

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Tim añade algo importante aquí: afirma que el bareback como subcultura surge al mismo tiempo que la reclamación de los derechos civiles para homosexuales. Su argumento es que tras el relativo control de la epidemia de VIH por el desarrollo de antirretrovirales, surgieron varias posibilidades de relacionarse: una, la relación institucionalizada por el Estado -el matrimonio homosexual. Frente a ésta, o contra ésta, una práctica radical que rechaza la normalización, la asimilación de los homosexuales al resto de la sociedad: una relación basada en el intercambio de fluidos, el bareback.

Confieso que este análisis no termina de convencerme, pero sin duda abre nuevas posibilidades de debate.

Artur tiene algo que decir sobre esta relación entre bareback y matrimonio, o entre bareback y parejas estables. Me comenta que, paradójicamente, con quien le ha sido más difícil negociar el bareback es con su propia pareja: “En un momento él aceptó que yo tuviera mis aventuras fuera. Pero como para mí es imposible concebir el sexo con condón, aunque suene muy fuerte, ni siquiera por mi pareja pude hacerlo. Como alguna vez caí en la tentación de follar con otros sin condón, mi pareja propuso practicar sexo con condón entre nosotros, cosa que no funcionó. Estuvimos un tiempo sin sexo y esto junto con la diferencia de edad y proyectos de futuro, hizo que nos separáramos. Así de radical puede ser.”

Artur tiene 26 años y estudió Bellas Artes. Todas las fotos de este post son suyas. Es seronegativo.

En mi corta experiencia conversando con apeleros, he llegado a la siguiente conclusión provisional: los apeleros que hablan abiertamente de ello, suelen tener dos características en común: son seronegativos y generalmente activos. Desde mi punto de vista, ambas son posiciones de privilegio. 

Artur es seronegativo y pasivo. Contradice mi teoría, y me parece muy valiente que hable con tanta claridad. Se siente mucho más comprendido en entornos seropositivos, tanto a la hora de tener sexo, como cuando toca controlar su salud: “la forma más segura de tener sexo es con seropositivos indetectables. Porque cuando lo haces con chicos que follan a pelo pero son negativos, como yo mismo, siempre tienes la incertidumbre”. Con respecto a su interacción con los médicos, dice que “ser apelero supone soportar mucho estigma. Dejé de ir a hacerme el test rápido de VIH en un sitio convencional porque me sentía atacado, juzgado, adoctrinado. Finalmente fui a otro sitio donde todos los empleados son seropositivos, allí me sentí mucho mejor.”

Curioso, Rubén nos contaba hace unas semanas que muchos seropositivos se sentían más cómodos en entornos bareback. Artur nos cuenta hoy que muchos barebackers se sienten más cómodos en entornos seropositivos.

«Yo pienso que las campañas de salud sexual no deberían dirigirse hacia la buena y la única forma de tener sexo, porque así excluyes a mucha gente. Deberían ser básicamente informativas, porque otra vez, la falta de información es lo que hace crecer el miedo. Dar información, amplia y correcta, y dar opciones para todo tipo de persona. No me gusta que los médicos no te tomen como individuo, nunca nadie me preguntó por qué no usaba condón, o si pensaba usarlo, ni qué podía hacer para reducir el riesgo sin usar condón. Cosas como que los seropositivos indetectables no pueden transmitir el virus o que el semen se destruye en el estómago, no lo he sabido hasta hace relativamente poco. Pero de ellos solo podía escuchar cosas como: ‘¡ay, pero es que eres tan joven! ¡Tienes que cuidarte! ¡No te dejes meter ni la punta!'»

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A estas alturas de la entrevista puedo imaginar a muchos lectores poniendo el grito en el cielo. Que si el sexo a pelo es una falta de respeto a los que murieron por complicaciones con el sida, que si follar sin condón es de irresponsables, que dan mala fama al colectivo de hombres gays, que si además de VIH hay otras infecciones de transmisión sexual, que si los apeleros son unos locos, que si ·$/$%&/(%&/()…. Ya habrá tiempo para posts sobre estos temas. 

Aquí me gustaría ser tajante: el sexo, hoy, es también bareback. Punto. Hay que hablar de bareback sin tabúes. El sexo es mucho más que salud sexual. Durante demasiado tiempo se ha puesto el foco exclusivamente en la salud sexual, sin importar cómo el sexo funciona en realidad (no somos máquinas que programar para hacerlo todo siempre «como debe ser»), o lo que la gente siente al hacerlo de una forma impuesta. Hay tantas formas de sexo como personas.

ASS- no hace apología de nada, ni de sexo con condón, ni sin condón. ASS- es simplemente una invitación a conversar de forma honesta sobre sexo, amor, deseos y temores. Si queremos cambiar la salud sexual y acabar con la epidemia de VIH, me parece que el primer paso es tomarnos el tiempo para hablar abiertamente. Y en eso estamos.

Le pregunto a Artur si piensa, como Tim, que el sexo a pelo proporciona una mayor intimidad (“intimidad sin límites,” dice el título del libro de Tim). No está de acuerdo. “No creo que la intimidad se pueda definir con una forma de sexo. Me imagino que la intimidad es un universo diferente para cada individuo, y no tiene por qué ser sexual. Para mí, la intimidad máxima es cuando estoy solo, haciendo cualquier cosa, al cerrar la puerta. La intimidad compartida es muy bonita, pero está en un grado inferior, hay un cómplice y ya no sólo depende de ti.”

De eso se trata, de buscarnos nuestras propias definiciones. Para Artur, una parte muy importante del sexo es la piel con piel y el intercambio de fluidos. Esto no quiere decir que le dé igual seroconvertirse, en absoluto. Toma medidas para evitarlo: se hace tests cada tres meses, usa lubricante en la mayoría de sus relaciones sexuales, conversa con sus parejas sobre su estatus serológico, etc. Son medidas con grandes limitaciones; al final todo se reduce a una medición de riesgos, un balance en el que decidimos cuáles son las prácticas a las que podemos renunciar y cuáles son las que no dejaríamos de hacer de ninguna manera. Con toda la información a nuestro alcance, cada unx ha de decidir qué concesiones está dispuestx a realizar.

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Sin imponerlas. Pero también sin moralina, sin prejuicios.

¿Qué opinas de los que dicen que los apeleros son nihilistas, suicidas? ¿Tú eres nihilista? “Para nada. He tenido una vida tranquila y feliz, rica en experiencias bonitas. Amo el mundo y quiero conocerlo, hablar idiomas y conocer todo tipo de gentes”.

 

 

Me encantaría saber qué piensas. En los comentarios abajo, en Facebook, o en amorsexoserologia@gmail.com

Éste es un post de ASS- (Amor, Sexo y Serología), escrito por Miguel Caballero para Imagina Más.

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Comment
  1. Es super acertado! En los grupos de desarrollo personal de Imagina MÁS siempre decimos que es más saludable cambiar el «Por qué a mi» por un «Para qué». ¿Qué podemos hacer con esta situación?. ¿qué tiene que enseñarnos?, ¿qué podemos sacar de beneficioso? y sin duda, hay mucho! Enhorabuena Xiana!!

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