Yo: Soy VIH positivo, indetectable, siempre sexo seguro.

Él: Guay 😉

Él: Sin problema… yo VIH negativo, tomando PrEP.

Yo: Genial

Él: Qué ganas de conocerte 😉

Yo: Lo mismo digo.

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Lo siento si mi traducción al español es medio rarita. Desde hace casi una década tengo marido estadounidense y he vivido fuera mucho tiempo, así que mi vida sexual ha sido en un 90% en inglés. Se me está olvidando follar en español. Pero a lo que íbamos. Esta breve conversación es un buen ejemplo de cómo Grindr es una herramienta muy útil para tener sexo seguro.

De un tiempo a esta parte ha habido un aluvión de artículos periodísticos que poco menos que han presentado a los usuarios de Grindr como fieras sexuales que se pasan los preservativos por el arco del triunfo. Algún estudio incluso afirma que cuanto más carne se muestra en la foto de perfil de Grindr, más tendencia a optar por el sexo a pelo. O sea: a partir de la foto de perfil te dicen si eres putón verbenero, putón rehabilitable, con ínfulas de putón, o beato de Grindr. La mía de ahora mismo:

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Típico selfie en el espejo del baño, toalla colgando detrás de la puerta incluida. Yo creo que queda como putón rehabilitable con ascendencia beato. ¿Cómo lo veis? Las he tenido peores. Me gusta porque ése es uno de mis tank tops preferidos, tengo pelazo y cara inocente para despistar. La carátula del móvil está un poco desconchada, pero ya la he cambiado.

Éste es mi caso: en Nueva York, donde vivo, la ley me obliga a revelar mi estatus serológico a mis parejas sexuales. Imaginad la escenita, en pleno furor de la noche te toca sacar el parte médico. La excitación cae por los suelos, por supuesto, y puede pasar de todo, dependiendo de cuánto sepa el otro del asunto. Todo por una ley obsoleta, de cuando no se sabía a ciencia cierta cómo se transmitía el VIH. Hoy no tiene sentido alguno; si uno se infecta, más que probablemente es a través de un supuesto negativo que desconocía que era positivo, no de un positivo en tratamiento e indetectable.

Eso sí, aunque la ley sea obsoleta, ponga toda la responsabilidad sobre el seropositivo y potencialmente lo criminalice, yo, que siempre he sido más bueno que un San Luis, la sigo a rajatabla. Me consta que muchos otros no, y no los culpo. ¿Qué consecuencias ha tenido en mi vida sexual? Pues que evito ponerme en esa situación de tener que sacar mi parte médico en medio de una noche loca. Ahí entra Grindr.

Grindr me permite poner el tema sobre la mesa antes de conocer en persona al tío en cuestión. En Grindr soy visible sobre mi estatus serológico; en mi perfil queda bien claro que soy seropositivo (y que soy indetectable, y que sólo tengo sexo con condón). Además, siempre lo digo expresamente en la conversación. Por supuesto, no dejo de exponerme. Grindr es como el diván ideal de cualquier psicoanalista: los usuarios sacan sus terrores y miserias internas mucho menos filtradas que en la vida “real”. Algunos tíos se desvanecen después de haber revelado mi estatus, otros sacan al santo que llevan dentro y me dan una buena dosis de moralina, otros dicen alguna barbaridad. Éstos últimos los dejo para otro post. También están estos:

 

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Él: ¿Me dejas que te preñe?

Yo: Sólo sexo seguro

Él: Gracias

Yo: Así que no, no te dejo

Él: Ya veo.

No me gusta nada la expresión “sexo seguro”, pero es lo que tenemos de momento. Se ve que a las 7.30 de la mañana yo no tenía mucha paciencia para preñadores furtivos. Algunos de éstos se creen que, como eres seropositivo, ellos tienen derechos extra sobre tu cuerpo y pueden hacer con él (conmigo) lo que les dé la gana. Éste, al menos, pidió permiso muy educadamente. Un preñador con modales. Los hay más brutos.

No obstante, muchos, y cada vez más, te toma en serio. Están informados. Al menos en Nueva York. Por desgracia, la cosa cambia cuando me alejo unos kilómetros de Nueva York.

Éste es otro de mi tipo de respuestas favoritas:

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Él: Yo nunca he estado con un tío seropositivo antes. Y no lo digo de mal rollo. Sólo quiero saber más de qué va la cosa.

Yo: No problem.

Yo: Yo soy indetectable. ¿Conoces el término?

Él: Sí, carga viral indetectable. Eso significa que estás en tratamiento, ¿verdad?

El tío no sabe del tema más allá de los básicos, pero explícitamente dice que quiere aprender, y pide ayuda. Yo tan contento de contarle todo lo que sé.

Cuando me diagnosticaron el positivo, lo primero que hice al salir de la clínica fue borrar Grindr de mi móvil. Había asimilado el discurso del putón y la vergüenza de aquellos que usan estas aplicaciones para móviles para tener sexo. Pero lo cierto es que nunca usé mucho Grindr para eso. Conste: Grindr no me paga para decir esto. Escribo desde la experiencia, y sin duda comparto las presiones que ha recibido Grindr para colaborar con organizaciones de prevención del VIH. Pero sí me parece que es fácil culpar a la herramienta y obviar que Grindr –y otras aplicaciones similares– está abierto a muchas posibilidades. Depende, como todo, del uso que se le dé.

Yo lo he usado mucho para conocer gente cuando he estado de viaje. Lo usé cuando me mudé a Harlem para conocer a mis vecinos gays. También he hecho buenos amigos a través de Grindr. Y he tenido algunas buenas noches de sexo. Ahora, como seropositivo, me ayuda además a esquivar en cierta medida la humillación, patologización y potencial criminalización a la que me expone una ley que me obliga a revelar mi estatus, aunque de ello no se derive ningún beneficio. En vez de en medio de la noche, tras horas bailando y tomando algo, ahora puedo adelantar ese proceso desde la mayor seguridad que me da estar en casa, y tras la pantalla del móvil. Me protege, además, porque dejo constancia escrita de que revelé mi estatus. Eso no quiere decir que todas las relaciones deban ser premeditadas e hiperracionalizadas desde casa. En general, prefiero que todo surja de una forma mucho más espontánea. Pero si la ley aprieta, y mientras conseguimos que la retiren, Grindr es una opción que me permite ser claro con mi estatus serológico sin tener que exponerme tanto, ni legalmente, ni emocionalmente. Que los seropositivos tenemos corazón, y a nadie le gusta que lo rechacen porque lo consideren –falsamente– un peligro para la salud.

Antes de escribir este post, se lo consulté al chico del mensaje primero, el de PrEP. Le dije que la forma en que abordó el tema en nuestra conversación, con seguridad y bien informado, era tremendamente sexy (PrEP no es conditio sine qua non). Un tío con conocimiento del asunto, libre de estigmas, que ha agarrado por los cuernos su salud sexual, se cuida y cuida al otro, es tremendamente sexy. Me respondió que le encantaba que yo escribiera sobre esto.

 

¿Sugerencias, comentarios? Aquí abajo, en Facebook, o en amorsexoserologia@gmail.com

Éste es un post de ASS- (Amor, Sexo y Serología), escrito por Miguel Caballero para Imagina Más.

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